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Si hacemos la lista de los problemas sociales más antiguos de la humanidad seguramente éstos tendrán que ver con las carencias más básicas de los seres humanos: el hambre, la guerra, la enfermedad. Pero existe un problema, tal vez no tan visible, aunque igual de relevante que los anteriores, al que la humanidad no ha podido darle solución hasta ahora: la insatisfacción sexual.

Una solución antigua, mas no por eso adecuada, al problema de la insatisfacción sexual es la prostitución. Pocos negocios pueden ser tan crueles, tan inhumanos, tan dramáticos, como el traficar con los cuerpos para vender placer. Actualmente la prostitución debe ser considerada como un aspecto de la violencia social contra mujeres, niñas y niños.

La igualdad de género continuará siendo inalcanzable mientras los hombres compren, vendan y exploten a mujeres, niñas y niños, prostituyéndoles. Para detener este giro comercial, justamente llamado negro, los gobiernos de los países mas avanzados han elaborado estrategias basadas en dos enfoques: el primero y mas común es el de castigar a quien ejerce la prostitución y el segundo es el de legalizarla y regularla. Las dos estrategias han tenido repetidos fracasos, provocando en nuestra época un drástico aumento en todas las facetas de la industria del sexo, un alarmante incremento en el las redes del crimen organizado en la industria del sexo y un dramático aumento en la prostitución infantil.

Allá por 2005, en Suecia, un país que siempre ha estado a la vanguardia de las respuestas a los problemas sexuales, se implementó lo que parecía una buena solución: penalizó la compra de servicios sexuales y despenalizó la venta de dichos servicios. Es decir, que persigue y castiga a los clientes y deja en paz a las prostitutas, asignando fondos para construir servicios sociales integrales dirigidos a cualquier prostituta que desee dejar la ocupación y suministrando fondos adicionales para educar al público. Y aun cuando ha dado excelentes resultados, lo difícil fue implementarlo, porque los policías y los fiscales debieron recibir capacitación y sueldos tales que impedían el soborno.

Este año, en Dallas, Texas, se está implementando otro plan que, centrado en las trabajadoras sexuales, se basa en un enfoque nuevo: se les trata no como delincuentes sino como víctimas de delitos sexuales y se les ofrece, al ser arrestadas por ejercer su ilegal oficio, la posibilidad de someterse a un tratamiento de rehabilitación o, en su defecto, ir a la cárcel. El proyecto tiene como base un centro de desintoxicación que está en estrecha colaboración con la policía, el Homeward Bound. El programa, llamado Prostitution Diversion Initiative, es el único de este tipo manejado por la policía y está ubicado en un sector que según las autoridades sanitarias norteamericanas es el epicentro nacional de la sífilis.

El método implica acción de campo: la policía se instala en un lote vacío con cuatro salones rodantes. Colocan decenas de sillas plegables y llevan a trabajadores sociales. La operación comienza generalmente a las siete de la tarde y dura hasta las tres de la mañana. La policía arresta a las prostitutas, confisca sus bienes y las entrevista, para saber si hay proxenetas que exploten a menores en los moteles de la zona. Se les hacen exámenes médicos, incluidos análisis de sangre, en una clínica ambulatoria. Finalmente se presentan ante un tribunal itinerante. Si las mujeres no tienen órdenes de arresto y se comprometen, el juez les da la oportunidad de optar por tratamientos de rehabilitación en lugar de ir a la cárcel. Luego de una internación de 45 días, durante los cuales reciben terapia, son dadas de alta y se les ayuda a conseguir vivienda, estudiar y atender a sus hijos.

Aquí en Coahuila, la Asociación EUX Arte y Sida, que dirige una mujer que ha enfrentado desde hace mucho tiempo al problema de la defensa de las sexoservidoras, Aída Badillo, tiene su propia propuesta: la formación de un sindicato estatal para trabajadoras y trabajadores del sexo comercial, organizándose para defender sus derechos, apoyadas en la Red Latinoamericana de Sexoservicio.

Es importante que, junto a nuestros gobiernos y organizaciones civiles, atendamos al problema de raíz y vayamos preparando las estrategias para que no tengamos la tentación de decir, después, que es un problema sin solución. Sí la tiene y estos nuevos programas lo están demostrando.
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