Por: Enrique Martínez y Morales
Presidente del Colegio de Economistas de Coahuila A.C.
.(JavaScript must be enabled to view this email address) / Twitter: @enriquemym

Los estudiosos de la economía sabemos que, si en una transacción, una de las partes cuenta con información privilegiada las leyes del mercado tienden a fallar.

“El Mercado de los Limones”, tituló George Akerlof a su revolucionaria disertación publicada en 1970 en la que aborda el problema de la información asimétrica en los intercambios económicos. Y no fue precisamente un estudio sobre el mercado de los cítricos, sino de los bienes que, como los vehículos usados, pueden tener un cascarón atractivo por fuera pero no estar en óptimas condiciones por dentro.

En el mercado de los vehículos usados el comprador, a diferencia del vendedor, no sabe cuales coches del lote son “limones”. Por lo que, al decidirse por uno, ofrece una cantidad que internaliza la probabilidad de que sí lo sea. Y en este caso, el vendedor solo aceptará el precio si el vehículo es, en efecto, un “limón”.

Por lo tanto, los únicos vehículos usados que se comercian son los inservibles “limones”. De esta manera Akerlof concluye que si una de las partes cuenta con la corrosiva fuerza de la información privilegiada, los productos de alta calidad no se intercambiarán.

Otro mercado influenciado por este fenómeno es el de los seguros. Nadie como uno mismo para saber su estado de salud, conocer sus tendencias genéticas y, por lo tanto, las probabilidades de padecer una enfermedad, por lo que los individuos más propensos a padecer de su salud son los que se asegurarán.

El resultado será altas primas que únicamente pagarán las personas que saben vale la pena hacerlo y quienes utilizarán el seguro, ocasionarán que el mercado no funcione a la perfección.

Michael Spence y Joe Stiglitz ganaron, junto con Akerlof, el Premio Nobel de Economía 2001 tratando de resolver esta desavenencia. Spence sostiene que el problema de información asimétrica, por parte del vendedor, puede ser resuelto enviando señales de confianza al consumidor, en la forma de establecimientos lujosos y campañas de publicidad caras que den garantía de la permanencia de esa empresa en el mercado.

Por su parte, Stiglitz propone alternativas para que el vendedor genere estímulos al comprador, para que éste revele su información personal ofreciendo, por ejemplo, paquetes de seguros con primas bajas y deducibles altos, con el objetivo que las personas de “bajo riesgo” puedan asegurarse también y el mercado funcione.

Para la gran mayoría, la información privilegiada representa una ventaja. Sin embargo, como vemos, causa errores en el mercado. Pero con ingenio, habilidad y los avances tecnológicos, todas las fallas pueden ser enmendadas.

“Si la vida te da limones, aprende a hacer limonada”.



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