El hecho es que al rey se le ovacionó, como nunca, en su aparición ante las cortes en donde socialistas y populares, por igual, en la cumbre del parlamentarismo monárquico -contradictorio por sí-, salvo en aquella ocasión del 23 de febrero de 1981 cuando los últimos golpistas del franquismo intentaron dar vuelta atrás a la hoja y pasear el cadáver del “caudillo” como símbolo de aglutinamiento. Fracasaron, por fortuna, porque la habilidad del Rey se impuso a pesar de la fama de éste en cuanto a su corto talento y menor cultura.
El patriarca de los Borbón lleva ya treinta y seis años al frente del Estado español y cuantos crean que su figura, como la de Isabel II en Inglaterra, es sólo simbólica, carecerán de objetividad alguna dados los hechos recientes y el hecho innegable de haberse constituido en símbolos nacionales más que en reyecitos rodeados de fuentes y jardines al estilo de la Corte de Versalles. En este caso, por ejemplo, resulta sorprendente que hasta el socialista, Felipe González Márquez, quien se inventó la manera de ejercer la izquierda sin radicalizarse torpemente como algunos suponían -digamos un buen antecedente de cuanto hizo Lula da Silva en Brasil-, reconoció a Manlio Fabio Beltrones -“2012: La Sucesión”-:
--Yo no sé como funciona nuestro sistema... pero funciona.
La respuesta, a pregunta del senador mexicano que no cesaba en su intento de sentirse presidenciable, podría igualmente relacionarse con la larga hegemonía priísta, pese a los tremendos saldos sangrientos que quedarán siempre en la memoria del colectivo, que pocos entendían en cuanto a sustentos pero funcionaba como un reloj a base de sexenios improrrogables y del hilo conductor de una clase política disciplinada y formada al calor del incontestable presidencialismo. Pero, como era lógico esperar, los mexicanos se cansaron luego de siete décadas y un poco más de dominio unipartidista... y comenzó el ensayo de la alternancia que, a once años de distancia, ha sido un sonoro fracaso, sin siquiera justificantes vanos: La derecha, sencillamente, ha sido rebasada en la gestión gubernativa y, en el colmo del cinismo, aduce que tal se debe a que ahora sí existe la democracia como si ésta fuese uno de los síntomas de la ingobernabilidad.
Intolerable.
Es muy probable que, en España, este 2012 también se signifique por un profundo sacudimiento político. No es difícil que el rey para salvar a su estirpe y alejar los nubarrones se vea obligado a abdicar a favor del príncipe de Asturias, bastante más preparado para la vida moderna y acaso capaz de contener los desbordamientos previsibles de los nacionalismos radicales: A eso le juegan vascos y catalanes, a la erosión monárquica para poner fin a la nación española.
¡Cómo si las lacras del pasado –el franquismo sobre todo- hubiera derruido el espíritu de un país para disgregarlo en regionalismos, tantas veces descocados y obviamente vulnerables! ¿Serían capaces de sobrevivir, por si solos, el País Vasco y Cataluña? Son tantos los absurdos que haríamos bien en examinarlos para no caer en el mismo escenario porque, para infortunio nuestro, nos parecemos demasiado.
Debate
En México, por desgracia, la impunidad sigue teniendo peso específico. Muy de vez en cuando, al calor de la irritación general, se sanciona a algún miembro de la “primera familia”, pero a toro pasado, esto es cuando ha expirado la gestión sexenal del jefe del clan. Pero no se ha dado el caso de que pueda procederse contra alguno de los privilegiados que viven en Los Pinos -La Zarzuela, mexicana-, o contra los socios, amigos íntimos o figuras estratégicas al servicio del mandatario en curso.
Por ejemplo ahora, en los prolegómenos de la batalla por la Presidencia y tras los gravísimos incidentes en Michoacán en cuya capital, Morelia, ya estrenaron alcalde interino mientras los partidos buscan financiamientos “legales” para una elección extraordinaria, el huésped de la casona presidencial ideó la manera de “blindar” -su arma favorita- al principal de sus estrategas políticos de importación con la nacionalidad mexicana. Y el colmo es que los adversarios han dejado pasar el hecho, restándole importancia, sin percibir que se oscurecen los nubarrones de una democracia incipiente a base de la manipulación masiva.
El Rey en España envió a la guillotina pública a su yerno y se quedó solo en la noche de fin de año, seguro de haber cumplido con su deber pero rumiando la soledad del poder.
En México, existe una larga lista de pillastres, encabezada por Juan Molinar Horcasitas, Hildelbrando y Juan Ignacio Zavala Gómez del Campo, César Nava y el clan Mouriño -a quien nadie toca por la reverencia que provocó la muerte, poco investigada, de Juan Camilo, quien era el “delfín” para ilusión de los españoles en reconquista, a quienes no sólo no se investiga judicialmente, ni se acusa siquiera a pesar de los rastros terribles de sus actuaciones -algunas de ellas criminales-, sino se protege y asegura para el futuro. Por eso, claro, será colocado en el Senado Genaro García Luna, por ahora secretario de Seguridad Pública y uno de los personajes más truculentos de la trama del presente.
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