Miriam Subirana es una artista excepcional. Más allá de ser doctora, formada en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Barcelona es una artista que ve hacia adentro del ser.
Autora de los libros “Vivir en Libertad” y “Atreverse a Vivir”, Subirana coordina numerosos programas, proyectos, seminarios y retiros que tienen por objetivo ayudar a la persona a conocerse, a reencontrar la identidad y disfrutar de una vida más plena.
En el artículo “No tengamos miedo a la libertad”, comparte sus reflexiones sobre lo que significa ser verdaderamente libres (continúa de ayer...)
El caso de Juana es típico. Juana teme la soledad. Siempre intenta agradar y quedar bien.
Para no arriesgarse al rechazo, siempre está de acuerdo con los demás. Así se siente aceptada y que forma parte del grupo.
Renuncia a ser ella misma por temor a la soledad. Cede su poder a los demás y se convierte en una marioneta que permite que la moldeen según lo que quieren de ella. Vive de fuera adentro, es decir, lo de fuera determina cómo está por dentro.
A veces, el precio por no permitirse el riesgo a ser diferente y a ser tú mismo resulta muy alto.
Así estás alejando la felicidad de tu vida.
En Europa, cada vez son más las personas que viven solas por elección personal.
Quizá la elección de vivir sólo viene después de experimentar angustia y decepción en la convivencia.
Quizá es la búsqueda de libertad y tranquilidad la que lleva a tomar esta elección.
Prevalece el deseo sobre el compromiso, y al más mínimo indicio de insatisfacción cambiamos de pareja, cambiamos de situación o de lugar.
Nos es más cómoda la soledad, porque encontramos demasiadas complicaciones en la convivencia.
“La responsabilidad es una cara de la moneda, la otra es la libertad. Si no quieres responsabilidad, no tendrás libertad, y sin libertad no existe el crecimiento”, (Osho).
Vivimos en la contradicción de querer estar juntos y separados, de querer una pareja estable y a la vez utilizarla y desecharla después.
Mantenemos relaciones dependientes y a la vez buscamos espacios de libertad. Por ese motivo, muchas relaciones son uniones y separaciones transitorias.
El amor llega a considerarse una conexión más que una comunicación o un vínculo. Las parejas se convierten en otro objeto de consumo. Aunque estemos juntos, nos sentimos desunidos.
Las actitudes de comparación, celos, rabia, analfabetismo emocional, “yo, yo, yo”, nos separan. El ego nos distancia del otro.
En la convivencia nos damos cuenta de que nuestros egos colisionan y culpan. Los egos controlan, dominan e irritan. Constantemente desean y están insatisfechos.
Nos cuesta asumir la responsabilidad de nuestra propia vida. Nos es más fácil culpar al otro de cómo estamos.
Cuando estamos irritados, pensamos que es porque alguien actúa de cierta forma; estamos de mal humor por el tiempo que hace, porque la casa tiene una grieta en el techo, porque el coche no arranca, porque nos hemos torcido el pie.
(Continúa mañana...)
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