Los periodistas también sufrimos lo nuestro durante aquel período negro. Recuerdo que acompañé a diversos directores de periódicos en un plantón ante el Palacio de Gobierno de Tuxtla, exigiendo el fin de la persecución contra el cotidiano “Cuarto Poder” que había cometido el inmenso pecado de presentar las pruebas sobre la ausencia de título profesional del mandatario, lo que planteaba su perfil de farsante. Roberto Domínguez, mi amigo, me entregó la documentación y no sólo eso, también infinidad de pruebas sobre malversaciones injustificadas y persecuciones sin sentido. A Conrado de la Cruz Morales, hijo del director del periódico mencionado, lo encarceló aduciendo que en una discoteca vendía drogas. Nunca se pudo corroborar el hecho. Mientras su padre, Conrado de la Cruz Jiménez, cuya amistad me honró hasta el final, debió permanecer en el exilio para vadear la ruin persecución de Salazar y de Mariano Herrán Salvatti, entonces procurador estatal que pretendió erigirse en Fiscal General para mantenerse más allá del sexenio deplorable.
El actual gobernador, Juan Sabines, me contó que, pocas semanas después de su asunción al gobierno, decidió liberar, porque no había causa punible, a Conrado hijo. De inmediato, el tal fiscal Herrán se le acercó para decirle que era un grave error dejarlo suelto porque, seguramente, se vengaría. Y algo más: El propio ex gobernador Salazar telefoneó a Sabines y le dijo, en tono agrio y hasta áspero:
--Mira Juan: no se vale. Tú formaste parte de mi gobierno y debes ser leal. ¡No dejes salir a Conradito, carajo! Yo lo mantuve allí y sacarlo es como si me atacaras a mí.
Sabines, según su versión, no perdió la serenidad y respondió:
--Mira, Pablo: no te olvides que el gobernador ahora soy yo. Y voy a decirte algo: Es la última vez que me hablas en ese tono y que te respondo a una llamada.
Pese a ello, Sabines no dejó de reunirse con Salazar, siguiendo las sendas institucionales. A distancia, siempre, pero con tranquilidad. El hecho que conozco concierne a las múltiples peticiones que se formularon para proceder contra Salazar. Recuérdese que, por su negativa a acceder a la liberación de Conrado de la Cruz Morales, los diaristas de más de 50 cotidianos del país decidimos designarlo “enemigo de la libertad de expresión” y había pruebas suficientes para ello. Este columnista, insisto en ello, fue testigo de los encuentros y del tono con el que Salazar, prepotente, respondía a nuestra solicitud: La de salvar “Cuarto Poder” para evitar una afrenta contra el periodismo.
Allí estaba igualmente el rollizo Herrán Salvatti, quien me repetía que había auxiliado a mi hijo mayor en la elaboración de su tesis profesional sobre “el negocio” de las drogas. Como si tal me comprometiera a permanecer del lado del gobierno chiapaneco mientras estuviera él dando la cara. Le expliqué lo que he contestado siempre cuando se presenta un dilema entre cualquier diario y el poder público:
--Soy periodista y, como tal, no cesaré en la defensa de un periódico cuando sea acosado desde el gobierno. En un diferendo así, por vocación, sacaré la cara por mis colegas y no por los perentorios mandantes, que no mandatarios. En el caso de Chiapas y en cualquier otro.
Bien saben mis directores y amigos, de todo el país, cuál ha sido mi comportamiento al respecto a través de estos difíciles años de lucha contra los farsantes que creen que la democracia consiste en no recibir críticas e igualmente, más atrás, con cuantos se enfurecían porque no podían comprar, editorialmente, a quienes les cuestionaban empeñados en defender su libertad. Fueron muchos los episodios y prometo narrarlos pronto para dejar asentada, de manera muy clara, la dimensión de la batalla en pro de la libertad de prensa. Ya son muchas décadas y, por desgracia, los incidentes, cada vez más graves, se siguen produciendo.
En un país en donde se mantiene el “récord” de periodistas asesinados, incluso por encima de los niveles de las naciones en guerra abierta –en México la tenemos pero se disimula bajo la cortina de humo de las persecuciones a los criminales-, no puede alegarse que no tiene ninguna importancia una conducta como la del represor Salazar quien ahora, envalentonado, se permite el lujo, desde la cárcel, de conceder entrevistas y realizar investigaciones –según dice- sobre lo mismo que hizo él en su momento: Supuestas desviaciones de fondo del erario estatal. De ser así ¿cómo explica que los “represores”, quienes le mantienen en prisión siguiendo la senda de la justicia, le permitan acceder a la opinión pública cuantas veces quiere y con no poco dinero en mano, y exponer libremente, aunque sea rehén, sus puntos de vista? Me imagino a los tantos cubanos, presos políticos de verdad, quienes sufren la privación de sus derechos, contando con tales privilegios. Y la comparación la hago, con dolor, para poner las cosas en su sitio.
Debate
Pablo Salazar no tiene, no debe tener salidas. Preocupa, en un país con tantas divergencias y riesgos latentes, que la aplicación de la justicia tenga el sabor de las complicidades. Por ello, claro, desde el gobierno central le llegó al ex gobernador de Chiapas un amparo sobre la acusación sobre los crímenes por negligencia cometidos contra los niños de Comitán, abandonados a su suerte. Los testimonios son abundantes y contundentes. De viva voz los escuché en mi visita a Chiapas. Como también otras denuncias, infinidad de ellas, unas horas antes de que fuera capturado el ex mandatario.
Indigna que el señor Salazar Mendiguchía, apoyado por Dante Delgado y otros cercanos a Andrés Manuel López Obrador, estuviera merodeando para obtener una “senaduría segura”, sin requerir hacer campaña, de acuerdo con las listas plurinominales. Más que se le siga viendo como aliancista cuando fue capaz de traicionar a todos. ¿O ya olvidó Andrés Manuel cuando puse en su mesa los opúsculos “informativos” de Salazar en los que, en la portada, destacaba la figura del presidente Fox? ¿Recordará lo que me respondió al ver la imagen? Andrés me dijo:
--Vaya con éste. Ahora está con el “grandote”. No tiene vergüenza ni lealtad.
Y en Tuxtla vivía y trabajaba Pío, hermano del candidato perredista, quien me fue presentado precisamente por Conrado de la Cruz Jiménez unos días antes de exiliarse para salvar su libertad injustamente amenazada. Sabía, entonces, perfectamente, de lo que se trataba. Pero la política da tantas vueltas como las Bolsas de Valores. Y quizá por ello, igualmente, el panismo se movió para asegurar que no fuera a negarse el amparo a Salazar para con ello mermar al gobierno de Sabines e intentar controlar la sucesión de éste. Así es como maniobran los operarios de importación al servicio del PAN: Antonio Solá y Xavi Domínguez.
¿O nos harán creer que el poder judicial federal está exento de sospechas? Basta asomarse al balcón cinematográfico de “Presunto Culpable” para corroborar lo contrario. Y es a éste al que apuesta Salazar para intentar redimirse haciendo valer los compromisos pecuniarios con varias de las estrellas del contaminado firmamento periodístico.
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