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¿Es usted de aquellas personas que creen que confiar en la ciencia es una locura, porque la creemos inferior a los grandes valores del espíritu, pareciendo, ante ellos, pálida y analfabeta? Es más bien el analfabetismo científico la causa primera de la tragedia actual. Y en esa terrible confusión entre la ciencia como cuerpo de conocimientos y la utilidad social de la ciencia como poder manipulador es que se confunden causas con efectos y se tiene la tentación de atribuir a la ciencia la utilitaria visión de los mercaderes de la tecnología.

Si bien el pensamiento científico es esencialmente un pensamiento-poder, éste consiste en su capacidad de entender a la realidad de una manera objetiva y precisa que nos ha permitido enfrentar los determinismos irracionales y la angustia del caos. Nos ha redimido de la idea de la suerte, buena o mala, que nació porque no sabíamos que la realidad se guiaba por leyes, para dejarnos en la de probabilidad, más cerca de la razón humana.

Es cierto que algunas corrientes científicas actuales reducen las causas fundamentales de la vida y el comportamiento a factores químicos o físicos simples, proponiendo, por ejemplo, que problemas complejos, como la depresión o las enfermedades mentales se deben sólo a desequilibrios químicos que, en muchas ocasiones, son imposibles de prever.

Y también están las del otro extremo, que creen que todo lo puede cambiar la voluntad humana, que piensan que con la palanca adecuada se puede mover el mundo. Pero, aunque la realidad no se mueve en los extremos, la mayor parte de las corrientes científicas actuales coinciden en que es posible establecer ya un alto grado de previsión de los accidentes, las enfermedades y los problemas más comunes del ser humano. Muchas enfermedades, tanto físicas como psíquicas, pueden prevenirse; los conflictos matrimoniales, familiares, sociales, aunque de mas difícil pronóstico, también. Se conocen actualmente con cierta precisión las causas del fracaso escolar, de las tendencias a la drogadicción o a los accidentes, y esto permite, en teoría, poderlos evitar.

El avance moderno de la ciencia nos permite distinguir con una precisión mayor que nunca antes las cosas de la realidad que está en nuestro poder cambiar y saber diferenciarlas de aquellas que aún no son posibles de cambio. Si usted es un fatalista, y piensa que la ciencia nada puede hacer para evitar los dolores de la vida, le diré que es posible que le falte ese tipo de información que reseña sus impresionantes avances, que nos ha permitido, cada vez más, ser dueños de nuestro destino.

Nuestros hijos deben aprender ciencia. Es una necesidad que no debería tener discusión. En cualquier lugar encontraremos necesidades que la ciencia puede resolver. Y cuando hablamos de ciencia, no solamente nos referimos a las ciencias naturales, a las ciencias físicas o a las ciencias biológicas.

Nos referimos también a las ciencias humanas, a la demografía, a la economía, a las ciencias del comportamiento y a todo aquel cuerpo de conocimientos que pueda explicar la realidad, verificándola, prediciendo situaciones con relativa certeza y aportando tecnologías que nos permiten vivir más confortablemente, que nos dan la oportunidad de elevar la calidad de vida para aumentar nuestro bienestar. Es indudable que la ciencia ha aportado más que cualquier otro tipo de conocimiento para desarrollar las circunstancias necesarias para lograr la equidad y la justicia social, que son condiciones esenciales de la dignidad.

En ninguna familia habrá paz si no hay comida suficiente, y la biotecnología ha respondido al reto de elevar la producción mundial de alimentos de una manera tan eficiente como ninguna tecnología anterior lo había hecho. Y las mejores técnicas para lograr la paz esencial de la familia se han desarrollado desde la psicología de los grupos, enseñando a los integrantes del grupo familiar a negociar, a comunicarse y a entenderse con muchas posibilidades de éxito y eso también es ciencia.

Los estilos de vida desordenados y contrarios a la dignidad humana no son producto del progreso social o científico, sino de condiciones históricas que tienen que ver con la ignorancia, el retraso de las sociedades y con ideas anquilosadas que son el verdadero enemigo de la paz humana. Y la educación en la ciencia es la mejor arma que tenemos ahora para erradicar estas condiciones.
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