Se cuenta que en un primer día de clases en la Universidad de Antioquía en Medellín, Colombia, un profesor se presentó ante los alumnos y los desafió a que presentaran a alguien que no aún no conocían.

Un alumno relata su experiencia:

“Me puse de pie para mirar, y vi una pequeña señora, viejita y arrugada, sonriéndome radiante, con una sonrisa que iluminaba todo su ser”.

-Eh, muchacho... mi nombre es Rosa. Tengo 87 años, ¿puedo darte un abrazo?...

-¡Claro que puede! -Y ella me dio un gigantesco apretón. -¿Por qué está usted en la facultad en tan tierna e inocente edad?, le preguntó.

El joven estaba curioso por saber qué la había motivado a entrar en este desafío con su edad y ella respondió:

-Siempre soñé con tener estudios universitarios, y ahora estoy logrando uno.

El joven continúa su relato:

“Después de clase caminamos hasta el edificio de la unión de estudiantes y compartimos una tableta de chocolate. Nos hicimos amigos enseguida. En el curso de un año, Rosa se volvió un ícono en el campus universitario y hacía amigos fácilmente dondequiera que iba. Adoraba vestirse bien y se reflejaba en la atención que le daban los otros estudiantes, ¡estaba disfrutando la vida...!”

Al fin del semestre invitaron a Rosa a hablar. Fue presentada y se aproximó al pódium. Cuando comenzó a leer su charla preparada, dijo simplemente:

-Discúlpenme, ¡estoy tan nerviosa!... Nunca conseguiré colocar mis papeles en orden, así que déjenme hablar a ustedes sobre aquello que sé.

Ella despejó su garganta y comenzó:

-No dejamos de jugar porque envejecemos; envejecemos porque dejamos de jugar. Existen solamente tres secretos para que continuemos jóvenes, felices y obteniendo éxito:

- Se necesita reír y encontrar humor cada día.

- Se necesita tener un sueño, pues cuando éstos se pierden, uno muere... ¡Hay tantas personas caminando por ahí que están muertas y ni siquiera lo sospechan!

- Se necesita conocer la diferencia entre envejecer y crecer... Si usted tiene 19 años y se queda tirado en la cama por un año entero sin hacer nada productivo, terminará con 20 años...

-Si yo tengo 87 años y me quedo en la cama por un año y no hago cosa alguna, quedaré con 88 años... Cualquiera consigue quedar más viejo. Eso no exige talento ni habilidad.

Cuentan que Rosa terminó el último año de la facultad y una semana después de doctorarse, murió tranquilamente durante el sueño. Más de 2 mil alumnos de la facultad asistieron al funeral en tributo a la maravillosa mujer que enseñó, a través de su ejemplo, que nunca es demasiado tarde para ser todo aquello que uno puede ser.
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