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Gerardo Hernández
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17 Febrero 2017 04:00:00
Universidad bajo asedio
Jaques Benigne Bossuet (1627-1704), obispo e intelectual francés, decía que “La política es un acto de equilibrio entre la gente que quiere entrar y aquellos que no quieren salir”. El aforismo explica por qué la sucesión estatal inició 3 años antes y sin embargo aún no hay nada para nadie. Las fuerzas que impulsan la primera alternancia son mayoritarias, pues no sólo representan a partidos, sino también a agentes y sectores sociales y políticos cada vez más amplios; incluso los hay dentro del mismo Gobierno. La Universidad Autónoma de Coahuila forma parte del equilibrio, presente y futuro. Por ese motivo, la rebelión estudiantil en la Facultad de Jurisprudencia se sofocó de inmediato.

Luis Efrén Ríos, el director defenestrado, se despidió el miércoles del Consejo Directivo de la institución. Su posible reemplazo, mientras se celebran elecciones, es José Ángel Rodríguez. Su padre, del mismo nombre, fue directivo del grupo de televisión y de radio RCG, y desde hace varios años maneja empresas del mismo ramo. Su hermano Diego es secretario particular de David Aguillón, el polémico y omnímodo exlíder del PRI y actual presidente de la Fundación Colosio. El candidato oficial para la dirección de Jurisprudencia es Alfonso Yáñez Arreola, secretario particular del gobernador Rubén Moreira.

Para lograr su objetivo, Yáñez tiene que vencer dos obstáculos: 1. El estatuto universitario que establece como condición, para ocupar una posición de autoridad, no ocupar “desde un año antes, al día de la elección, un cargo de poderes de decisión o representación en: I Los gobiernos federal, estatal o municipal y sus organismos, empresas y dependencias. (…) (Artículo 25); y 2. A un alumnado inconforme por la manera como se ha manejado la facultad en los últimos años. El primero lo puede salvar, aun en contra de la norma, pero el segundo, no.

En columnas anteriores advertí que la salida de Luis Efrén Ríos había sido contra la voluntad del gobernador Rubén Moreira, sin cuyo apoyo no habría llegado a la dirección ni gozado de plena libertad, incluso por encima del rector Blas Flores. Ahora tengo dudas sobre esa apreciación. Resultaba obvio que en los últimos meses de su gestión, lo que menos le convenía a Moreira era un conflicto en la UAdeC de mayores proporciones, máxime a unos meses de las elecciones del 4 de junio.

La cuestión es hasta qué punto el gobernador estaba satisfecho con el desempeño de Ríos, quien no sólo puso énfasis en uno de los temas preferidos de Moreira –los derechos humanos–, otro de los motivos de la rebelión, y en las relaciones de Jurisprudencia con universidades de España, sino que también las extendió a Italia, en otro plano. El hecho de que dos figuras cercanas al poder –Rodríguez y Yáñez– se proyecten para tomar el control de la facultad refleja cálculo político. Otra hipótesis es que Ríos haya caído de la gracia del gobernador por haber reactivado relaciones con figuras de la oposición, lo cual, con la sucesión a flor de piel, es anatema. Hoy todo el mundo espía a todo el mundo.

Para concluir: algo grande se cocina en la UAdeC en el marco de unas elecciones inéditas. La Universidad representa poder, presupuesto, transexenalidad. Y la enseñanza, por cierto, ¿dónde queda? ¿No es hora, ya, de respetar su autonomía y rescatarla de facciones políticas para que vuelva a su origen?

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