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Imagínese la siguiente película: usted es Javier Aguirre, le acaban de contratar como técnico de la Selección Mexicana, que está metida en una de sus crisis para calificar al siguiente Mundial. Usted tiene la mejor de las intenciones de mejorar en los aspectos esenciales, de corregir el rumbo en todos los “detallitos” que fallaron en el proceso de Eriksson.

Cuando estuvo en su nombramiento como timonel nacional se le hizo un poco exagerado que todos los periodistas le veían como el “genio de la lámpara”, pero no dijo nada porque no hubo tiempo en medio de tanto halago, inclusive los directivos se empeñaron en hacerlo parecer la respuesta a todas las oraciones, alguien hasta se animó a decir que si tenía la fortuna de ser saludado por usted se llenaría de magia y se ganaría el premio gordo de la lotería.

Usted es el “Vasco” Aguirre, pero no sabe cómo dirigir a varios de los jugadores más conflictivos en el futbol mundial como el “Kun” Agüero o Diego Forlán (le metieron una “puñalada” que le costó su trabajo en el “Atleti”). Y en esta ocasión cuando todo parece genial en el “Tri”, cuando todos le ponen atención y parece que dirigirá más libre que en otras veces, la Comisión de Selecciones le entrega una lista de jugadores (no importa que usted haya pensado en otros, para el primer llamado) que acudirán a su convocatoria, y una lista de los que tendrá la obligación de poner en la cancha. Si podía escoger a 25 futbolistas, ya sólo puede echarle un telefonazo a 7 (el resto son los “sugeridos” por los dueños del balón). Si alinearía a los 11 mejores del momento, defina cuáles serán los 5 de su gusto, porque los otros 6 ya le dijeron quiénes son.

¿Por qué acontece eso? Usted ya sabe la respuesta así que no es insistente: los promotores de los futbolistas consiguen patrocinios millonarios para algunos futbolistas con algunas marcas de renombre, así que de esa cantidad, un porcentaje de billetitos van para el jugador, otro para el equipo que lo “presta”, otro para la Federación y otro para el técnico que esté en ese momento (y claro, ¡una parte para el mencionado promotor!).

Así que cuando la fanaticada se pregunta, “¿por qué llevó a esos y no a otros?” Usted ya tiene la respuesta cuando todos se interrogan por qué juegan los mismos “maletas” aunque no le ganen ni a Trinidad y Tobago de visita y tengan una actitud de divas insoportables. Usted ya sabe que no podrá hacer otra cosa, que el negocio es más fuerte que el remordimiento de no hacer bien las cosas. Y lo más importante, usted ya sabe que no podrá ser distinto. ¡Qué feo escenario! ¿Verdad? Lo bueno es que se trata de una ficción y nada tiene que ver con la realidad.

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