Se cuenta que en Nueva York un hombre jubilado quería hacer uso de su dinero sabiamente, por lo que decidió comprar en Portugal una casa y unas pocas hectáreas. La modesta granja que decidió comprar había estado vacía durante 15 años. El propietario y su esposa habían muerto y no hubo herederos. La granja se puso en venta para pagar los impuestos generados durante varios años. En el gran granero había puertas de acero, y éstas habían sido soldadas para impedir el paso. Nadie quería ir para ver lo que estaba en ese lugar pues ello significaba un gasto adicional, y era complementario a la propiedad de todos modos. Así, nadie hizo una oferta del lugar.

El neoyorquino compró en poco más de la mitad del valor real la propiedad, se trasladó, y se dispuso a abrir el granero... la curiosidad lo mataba. Por lo tanto, él y su esposa compraron un generador y un par de cortadoras, con lo que deshicieron las juntas de soldadura. ¿Qué fue lo que había en el granero? Según la historia, aparentemente verídica, encontraron: un Fiat Cabriolet (1200 o 1500), Ford Cortina MKII, Mercedes Benz 180/190, un Aston Martin, Opel GT, Lotus Elan FHC, Lotus Super Seven Series IV, Lotus Elan DHC, un Porsche 356, Austin Healey Sprite MkII, Volvo PV 544, Ford Y, Giulietta Sprint, Giulia Sprint Speciale (SS), Nash Metropolitan, Alfa Giulietta, Lotus Europa, Lotus Elan FHC, Matra Djet, Lancia Flaminia Coupe, Abarth 1300 Scorpione, Interior de Alfa Romeo, Lancia Flaminia Coupé, Peugeot 504 Cabriolet & 404 Cabriolet, Mini, Alfa 1900 Super Sprint, Balilla, Fiat Topolino II, Triumph TR4, Peugeot 202, BMW V8, Formula racers, Chryslers, Mercedes y Austin A30. Esta colección impresionante de autos, el sueño de todo apasionado al automovilismo, fue valorado en cerca de 21 millones de dólares. Debido a la legalidad de la compra, y sin ningún heredero, el hombre y su esposa tuvieron pleno derecho a los bienes ahí existentes.

El conferencista y gurú de la actitud mental positiva, Patrick Devlyn expresa en su plática “Pastos Más Verdes”, cómo es que tenemos una abundancia de oportunidades que hacen las veces de tesoros escondidos. Sin embargo, estos tesoros pasan inadvertidos, dando paso a la ansiedad, la desesperación y la comparación con el “pasto del vecino”.

Por ejemplo, un ejecutivo de 55 años, con 30 años de experiencia en un determinado sector que haya sido despedido debido a la recesión global, podrá lamentarse su suerte y continuar buscando un trabajo “seguro” o podrá darse cuenta que esos 30 años de experiencia son un verdadero tesoro que podría ser la base de un negocio rentable de consultoría especializada. Un joven a punto de egresar puede darse cuenta que aquel pasatiempo de asesorar a personas mayores que él en informática puede ser más que un pasatiempo y convertirse en un oficio bien pagado. Como lo vemos, esta “fortuna”, en forma de habilidades, anhelos y talentos especiales no necesariamente es aquella que aparece de forma evidente, sino una que requiere de introspección. Lo cierto es que muchas veces, el mayor tesoro ya está debajo de nuestras narices... usualmente así es.