En junio de 2010 vi por televisión un debate entre los tres candidatos. Pobre Ochoa. Ñoño, nervioso, como párvulo que no estudió para una prueba, y torpe para reaccionar –igual que Peña Nieto–, parecía que en cualquier momento su esquina arrojaría la toalla para poner fin a la paliza. Pero no, Duarte –debutó en política como secretario particular de Fidel Herrera, otro de los ex gobernadores en la mira de la PGR– soportó estoico el bombardeo de sus ex compañeros de partido.
Duarte debe su carrera a Fidel, según me cuenta un amigo oaxaqueño, desde que perdió a su padre: secretario particular, como ya dije, subsecretario de Finanzas, secretario del ramo, diputado y ahora Gobernador. Todo en 13 años. Por los mismos días del debate, la prensa, la radio y la televisión del país difundían una escucha entre Herrera y uno de sus operadores. Su pupilo, según la conversación, no daba una. Cosa que decía o hacía, era para meter el pie hasta la rodilla.
“Este Duarte”, se quejó Fidel, “anda re-te-apendejado” (la cita es tal como la escuché a través de la radio). Y por lo visto con la danza de los 25 millones de pesos que la PGR le incautó al Gobierno de Veracruz en el aropuerto de Toluca, base de operaciones del peñanietismo, en plena madrugada del sábado pasado (día inhábil), esa condición no se le ha quitado. A estas alturas, puede sospecharse ya de un problema crónico. Si los gobernadores del PRI están vigilados, según se confirma con los ex de Tamaulipas, Durango y el mismo Veracruz, ¿a quién se le ocurre semejante disparate? ¡Pues a uno como a Duarte!
¿Con quién gobierna el ñoño, por cierto? El secretario de Gobierno es Gerardo Buganza, ex panista, quien compitió contra Fidel Herrera en 2004. Renunció al PAN inconforme por la postulación de Yunes. La Secretaría de Finanzas y Planeación la ocupa Tomás Ruiz González, ex priísta y ex funcionario del gobierno de Vicente Fox. Ruiz es gente cercana a Elba Esther Gordillo, quien lo impuso como presidente de su partido (el Panal) en 2006. Entregar las dos principales carteras a figuras como ésas podría hablar de un político (Duarte) con dotes de estadista. Pero no, los llamó por ser lo contrario.
Que Duarte sea torpe, allá él, quienes lo eligieron (en primer lugar Fidel, quien comparte palco con el diputado local de Coahuila, Francisco Dávila, en el estadio del Santos) y los veracruzanos de tendrán que soportarlo cinco años más. Pero que Tomás Ruiz, con estudios en el extranjero y trayectoria en el Banco de México y en Hacienda (subsecretario de Ingresos y titular del Sistema de Administración Tributaria) haya cometido, como secretario de Finanzas, la pifia de embarcar 25 millones de pesos en efectivo, vaya usted a saber para qué fines –¿de blanqueo?, ¿electorales?–, simplemente no se explica. A menos, claro, de que el mal que Herrera le diagnosticó a su delfín sea, para colmo, contagioso.
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