VEO A “BRUNO”, UN PASTOR australiano, mi mascota, y dista mucho de ser un perro guardián.

DISTA MUCHO DE SER COMO “Capitán”, el perro de mi tío Veneno… manchas café en el lomo, cuatroalbo, como dirían los cronistas taurinos para describir sus cuatro patas blancas.

CALLEJERO, SIN DUDA…

LO ENCONTRÓ UNA DE ESAS largas jornadas de cañabar y tortillas con chile, allá por el rumbo del arroyo.

TARDES DE CUERPO TENDIDO AL sol para evaporarse con él…

PARA CALCINAR LOS MALOS RECUERDOS…

PARA DEJAR QUE LA BORRACHERA empezara a diluirse.

EN UNA DE ESAS, “CAPITÁN” compartió de su mano algunos mendrugos de tortilla.

Y DESDE ENTONCES FUERON AMIGOS entrañables.

UNO SE PREGUNTA POR QUÉ los vagabundos… los teporochos… los parias siempre tienen un perro que les siga.

¿QUÉ CASO TIENE?, PREGUNTÉ UNA vez al tío Veneno…

ESE PERRO COME DE TUS propias sobras, y él pudiera procurarlas sin recurrir a tu mano.

“ES QUE LOS PERROS”, ME dijo, “fueron hechos para ser fieles… el perro callejero busca siempre un amo, alguien a quien servir de compañía y de soldado, un perro no es perro si no tiene alguien por quien morir”.

Y ESO ERA EL TÍO Veneno para “Capitán”… alguien por quien vivir, alguien por quien morir.

PERRO APACIBLE, COMO POCOS, SE tendía al sol junto a su amo y despertaba al menor asomo de peligro.

YA FUERA UN CICLISTA O un marrano…

YA FUERA HOMBRE O NIÑO…

NADIE PODÍA DIRIGIR LOS PASOS hacia el tío Veneno sin pasar la aduana de ese perro.

YO MISMO DEBÍ HACERLO…

YO MISMO QUE FUI COMO el primogénito del tío Veneno, tuve que correr en círculos mientras el perro me seguía.

EL TÍO DESPERTÓ DEL SUEÑO y llamó al guardia, que fue a colocarse a sus espaldas, tenso y atento a mis movimientos.

ERAN ESOS DÍAS EN QUE de cuando en cuando me escapaba para hablar con él, para aprender de su sabiduría…

“UN DÍA VAS A ESCRIBIR de tu tío el borracho… un día”, me dijo.

ESA TARDE ME PIDIÓ OTRA vez los cinco pesos para el cañabar… otra vez me negué al principio, mi madre me lo tenía prohibido…

“ÁNDALE… NO LES VAS A quitar a tu tío lo borracho por no darle cinco pesos”.

-PERO TE VAS A MORIR de tanto emborracharte…

LEVANTÓ LOS HOMBROS, CON ESE gesto de “qué más da” y mantuvo la mano extendida ante mis ojos.

CEDÍ…

ME PIDIÓ QUE LO LLEVARA hasta la botica en donde le vendían ese néctar, mitad azufre, mitad alcohol…

ESE NÉCTAR QUE LE TENÍA los labios llagados… la mirada turbia… pero el corazón no lo había tocado.

SEGUÍA SIENDO BUENO.

FUE ENTONCES QUE SALIERON ESOS cuatro perros, que alguien azuzó contra el pobre “Capitán”.

CON GALLARDÍA AFRONTÓ A LOS combatientes, pero la inferioridad numérica terminó por abrumarlo.

LEVANTÉ UNA PIEDRA Y LA tiré contra los perros… ¡le di!… justo en el costado a uno de los enemigos que salió aullando… otro más cayó bajo la fuerza de una vara que el tío Veneno le dejó caer por las costillas…

UNO MÁS FUE VÍCTIMA DE la feroz patada que lancé a ver a quién la contactaba, y quedaba uno, el más grande… el más brutal…

TENÍA A “CAPITÁN” PRESO DEL cuello entre sus fauces… “¡Lo va a matar!”, le dije al tío… “¡Lo va a matar!”.

BUSCAMOS UNA PIEDRA… UN PALO… lo que fuera… no había una del tamaño requerido, entonces el tío tomó la mayor determinación que era posible…

SE ABALANZÓ SOBRE LA HUMANIDAD del atacante y le hincó el diente con fuerza… ¡una tarascada digna de alguien que prueba un buen filete! ¡AUUUUU! EL PERRO AULLÓ DE DOLOR… pretendió quitarse al tío Veneno… lanzaba dentelladas sin lograr el objetivo, y el tío que no soltaba a su pobre presa…

FINALMENTE LE SOLTÓ… VOLVIÓ HACIA “Capitán” y lo encontró adolorido, pero vivo…

“¿A POCO NO SOY MÁS perro que todos?”, me dijo el tío Veneno…

NO HABÍA SER HUMANO QUE mereciera su vida… no la iba a exponer por alguien que anduviera erguido sobre sus dos patas…

PERO “CAPITÁN” ERA OTRA COSA…

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