Para muchos el motivo único de la inversión es el provecho individual. Vende más y gana más el que ofrece el mejor producto al menor precio. Las leyes del mercado determinan pura y mecánicamente el interés de los capitales, el precio de las mercancías, de los servicios, de las ganancias y de los salarios. La ley suprema, reguladora de las relaciones entre los empresarios, es una libre concurrencia sin límite alguno. El bienestar de los obreros y el cuidado al medio ambiente no son considerados dentro de la ecuación.
En un mundo económico concebido en esta forma, la ley del más fuerte encuentra plena justificación, y domina el terreno de las relaciones con los más débiles. Mientras riquezas incontables se acumulan en manos de pocos, las clases trabajadoras se encuentran en condiciones de creciente malestar: Salarios insuficientes o de hambre, condiciones de trabajo agotadoras sin ninguna consideración a la salud física, y mucho menos a la salud del medio ambiente son comunes en los países campeones: Ofrecen en el mercado los precios más bajos, o competitivos, de sus productos. Como consecuencia, las inhumanas condiciones de trabajo generan una profunda insatisfacción entre las clases trabajadoras, además perseguidas por la sombra del espectro del desempleo, y conducen a muchas familias a un proceso de desintegración que repercute en el rompimiento del tejido social.
Los sociólogos indican que no debe extrañarnos el hecho de la violencia en las principales capitales del mundo: todas se rigen por la ley del más fuerte. Esto provoca el espíritu de protesta y rebeldía; con mayor frecuencia las teorías extremistas y terroristas se propagan en el planeta y proponen remedios peores que los males que supuestamente tratan de remediar.
Fotografías de enormes grúas y equipo pesado que se utilizaron en Francia para desmantelar un campo de inmigrantes ilegales llamado ‘La Selva’ muestran en la red con toda su crudeza los efectos de la pobreza en el mundo. El Gobierno francés desmanteló el campo en Calais asegurando que no era un campo de servicio humanitario, sino un lugar en que se realizaba el tráfico humano, y donde la gente era explotada. El Gobierno francés declaró que la ley de la selva no puede ser tolerada en Francia. Cientos de inmigrantes ilegales, muchos de ellos de Afganistán, se asientan en La Selva con la esperanza de cruzar el Canal Inglés en busca de una vida mejor. Ahí se establecen; la gran mayoría logra escapar de la Policía.
La opinión pública está de acuerdo en que desmantelar los campos de inmigrantes ilegales no resuelve el problema, porque los inmigrantes sencillamente se establecen en algún otro lugar en la costa. En el 2002 Francia desmanteló otros campos, y fue entonces que los indocumentados crearon el campo llamado La Selva, en Calais. El problema es enorme no sólo para Francia, sino para todos los países del mundo. La Cumbre de los G-20 debe encontrar la fórmula para que los gobiernos proporcionen a sus ciudadanos los medios y las oportunidades de desarrollo a través de capacitación y empleos bien remunerados.
La Tierra es como una nave en forma de esfera que viaja por el espacio con un destino común. En esta nave-Tierra, 20% de la población viaja en primera clase, posee las principales riquezas materiales e intelectuales, consume el 80% de las reservas disponibles para el viaje. Los otros pasajeros, 80%, viajan en la bodega destinada a la carga, y sólo consumen el 20% de las reservas. Pasan frío, hambre y mil necesidades y son expulsados de los campos por viajar ilegalmente en busca de trabajo. Son cada vez más los que preguntan por qué tienen que viajar en la bodega de la nave y muestran su indignación.
La conciencia que crece en el mundo exige transformaciones fundamentales: o nos salvamos todos dentro de un sistema de convivencia solidario y participativo en la nave-Tierra, o la haremos explotar y nos precipitaremos todos al abismo. Existe un peligro global que impone una salvación global. La Cumbre G-20 deberá encontrar la respuesta a esta cuestión de vida o muerte.
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