Volverse sal
Acabo de encontrar un libro así. Libros que te devuelven la fe en la literatura y al mismo tiempo te vuelven descreído ante los escritores.
Ya muchos han ponderado la valentía del joven escritor Roberto Saviano para escribir un libro como “Gomorra”. El observador acucioso que mira de cerca los espirales de lo terrible y los consigna uno a uno de una manera impecable. Sin embargo, siento que todo el ruido mediático en torno a la condena fatal sobre el autor, como en su tiempo sucedió con Salman Rushdie, una espada de Damócles que lo obligó a vivir huyendo durante años, ha ocultado el valor fundamental de un libro como éste.
Lluvias de azufre
Uno mira las fotos de Roberto Saviano y ve el rostro imborrable de un hombre que ha contemplado de frente el caos y el horror, una mirada directa y plena de resignación, una cierta hermosura resultante de la orfandad ante el absurdo. Él mismo lo ha dicho: “He tenido que ir hasta esos lugares no para mirar la verdad de cerca, sino para que la verdad me mire a mí.”
“Gomorra” es mucho más que una novela o un puntilloso reportaje. Es como contemplar el inmenso fresco de la Capilla Sixtina; una panorámica que pretende consignarlo todo, pero que se reveladora a través de sus actos mínimos.
Volver, jamás
Ante libros como “Gomorra”, todo palidece: nuestras mitologías y lugares comunes de la literatura norteña quedan convertidas en torpes decorados donde la vida está ausente. El que mira nos obliga a escuchar el ruido sordo de las detonaciones, el olor de la gasolina quemada, el sol como un ojo implacable, ajeno a tanta y tanta desgracia. Es el caso de un narrador que nace viejo; un cronista portentoso dueño de una malicia para contrastar y señalar los detalles más imperceptibles, los más fundamentales.
El sol y el dedo
No es casual que en nuestro país mucha de la mejor narrativa la estén haciendo cronistas y reporteros: Fabrizio Mejía Madrid, Héctor de Mauleón, AlejandroAlmazán…“Gomorra” es un libro terrible, necesario, como el filo del mediodía diseccionando nuestros ojos:
“Puedes ducharte decenas de veces, poner la carne en remojo en la bañera durante horas…como si existiera en el cuerpo algo capaz de señalarte cuando estás mirando la verdad. Con todos los sentidos. Sin mediaciones. Una verdad no contada, no filmada, no fotografiada, pero que está ahí. Como si hubieras sido tú el único que has visto o sufrido, como si alguien estuviera preparado para señalarte con el dedo y decir “No es verdad”.” Roberto Saviano
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