La Semana Santa no debe ser solamente un período de vacaciones para reconstituir el espíritu y fortificar el cuerpo, sino un tiempo pedagógico de reflexión sobre el acontecimiento que dio origen a estas fechas: la traición, el juicio, el martirio, la muerte y la resurrección de Jesús.
Es la historia del dios que muere y resucita, que se manifiesta en la tierra y luego se eleva a los cielos. Pero que antes, entre estos dos acontecimientos, desciende al infierno. Y yo creo que debió de ser así, porque dudo que alguien entienda lo que es el cielo, que comprenda lo que es la felicidad, si no ha descendido a lo profundo del dolor, a la desesperación, a la nada. Es decir, al infierno.
El mejor ejemplo del infierno es el que nos describió el Dante, plasmado en esa obra considerada por muchos como el mayor ejemplo de la literatura universal, “La Divina Comedia”, que describiendo al infierno lo dividió en siete círculos, donde se ven reflejados en ellos los diferentes pecados que aquejan a la humanidad en esa lejana época, como la avaricia, el suicidio, la lujuria, la traición, la impiedad, el crimen.
Pero el infierno para nosotros, seres humanos del siglo XXI, ya es diferente. Ahora se forma de la angustia, de la soledad, del miedo, de los terribles celos, de las compulsiones a comer, a beber, a tomar cosas ajenas, de la indiferencia hacia los demás, de ese egoísmo absoluto que se manifiesta en el maltrato a los hijos y al cónyuge, de ese deseo de evadirse de las responsabilidades que se traduce en el consumo de drogas, del deseo de vivir bien sin esforzarse, aun cuando tenga que ser a costa de las desgracias y la miseria de los demás.
El Dante situó al infierno en el centro de la tierra. Nosotros sabemos hoy que no está ahí, sino entre nosotros, a nuestro alrededor, o para ser mas preciso, adentro de nosotros mismos. Y permítame decirle que nuestros demonios, los que nos martirizan y en muchas ocasiones nos destruyen, se los heredamos a nuestros hijos en el vano intento de liberarnos de ellos. Y quedan entre nosotros con la enorme fuerza que les da el desconocimiento, la ignorancia o la represión de su verdadera naturaleza.
Y lo peor de todo es que el camino a esa herencia infernal que les damos a nuestros hijos está empedrado de buenas intenciones. Los queremos educar bien dándoles castigos corporales o ignorándolos y esto es la base de la anorexia, de la inseguridad, de conflictos sexuales profundos, de temor al abandono, de sentimientos de rechazo, de problemas con su equilibrio interno, de disminución de autoestima, de una profunda resistencia a aceptar la realidad tal como es, prefiriendo huir a la fantasía, a las drogas o al suicidio. Además, causan asociación fisiológica entre hormonas de agresividad y situaciones que involucran a los objetos de afecto más valiosos en la vida infantil, como los padres, cargándolos de esa ambivalencia amor-odio que marcarán por siempre sus relaciones personales. Esta es la manera como construimos los mas profundos círculos del moderno infierno.
Sírvanos esta semana para reflexionar en lo siguiente: Entre mas feliz haya sido la infancia de las personas, más leve será su infierno.
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no es eclesiastes capitulo 5, es en el 9 perdon
Infierno en griego (o en Hebrero no recuerdo) es: ‘SEOL’; y en la biblia en el capitulo 5 de Eclesiastes se refiere a SEOL como la ‘sepultura común’ a donde vamos todos, incluso en los diccionarios podemos ver que infierno lo traduce como SEOL, como conclusión Infierno no es otra cosa que el sepulcro el lugar a donde vamos al morir, un lugar donde “no tenemos conciencia de nada en absoluto” Cap.5 de Eclesiastes.
ahora resulta que todos de manera voluntaria, estamos en el infierno y solamente quienes hayan tenido una infancia feliz, como supongo es su caso, tienen acceso a la felicidad y derecho, los que nos toco nacer en hogares con pobreza y desintegracion familiar, somos pecadores y por ende condenados al infierno, porque nacimos en contextos fallidos, no “sabemos vivir” por lo que los que tuvieron una infancia feliz, rodeados de bienes materiales, esos tienen todo el derecho de decirles a los pobres diablos del infierno como vivir, como si los padres, el hogar, la ciudad, la region, el mundo, los afectos, sobre todo estos, fueran elegidos libremente, y bueno, habra entonces que “resignarse” porque las cosas asi son y ya, cuando sabemos que todos tenemos derecho a la felicidad, y podemos a traves de procesos terapeuticos, principalmente en grupos de autoyuda, salir de esa estreches mental y romper las cadenas de sufrimiento generacional, que van heredando las familias, los drogadictos, los alcoholicos, los anorexicos, etc. solamente estan manifestando una situacion sintomatica que por supuesto se traduce en vivencias infernales muy en lo profundo del ser. El infierno tiene salidas y a la salida nos espera el paraiso, el primer paso para emigrar del infierno y reconocer que otro mundo es posible. es aceptar que se tiene un problema muy profundo y que se requiere ayuda, que uno solo no puede salvarse, pero la salvacion existe y la solucion no es la resignacion, como usted lo plantea, el que fue “feliz” en su infancia ya la hizo y el que no, pos no, segun se desprende de su sesudo analisis psicoanalitico.