Por: Guillermo Garza De La Fuente
coordinador de Carreras Jurídico-Administrativas
de la Universidad La Salle Saltillo
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Durante la semana que recién acaba de concluir, el Fondo Monetario Internacional (FMI) informó sobre sus perspectivas de crecimiento económico mundial. En este sentido, llamó poderosamente la atención la revisión a la baja de este, respecto a su última estimación realizada en septiembre del año pasado. Para el presente año, el FMI recortó su estimación de crecimiento para todo el mundo del 4% previo hasta un 3.3%. En particular, el organismo financiero internacional señaló a Europa como el gran lastre de la economía mundial, previendo incluso que el viejo continente entre en 2012 en una suave recesión.

Aunada a esta nada agradable noticia, se sumó el reporte del Banco Mundial (BM), organismo gemelo del FMI, emanados ambos en la postguerra. En su último informe de proyecciones económicas, se señala que “la economía ha entrado en una fase muy difícil”. A este respecto, el BM corrigió a la baja la proyección previa de crecimiento global a 2.5% desde el 3.6% previo. Lo anterior en reacción a la debilidad de las economías de la zona euro y la inminente recesión que asecha al bloque de la moneda única.

Por otra parte en su decisión de política monetaria, el Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos, anunció que mantendría inamovibles sus tasas de interés - que están actualmente en niveles históricamente bajos - hasta el año 2014. Dicha decisión se toma como una medida para tratar de impulsar la todavía débil y lenta recuperación de la mayor economía del mundo.

Una recesión en Europa y el agravamiento de su crisis de deuda, tendría serias repercusiones en México. Una moratoria de pagos de Grecia u otro país en problemas de deuda, traería implicaciones para el sistema bancario europeo, principal acreedor de las deudas soberanas. Lo anterior, implicaría para las filiales mexicanas de los bancos europeos, que tuviesen que aportar mayores recursos a sus matrices en el viejo continente para solventar el deterioro en sus balances. En nuestro país, esto se traduciría en una contracción del crédito, poniendo en severos aprietos a las empresas mexicanas.

La mejor forma de prepararnos como país, ante una eventual embestida de una recesión europea, es manteniendo los sólidos fundamentales macroeconómicos e implementando las reformas estructurales que nuestro país requiere con carácter de urgencia, mismas que los legisladores de oposición se niegan a aprobar por anteponer intereses políticos a los de la nación.

Nuestra economía se encuentra atrapada y secuestrada. Atrapada entre los efectos de una probable recesión en Europa y sus daños colaterales a la economía global. Y secuestrada por los intereses mezquinos de los políticos que nos privan a los mexicanos de un mayor nivel de vida que nos darían las reformas estructurales que México necesita.

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