En climas tensos, turbios, polarizados, como los actuales, precipitar juicios históricos sobre la actuación de una figura como Humberto Moreira puede conducir a escenarios indeseados. Es preferible dejar que el tiempo, sabio y sereno, haga su parte y las autoridades que investigan la deuda cumplan la suya, apegadas a derecho, sin concesiones ni impulsos revanchistas. El primer interesado en que las cosas se aclaren y la ley castigue a los verdaderos culpables de las irregularidades, del nivel que sean, debe ser el propio Moreira, como principal señalado y responsable de la administración 2005-2011. Lo mismo espera la ciudadanía.
En los últimos días se ha anunciado por distintos medios el retorno de Moreira (Humberto) al estado, específicamente a Saltillo, luego de renunciar a la presidencia del PRI, en medio del escándalo. Hasta ahora nada ni nadie puede impedirle que lo haga. Es un ciudadano libre, mas no cualquiera. La pregunta es ¿conviene que regrese? La respuesta es no, si lo hace en plan protagónico, por varias razones: 1) el gobierno de su hermano apenas empieza y está sujeto a presiones que él no tuvo, 2) lo que Rubén Moreira menos necesita es confusión política, 3) el ex gobernador sigue todavía en el ojo del huracán, 4) con justicia o no, amplios sectores de la sociedad lo culpan de la crisis financiera y de seguridad, y 5) dentro de menos de siete meses habrá elecciones y los humbertistas constituyen todavía una fuerza real.
Los Moreira, hasta donde se sabe, son una familia disciplinada, unida, con proyecto y respetuosos de la autoridad maternal. Sin embargo, como clan político que son, deben tener también diferencias, las cuales han sabido dirimir puertas adentro. Eso les ha permitido sortear tempestades y levantarse de caídas. ¿Cuál es, en estos momentos, la relación entre Rubén y Humberto, por el tema de los pasivos y las circunstancias en que el primero recibió la administración? Me dicen que hay fisuras, pero la realidad sólo ellos la saben.
¿Qué tanto deterioró el escándalo de la deuda el vínculo de Humberto Moreira con Enrique Peña y la “nomenklatura” del PRI? El tiempo lo dirá. El daño, al parecer, es irreparable. En una emisión reciente de “La Hora de Opinar”, los conductores Leo Zuckermann y Javier Tello coincidieron en que a Moreira “no se le pasó por la báscula” antes de ser designado presidente del PRI, lo cual constituyó un craso error. Otro medio publicó que el ex gobernador de Coahuila “no había sido suficientemente confesado” para determinar, según el peso de sus “pecados”, si era el sustituto adecuado de Beatriz Paredes. En este ambiente, la mejor ayuda que Humberto Moreira puede prestar a su hermano es guardarse y no exponerlo en estas horas críticas.
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