El difícil 2010 toca a su fin, en tanto asoma a la puerta un nuevo periodo en el cual comenzar a escribir una historia inédita a partir del día primero. Este estreno lleva a desplegar un abanico de esperanzas que esperamos ver cumplidas, sabiendo que es precisamente la esperanza es el motor que mantiene en movimiento al ser humano.

Lo experimentado en ocasiones anteriores nos indica que a la vuelta de unas cuantas semanas del nuevo año, los propósitos personales comienzan a diluirse, y algo parecido sucede con los objetivos ciudadanos que nos planteamos al arrancar enero: La inercia nos lleva a retomar viejos caminos, para hallarnos en poco tiempo igual o peor que como estábamos antes de iniciar el año nuevo.

Para México el cambio es asignatura urgente, puesto que la violencia nos gana.

Dado su origen socio-cultural, la solución es de tipo educativo, civil y no penal. Los años que habrá de requerir este proceso transformador representan el gran desafío, pues todo desarrollo se consolida a través del tiempo; el problema es gigantesco, y de este tamaño habrán de ser los esfuerzos para modificarlo de raíz, requiriendo quizás unos veinte años observar cambios significativos. Mal haríamos en sentarnos a esperar que las cosas sucedan por ellas mismas; nos corresponde como sociedad ir desarrollando ese gran objetivo, cada cual desde su pequeña parcela, hasta lograr la meta. Es un asunto grave que no admite interrupciones de uno a otro sexenio; se trata del patrimonio de diversas generaciones, y lo que un gobierno inicia a favor de la educación, su sucesor tiene obligación moral de continuar. Revisar sí, adecuar sí, pero definitivamente despojarnos de esa perniciosa costumbre del borrón y cuenta nueva cada seis años cuando un flamante Tlatoani llega al poder.

En la vida personal de cada cual nos corresponde comenzar a cambiar las cosas al compás de “uno por uno”. Los grandes cambios inician mediante pequeñas acciones, y de esta manera nos corresponde cambiar un gesto arisco por una actitud empática; una palabra lesiva por una respuesta neutralizadora; un pensamiento negativo por uno que otorgue el beneficio de la duda a los demás. No hablamos de transformaciones radicales de tajo, no nos referimos a las acciones exageradamente publicitadas que tantas veces quedan en eso, en simples peroratas. Se trata de acciones cotidianas de cada uno de nosotros, comenzando en el hogar, para seguir entre vecinos o compañeros de trabajo. Pequeños gestos al ir conduciendo, al hacer fila, obsequiando esa pequeña cortesía que nada nos cuesta y mucho logra a favor del ambiente.

Nuestro país comenzará a cambiar cuando yo deje atrás mi ego hipersensible y comience a tratar a quienes me rodean como yo quisiera ser tratado. La amabilidad no tiene garantía de ser correspondida de inmediato; muy probablemente yo sea gentil la primera vez, sin recibir algo similar a cambio.

Seré gentil una segunda vez y quizás tampoco sea gratificado. Vuelvo a ser gentil una tercera…y sólo a la vuelta del tiempo se irá gestando un cambio, que vendrá a manifestarse más adelante, y no precisamente en beneficio directo mío sino de un tercero.

Al ritmo de uno por uno, partiendo de mi amor propio, cuando me amo lo suficiente como para ser tolerante con aquél que responde mi gesto amable con uno hostil. A pesar de su aparente enojo yo sigo contento con la vida, puesto que encuentro suficientes motivos para sentirme de ese modo. Él por su parte ha de tener una existencia difícil, no consigue permitirse otro tipo de emociones, pero aún cuando no lo manifieste, mi actitud amable hará lo suyo en aquella persona, y de alguna manera el saldo de su vida será más positivo por mi intervención.

Uno por uno contentos con la vida, visualizando los escollos como nuevos desafíos a la imaginación y a la voluntad. Uno por uno contagiando a otros la armonía que albergamos en nuestro interior; sin desánimo, sin cejar en nuestros intentos, simplemente porque es la actitud que de manera natural nos inspira la vida misma.

Para el 2011 ir cambiando uno por uno: Entre enfocarnos a lo negativo o lo positivo, ser positivos. Entre el enojo y la alegría, ser alegres. Entre el desánimo y el entusiasmo optar por este último. Con el suficiente amor propio para no requerir gratificaciones del exterior para sentirnos contentos; todo es cuestión de enfoque y un poco de perseverancia para conservar esa actitud frente a la vida.

Nuestro México está enfermo en su entramado interpersonal, la violencia amenaza como un terrible cáncer social, y se requiere con urgencia de un tratamiento profundo de raíz. Comencemos el largo camino a nuestros pies, al compás de uno por uno. ¡Feliz año nuevo!

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