Enrique Peña Nieto está preparando con su equipo más cercano la ruta crítica para administrar los tiempos de sequía electoral y llegar entero a la candidatura presidencial. Tiene sesiones donde analiza las rutas críticas que le permitan llenar eficazmente los espacios públicos y mantener el control de todas las variables. Pero algo que no está en sus manos se vislumbra en el horizonte: un choque de trenes entre Carlos Salinas y Ernesto Zedillo, cercanos, uno directo y el otro por proximidad al aspirante presidencial.

El conflicto entre ellos no es nuevo. Zedillo siempre expresó molestia con la familia Salinas por sus relaciones económicas, pero Salinas, a la muerte de Luis Donaldo Colosio, cuando no pudo sustituirlo por su secretario de Hacienda Pedro Aspe –la Constitución establece que el candidato esté fuera de un cargo seis meses antes de la elección–, y su superasesor José Córdoba descarriló a Francisco Rojas y lo convenció por Zedillo, perdió sin imaginarse su futuro.

Como presidente, Zedillo persiguió a la familia Salinas, con lo cual deliberada o inopinadamente distrajo a la opinión pública de la peor crisis financiera en la historia de México. En su peregrinar por el mundo, Salinas decía que tenía dos objetivos en la vida: sacar a su hermano Raúl de la cárcel, acusado por el gobierno de Zedillo de un crimen, y vengarse de su sucesor. Lleva más de una década sin lograrlo pero hoy se presenta una nueva posibilidad. O al menos, un nuevo ataque de Salinas parece estar en la cabeza del entorno de Zedillo.

Inicia con una extraña demanda presentada el 16 de septiembre en una Corte federal de Connecticut en contra de Zedillo, junto con el entonces gobernador de Chiapas Julio César Fierro y el ex procurador Jorge Madrazo, por responsabilidad en la matanza de Acteal, donde 47 tzotziles, en su mayoría mujeres y niños, fueron asesinados por paramilitares en diciembre de 1997. La demanda, presentada por “familiares” de una decena de víctimas, no tiene rostro ni nombre todavía, pero sacudió, por primera vez desde que dejó de ser presidente, a Zedillo.

Contra la distancia que ha mostrado respecto a los asuntos internos de México, Zedillo reaccionó inmediatamente mediante un correo electrónico a CNN, donde afirmó que “las imputaciones no sólo son falsas, también calumniosas y responderé en consecuencia ante las autoridades pertinentes”. ¿Qué sabrá o imaginará Zedillo? Liébano Sáenz, quien fue su secretario particular en Los Pinos, aportó un dibujo sobre el autor intelectual de la demanda en “Milenio” el sábado pasado:

“Las dos últimas elecciones presidenciales han dejado la impresión de que la guerra de lodo es un recurso eficaz para ganar en las urnas. Cualquier consultor electoral con mediana experiencia señalaría que es un medio incierto y aplicable para condiciones singulares, especialmente cuando se tiene desventaja y existen elementos veraces para generar un impacto que disminuya la diferencia con el adversario. En realidad no se emplea para ganar votos, sino para que el competidor se vea disminuido…

“La campaña negra no sólo tiene objetivos electorales. También atiende la competencia al interior de los partidos, incluso entre miembros de un mismo grupo. El ataque bajo anonimato debe ser juzgado con la mayor reserva, también la aparición repentina de notas de impacto que conllevan al desprestigio de un precandidato o de un dirigente político.

“En días recientes, medios nacionales han dado mucha difusión a una demanda en EU contra el ex presidente Zedillo, no se sabe quién denuncia; los supuestos afectados públicamente se han desmarcado. Todos los elementos conducen hacia la hipótesis de una embestida para desprestigiar a un mexicano ejemplar. Un agrio sentimiento de revancha se suma a esta hipótesis”.

Sáenz adjudica a una inteligencia resentida la demanda contra su ex jefe. La demanda, en efecto, es misteriosa. Varios de los actores más dolidos se han deslindado. La demanda la interpuso un bufete de Miami en New Haven, donde como director del Centro de Globalización de la Universidad de Yale, vive Zedillo. Es decir, la llevaron al patio de su casa, con lo que generó un impacto mediático inmediato, alimentado por una comunidad académica resentida contra Zedillo porque no lo obligan al mismo nivel de exigencias curriculares que a ellos.

Sáenz da pistas. Dice que la campaña negra “también atiende la competencia al interior de los partidos, incluso entre miembros de un mismo grupo”. Es decir, presupone que la demanda provino de un priísta, no “lejano”, que además, “tiene un agrio sentimiento de revancha”. Quien llena ese perfil en la hipótesis es Salinas, quien tiene cruzados a Zedillo –ha escrito dos libros para desacreditar su gobierno–, y a Sáenz, a quien responsabiliza de la “campaña negra” en su contra.

El objetivo de Salinas se ha cumplido a la mitad. Raúl, su hermano, fue exonerado de los delitos por los cuales fue a la cárcel, pero no ha podido mermar aún la imagen de Zedillo. Sáenz no lo dice abiertamente en su artículo, pero Salinas y Zedillo son parte del grupo tecnoburócrata que tomó al poder en los 80 y que transformó la economía mexicana. Los dos son neoliberales, y ambos, están cerca de Peña Nieto.

La hipótesis de Sáenz es de “fuego amigo” contra Zedillo en el contexto de la contienda presidencial de 2012. Salinas, para dar contexto a lo planteado por Sáenz, ha expresado en privado su certeza de que Zedillo se encuentra cercano a Peña Nieto, y da como prueba la cercanía de Sáenz así como la del empresario Jaime Camil, que fue muy cercano del ex presidente. En realidad, no hay evidencia de esa conexión.

Camil llegó por sus intereses empresariales, y Sáenz por recomendación del ex gobernador de Coahuila, Enrique Martínez. En cambio, Aspe está muy cerca de Peña Nieto y Córdoba le dio el sustento a su propuesta sobre la cláusula de gobernabilidad. Que dos personas tan cercanas a Salinas lo estén ahora de Peña Nieto, con quien se ha enfriado su amistad este año, no es relevante para el ex presidente, que considera a Zedillo como la sombra de Peña Nieto.

Es el mundo de las percepciones, no de las realidades. Pero en ese mundo es donde se puede argumentar, igualmente como hipótesis, que fue la razón de la respuesta inmediata de Zedillo ante la demanda y su amenaza de contra demandar, así como del artículo cifrado de Sáenz. Hay guerras de lodo en efecto, como acusó Sáenz el sábado pasado, pero todo apunta a que quienes están en el chapoteadero son los ex presidentes de la tecnoburocracia.
Comparte ese artículo: Facebook Favicon Facebook Google Bookmarks Favicon Google Bookmarks Twitter Favicon Twitter YahooMyWeb Favicon YahooMyWeb