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Dalia Reyes
Dalia Reyes
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08 Diciembre 2016 04:00:00
Sopeadito
Este clima sopea los recuerdos. Sí, como meter un poco la galleta en café caliente y luego viene la mordida blanda que remite a la casa de una abuela cariñosa.

Atrapada en los espacios breves de la urbanidad, el tiempo se prestó para el recuerdo. Me miré los pies y se volvieron pequeños de repente. Las gotas de una lluvia pesada hicieron hoyos en el piso, como antes, y chispeaban soldaditos de lodo que dejaban huella en los dedos desnudos.

Fue un sueño imposible: despierta y durmiendo, al mismo tiempo, me volvió el aroma de tierra mojada, ocupándome, fui niña de nuevo y atravesé el patio de la casa en el rancho, pisando el fango, sin permiso, para salvar a cualquier pollo desconsolado que perdió el camino antes del granizo.

El sonido insistente en los tejados era una orquesta improvisada que acompañábamos los niños con los dedos; tarareando una canción desesperada, las yemas dejaban sus huellas sobre mesas de madera olorosas a diesel y maíz. Era la casa paterna, la que nos acogía tras sus pequeñas ventanas, escudo de la humedad tan temida por las madres como ansiada por los hijos.

La lluvia en torrentes era un estira y afloja. Un sinnúmero de pretextos para posponer una salida impuesta por las madres, desaparecían con los síntomas primeros de tormenta: Cualquier cosa de tornaba urgente con de salir a probar el sabor del cielo. No había, entonces, nadie preocupado por la polución disuelta en esas aguas.

Y luego el frío. No teníamos veranos tan calientes, pero se extrañaba la frescura en la canícula y la piel se erizaba de contento apenas sentir los primeros embates de gotas saltarinas y estridentes.

Lluvias de estas se palpan, se saborean, se huelen, se escuchan, se ven y se abrazan. Son una fiesta sensitiva, alboroto capaz despertador del otro sentido, el del recuerdo, que es uno más y todos juntos.

Escampó. Desperté. Mis pies no eran pequeños, sino adultos, pero sé con certeza suficiente que escaparon un instante imperceptible y se fueron a mojar. Sacudí las piernas y caminé despacio en ese lugar urbano.

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