El PRI es un partido de corte socialista. Lo dice en su declaración de principios: “Somos un partido que, orgulloso de los principios ideológicos de la Revolución Mexicana, promueve la modernización de México con democracia y justicia social. Por eso nos inspiramos en la corriente socialdemócrata de los partidos políticos contemporáneos”. ¿Cuáles son algunas de esas organizaciones? El PSOE en España, el Laborista en Reino Unido y el de los Trabajadores en Brasil, entre otros. Aunque ideológicamente es más diverso, el Partido Demócrata de Estados Unidos también coincide con esa línea de pensamiento.

En países cultural, democrática y políticamente menos avanzados, sin embargo, el socialismo eriza la piel porque de inmediato se le relaciona con el comunismo de Mao o la lucha de clases de Marx. El socialismo moderno, en cambio, pugna por la libertad, la justicia social, la dignidad de las personas, la solidaridad y la democracia, por supuesto. Sin embargo, otras corrientes, de la misma ideología, más doctrinarias, se aferran todavía al concepto marxista del término. Los radicales son, justamente, los que han fracasado en el mundo.

Los partidos y gobiernos socialdemócratas auténticos son progresistas, reformistas, se preocupan por el medio ambiente, incorporan a las minorías marginadas, defienden sus derechos y abren la toma de decisiones a la sociedad civil. Por lo tanto no debe extrañar, ni mucho menos causar pánico entre los sectores conservadores del estado, mucho más amplios de lo que se supone, que siendo el PRI un partido de centro izquierda, el discurso inaugural del gobernador Rubén Moreira contenga todos aquellos elementos.

El gobierno de Moreira llega erosionado por el tema de la deuda, por la forma en que se adquirió, porque a su predecesor y hermano Humberto se le atribuye su cuantía —alrededor de 36 mil millones de pesos, sin intereses— y por las acusaciones de enriquecimiento ilícito que pesan sobre algunos funcionarios de la administración pasada, entre los cuales también debería investigarse al subsecretario de Obras Públicas en La Laguna, Gerardo Berlanga Gotés. Pecados, todos, que el nuevo mandatario no cometió, pero cuyos costos empieza a pagar.

Otro factor nuevo, en un principio de gobierno ampliamente legitimado en las urnas, es el escepticismo, la movilización y la presión social. La ciudadanía exige respuestas, castigo para los responsables del endeudamiento, participación en los asuntos del Estado, transparencia y rendición de cuentas. Parte de esas demandas las tomó Moreira y las incorporó en lo que será el plan de gobierno 2011-2017. El Mandatario ofreció limitar el poder y atender los reclamos de la sociedad, pero también pidió ser escuchado. De la deuda y sus implicaciones penales se encargará la Procuraduría General de la República.

El gobierno 2011-2017, como toda administración naciente, es en sí mismo una incógnita. Sabemos cómo empieza, mas no cómo termina. Los problemas, en cambio, son reales, están a la vista y algunos son monumentales como la inseguridad, la deuda, el desequilibrio regional, la falta de orden. Las circunstancias obligan a Rubén Moreira a ser gobernador de tiempo completo. La sociedad vigilará sus pasos.

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