Los combates que en estos momentos traen el Ejército mexicano y los agentes de la Policía Federal, igual está siendo en contra de las drogas de todo tipo, que en el contrabando de armas, en el tráfico de ilegales, de mercancía diversa que por millones de pesos pasa y deja de pagar impuestos en su introducción a nuestro país y en otros ilícitos más.
Sin embargo y en particular, ha destacado y sobresalido su pelea que tan eficiente ha dado en los últimos a meses contra la delincuencia organizada, que por su parte, da la impresión de que no tiene fin, aunque los mexicanos confiamos en que sí lo tendrá, tarde o temprano.
Sin pretender restar méritos a estas acciones de la milicia, en contraparte, no faltan los prietitos en el arroz, particularmente cuando hay incursiones o introducciones repentinas y abruptas a domicilios particulares en busca de drogas, armas y malandros.
Algunas de estas incursiones han tenido resultados negativos, pero lo más serio, daños materiales en bienes e inmuebles de los habitantes de las viviendas cateadas.
Un ejemplo de lo que no debe ocurrir y que los jefes superiores de esas institución y corporación debieran atender para que no suceda, independientemente de la destrucción de puertas y ventanas para violentar la entrada y revisar, particularmente cuando las viviendas se encuentran solas, es la desaparición de dinero, alhajas, electrónicos y otros artículos fácil de cargar y llevarse.
En días pasados, en Torreón una familia de apellido Rodríguez Carranza, presentó directamente en la Fiscalía General del Estado una formal denuncia por robo y daños materiales a bienes de su propiedad, tras un cateo que realizaron elementos de la Policía Federal, en su domicilio en la colonia Santiago Ramírez, en búsqueda de droga, armas o gente dedicada a la comercialización de estupefacientes, o sea narcos.
En la vivienda de los Rodríguez Carranza, no se encontró nada fuera de la ley, pero sí fueron varias cosas que faltaron como 9 mil 300 pesos en efectivo, cámaras de video, alhajas y unos gallos de pelea.
Tras la querella, uno de los jefes superiores de la Policía Federal, acudió al domicilio de los Rodríguez Carranza, para dar un disculpa y pedirles que no tuvieran una mala imagen de la corporación, comprometiéndose a pagar los daños materiales causados.
Hay que destacar el acto de reconocer los errores que se cometen, aunque lo más importante es que no sucedan más casos similares, aunque lo principal es que se indague y saquen a relucir quién se llevó lo ajeno como el dinero, cámaras, joyería, etc., que es lo más grave.
Se entiende, más no se justifican los daños materiales que se causan en puertas y ventanas de una vivienda cuando los cateos se hacen en forma violenta porque lamentablemente así lo ameritan las circunstancias, ya que en estas incursiones sorpresivas es natural que se espere lo peor, como un tiroteo de los malos, en aquellos casos en que hubiese ese tipo de gente en el interior de la casa cateada.
Lo que definitivamente es imperdonable es que una vez que se confirmó que no hay maleantes, la “visita” a ésa y esas casas y familias, sea para que se le robe, lo que no se justifica aunque haya todas las disculpas que se hagan.
El robo o desaparición de una casa habitada no se limpia con un simple disculpe usted.
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