“Su felicidad depende no sólo de sus elecciones y acciones, sino también de las hechas por personas que uno ni siquiera conoce, con dos o tres grados de separación”, afirma el doctor Nicholas A. Christakis, médico y científico social de la Escuela de Medicina de Harvard y uno de los autores del trabajo “Dynamic Spread of Happiness in a Large Social Network” (La propagación dinámica de la felicidad en una red social amplia) publicado en la revista “British Medical Journal”.

Quiere decir que la felicidad de una persona puede depender de cuán felices sean los amigos de los amigos de sus amigos, incluso si no los conoce... la felicidad es más contagiosa de lo que se creía.

Los investigadores analizaron información acerca de la felicidad de 4 mil 739 personas y sus conexiones con otros miles de personas (esposos, familiares, amigos cercanos, vecinos y relaciones laborales) entre 1983 y 2003, reporta Pam Belluck del “New York Times”.

James H. Fowler, co-autor del trabajo y profesor asociado de ciencias políticas de la Universidad de California, en San Diego, afirma que la investigación encontró que “si el amigo del amigo de su amigo se alegra, esto tendrá un impacto mayor en su felicidad que poner 5 mil en su bolsillo”.

En el caso de la obesidad y el tabaquismo, por ejemplo, los amigos influían incluso si vivían lejos. Pero en el caso de la felicidad, la influencia de amigos, hermanos o vecinos cercanos era mucho mayor. La felicidad del vecino de al lado aumenta nuestros índices de felicidad en un 34%, pero la de uno viviendo a una cuadra no tiene efecto. Un amigo que vivía a medio kilómetro de distancia ayudó un 42%, pero el efecto era casi la mitad para los amigos que estaban a 2 kilómetros. “Tiene que existir una proximidad física y temporal”, explica Christakis.

Sin embargo, afirma, no está claro si el aumento de comunicaciones vía e-mail e Internet pueden eventualmente disminuir el efecto de la distancia.

Un estudio no relacionado de mil 700 perfiles de Facebook encontró que las personas que ponían una foto sonriente tenían más amigos de Facebook y en general éstos estaban sonriendo. “Esto demuestra que algunas de nuestras conclusiones son generalizables al mundo ‘en línea’”, opina Christakis.

Su estudio utilizó datos del Estudio Cardíaco de Framingham, que comenzó a seguir a personas de esa localidad después de la Segunda Guerra Mundial y, más tarde, a sus hijos y nietos. A partir de 1983, se les pedían que completasen periódicamente cuestionarios acerca de su estado de ánimo.

También se dejó constancia del de los familiares, amigos cercanos y compañeros de trabajo, de esta manera los investigadores pudieron seguirlos a través del tiempo.

A la luz de esto, vale la pena preguntarse: ¿qué puedo hacer para que mis amigos sean más felices?, porque como apreciamos, la felicidad sí es contagiosa.
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