Pues bien, son las 6 de la tarde con tres minutos, de ese mismo día, y nada sucedió; a pesar de la profecía del predicador evangelista Harold Camping, quien amparado en la Biblia, sostiene que “todos los mortales moriremos después de un fuerte terremoto”.
El cálculo de Camping es preciso: “El 21 de mayo coincide con el día 17 del segundo mes del calendario bíblico actualizado; es decir, con el mismo día en el cual sucedió el diluvio universal”.
Son las 6 de la tarde con 6 minutos y la escala de Ritcher, en Saltillo –tierra de temblores-, no se ha movido un ápice. Ante esta situación de suyo anticlimática, surge este diálogo entre el predicador evangelista, quien en tono subido discute con otros grupos (Fatalistas, Pahanitas, Gochihritas, Ragnarokitas y Aztecas) que defienden otras teorías del fin del mundo.
Camping: Está bien méndigos, me equivoqué por 10 minutos, o por más, pero pongo la Biblia en mi corazón y siento el sordo rumor que emerge desde el centro de la tierra para acabar con ustedes, bola de incrédulos; hombres y mujeres de poca fe.
Jehú el fatalista: Te la bañas Harold. ¿Y tu? ¿Te salvarás? Yo no veo, por ninguna parte a los cuatro jinetes del apocalípsis cabalgando por los cielos; multiplicando la guerra, la hambruna, la pestilencia y la muerte. Pos’ (sic) ¿cuál Biblia leíste?
Camping levanta la Biblia con una mano, y con la otra señala a Jehú, con estas palabras: Por esas palabras te condenarás y arderás en los infiernos –después de que caiga ese pinabete, que está detrás de ti, sobre tu cabeza.
Jehú: GobiÉrnate Harold y voltea hacia las alturas: ¿Dónde están los tornados? ¿En qué momento empezará la lluvia de cometas que golpearán la tierra de manera incesante? Todavía no nacen las langostas que comerán las entrañas de los infieles. Mira los ríos y los mares: ¡Todavía no están cubiertos de sangre!
Camping cae hincado al suelo y empieza a estirarse los cabellos de manera incontrolable.
Asustado, Kasskara el Pahanita, interviene: En la tradición Hopi, a la cual pertenezco, el fin del mundo está cerca, porque la profecía de mis antepasados está a punto de finalizar: Las víboras de acero, las redes de arañas electrónicas y los ríos de cemento han poblado el mundo y contaminado los mares. Grandes pedazos del cuelo han caído a la tierra. ¿Qué falta? Esperar la Gran Guerra en el desierto entre el hombre blanco y sus enemigos.
Camping, no escucha, terco pega su oído a la tierra para escuchar el estrecimiento del terremoto previsto.
Kasshara intenta ayudar a Harold, pero este rechaza su ayuda.
Enojado, Tlacaelel el Azteca, irrumpe con estas palabras: Harold, con todo respeto, pero eres un pendejo redomado, gastaste decenas de millones de dólares para publicitar una profecía fallida; si me hubieses preguntado nos hubiéramos ido 7 semanas a las playas de Sayulita, nosotros seis. Nos la hubiésemos pasado de poca madre; imagínate: Chelas, viejas y sol. ¿Qué más puedes pedir? Obvio (sic) tus afanes protagonistas –y tus insondables límites para hacer el ridículo, te acabaron. Ahora, ni dinero tienes para seguirle apostando a la quiniela de la profecía sobre el fin del mundo. ¡Eres un bruto!
Con rostro decepcionado, Artajerjes el Gochihrita comenta: Ustedes son puro pinche rollo, mis antepasados persas tienen razón: Un gran cometa de nombre Gochihr golpeará la tierra y hará que la raza humana, incluidos ustedes, bola de “flojonazos”, empiecen a comportarse “como una oveja que esta siendo atacada por un lobo”. Grandes oleadas de un santo metal fundido cubrirán la superficie completa de la Tierra. Sólo los que ayudaron a los pobres y a los viejos serán capaces de nadar a través de la lava ardiente como si fuera leche tibia. ¿Dónde quedarán ustedes? Me pregunto.
Harold llora inconsolablemente, mientras Thor el Ragnakorita le consuela con estas palabras: No te preocupes, nosotros los nórdicos somos gente de buena ley; y a pesar del oso vikingo que hiciste hoy, te salvaremos cuando el invierno dure tres temporadas; y el sol sea devorado por los lobos. Ese día, como bien sabes, el dios Loki se liberará de sus cuerdas hechas de los intestinos de su hijo y secuestrará una nave hecha de uñas de hombres muertos. Y Jormungandr, la Serpiente del Mundo se levantará de los océanos y esparcirá su veneno por toda la tierra.
Los dioses guIados por Odín lucharán contra los demonios liderados por Loki; y al final, el universo se destruirá, y la tierra se hundirá en el océano.
En voz baja, el Ragnakorita, le susurra a Harold: Nosotros nos salvaremos porque nos resguardaremos bajo la madera del árbol de la vida, Yggdrasil. No te preocupes.
En ese momento, el azteca Tlacaelel, brinca y abraza con desesperación al enorme Thor, y le dice al oído estas palabras: “No seas méndigo mi Thorito, sálvame a mi también. Pues con los 36 mil sacrificados que lleva Calderón el sol está rete (sic) contento, y ni madres que le preocupa eclipsarse de manera permanente para que empiecen a bajar de las estrellas los esqueletos a comernos las entrañas”.
Harold abraza a Thor, por la espalda, con Tlacaelel prendido al frente; mientras Jehú, Kasskara y Artajerjes los miran sorprendidos.
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