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Dalia Reyes
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07 Enero 2017 04:00:00
Siga la luz
Tanto viajar por las carreteras mexicanas me enseñó a seguir la luz. No había autopistas por doquier, como ahora existen, de manera y modo que uno se fuera directo de la salida al destino; entonces era menester pasar por cuantas ciudades, pueblos y rancherías que componen esta iluminada nación.

Cuando digo iluminada la mayoría de ustedes tendrá una visión más parecida a Las Vegas o San Francisco que San Francisco de la Vega, un pueblo norteño; en realidad es una luz que destaca por escasa y por separada entre tramos de oscuridad que dan un doble valor a esas titilantes lucecillas vistas a lo lejos desde la carretera.

Mirar una ventana iluminada en una casa semi internada en el campo rural de nuestro país desata en mí una historia completa, con finales variopintos, tanto felices como melancólicos. Puede haber tras de ese cristal una familia completa cenando sabrá Dios qué; ahora sé que esas luces vistas durante 15 años de viajes pudieron pertenecer a una hermosa casa en donde se escanciaba vino tinto y se maridaba con queso añejo.

Quizá ustedes conozcan el cuento “La niña de las cerillas”, una tristísima historia navideña en donde una pequeña humilde vende cerillas durante el invierno y tiene tanto frío que prende una a una para calentarse, en tanto observa por una ventana cómo, al interior de la casa, una familia se calienta ante la chimenea. La chiquilla muere de frío, pero feliz porque imaginó cómo ella podría ser parte de ese
grupo cálido.

Atrás de las ventanas iluminadas hay tantas personas como historias. Verlas durante el viaje es una oportunidad para imaginar y ser creativos de vez en cuando, al fin y al cabo, esa luz se apagará en un rato.

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