Tal vez no hubieran quedado ciegos si la pareja se toma de la mano para no caer y cada quien con su mano libre sostiene con fuerza la manta para caminar juntos en la misma dirección.
Este cuento es de interés porque en unas cuantas frases describe lo que nos pasa a los mexicanos en estos momentos en que la patria necesita y exige, para sobrevivir, un profundo sentido de comunidad de los ciudadanos. Necesitamos trabajar juntos para salir del atolladero en que estamos inmersos.
La idea de comunidad ha ganado extrema importancia en los últimos años. Esta idea se refiere a los vínculos de confianza y de reciprocidad entre los integrantes de una comunidad. Ha despertado el interés de los profesionales de la intervención social, puesto que desarrollar el sentimiento de pertenencia en estructuras colectivas posibilita a los ciudadanos la información necesaria para participar en la toma de decisiones sobre los asuntos que afectan al país.
El sentido de comunidad fue definido por Sarason (1974) y McMillan y Chavis (1986) como aquella sensación de formar parte de un grupo, un sentimiento compartido de que las necesidades colectivas serán atendidas bajo un compromiso cooperativo entre todos sus integrantes. Las circunstancias y los problemas de unos deben importar a los otros y, juntos, buscar la forma de resolverlos. No jalar cada quién por su lado sólo en beneficio propio, sino buscar el beneficio común.
Dice el afamado escritor norteamericano Alvin Toffler que el problema de la modernidad es que hemos perdido el sentido comunitario en todas las estructuras sociales; inicia en el primer núcleo de la sociedad, la familia, y trasciende a los centros de trabajo, organizaciones, instituciones y gobiernos.
Asegura que el fenómeno se da en todas las naciones -desarrolladas o no- y que ésta es la principal causa de insatisfacción de la vida moderna. El perder el sentido de comunidad hace que la persona se sienta sola y, aunque el dolor de estar solo no es nuevo, la soledad se encuentra ahora tan extendida que se ha convertido en una plaga.
Comenta que nuestras sociedades modernas acentúan las diferencias, más que las semejanzas entre las personas, lo cual conlleva a la individualización que favorece que cada quien se aproxime más a la realización de sus potencialidades, pero provoca a la vez que sea más difícil el contacto humano: entre más diferentes somos, más difícil es comprender las necesidades del otro.
Toffler propone para los individuos como para las naciones que es necesario reconocer que la soledad no es ya una cuestión individual, sino un problema generalizado en el planeta que ha provocado la desintegración de las instituciones. Esta oleada de malestar hace que la gente se sienta confusa, dividida y preocupada, en soledad, y exige que la sociedad engendre un sentimiento de comunidad.
Son pocas las personas hoy en día que tienen la sensación de pertenecer a algo más grande y mejor que ellas mismas. El sentimiento cálido de solidaridad se haya ausente en la mayoría de las familias y la lealtad a la nación, al gobierno, a la empresa es considerada por muchos como una traición a la propia personalidad. Sin embargo, esta cálida sensación surge espontáneamente de vez en cuando en momentos en que celebramos la Independencia, o la Revolución: El ver izar el Lábaro Patrio y el redoblar de los tambores en conmemoración de los héroes y heroínas que dieron la vida por la nación nos estremece, y nos compromete: ha llegado el momento en el que cada ciudadano debe dar lo mejor de sí mismo para que el sueño de justicia y libertad de nuestros antepasados finalmente se haga realidad.
.(JavaScript must be enabled to view this email address)
| Comparte ese artículo: |
|



