La paciencia ciudadana con sus mandatarios dura seis años.
Uno de campaña y los primeros cinco del sexenio; después abundan las censuras.
Y quien invierte tres años en campaña, pierde tres del sexenio, como Fox.
A la mitad de su sexenio nos hartó y se volvió caricatura.
Felipe Calderón ya llegó a la cita con la ingratitud de los ciudadanos.
Ya le atribuyen hasta intenciones golpistas, como las atribuyeron a Echeverría.
Cambiamos actitudes o reducimos el mandato a cinco años.
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