La transformación de los órganos electorales, a partir del salinato trágico y por decisión del entonces mandatario para buscar la legitimación que no había tenido en las urnas, produjo un entorno distinto aunque el fondo poco varió. Ahora son las grandes cadenas de televisión privada las que se llevan el gato al agua, con los recursos propagandísticos de los postulantes, mientras los cotidianos reciben, más bien las migajas, siempre y cuando, claro, acepten seguir, mediando acuerdos soterrados, las líneas oficiales. Es muy sencillo descubrir a los informativos sesgados: Basta con reunir los descocados elogios hacia figuras tan controvertidas como Genaro García Luna –quien seguramente será postulado a un sitio en la próxima Legislatura para blindarlo con el fuero constitucional-, para saber el origen y los efectos de los pecados oscuros del maridaje con el poder público. Y así, en la misma cuenta, pueden precisarse quienes apuestan por cada una de las apuestas partidistas en este largo andar hacia Los Pinos -Xibalbá, para los mayas, donde comienza el “inframundo”-.
Por cierto, de la residencia oficial, desde hace ya muchas décadas, no sale nadie prestigiado pero, a cambio, surgen los tremendos demonios que dominan a los ególatras por la creencia de éstos de haber ganado la historia. Es ésta una de las tesis de “Nuestro Inframundo” -Jus, 2011-, que ha causado tanto escozor entre los hipersensibles panistas que dominan la escena nacional, muy por encima de la incomodidad causada a priístas y perredistas en fase de asimilar las críticas para no parecer “tan intolerantes”. La piel de la derecha debe ser tratada, al parecer, como si se tratara de la de los aristócratas de sangre azul que ya no debieran tener cabida en el mundo moderno de las democracias. El caso de España, que tendrá elecciones generales el próximo domingo, es sintomático de ello.
En alguna ocasión, el senador Manlio Fabio Beltrones, con motivo de las tareas de campo para mi libro “2012: La Sucesión”, me contó la sacudida del ex presidente del gobierno español, Felipe González Márquez, cuando hablaban ambos de la estabilidad de sus naciones y los secretos no divulgadas sobre la operatividad de las mismas. González, al fin de cuentas, le expresó a Beltrones:
--La verdad es que yo no sé cómo funciona el parlamentarismo y la democracia bajo el palio de los monarcas. Pero, eso sí, funciona.
Con ello aceptaba, igualmente, la argumentación sobre la hegemonía priísta –“un traje cortado a la medida de los mexicanos”, como decían algunos de los ideólogos del partido-gobierno-, injustificable en la teoría pero muy rendidora en la praxis, sobre todo porque, como definió el ex gobernador de Veracruz, Fidel Herrera, cuando acariciaba el sueño de andar hacia Los Pinos, el PRI atesora la “costumbre de gobernar”, bastante menos grave –aunque no por ello disculpables las atrocidades cometidas-, que la ausencia notoria de gobierno, apreciada por los innumerables vacíos de poder que la inexperiencia, incultura y torpeza de los mandos han cedido a las mafias dominantes. No es que el presidencialismo sea menos autoritario –jamás se había visto, por pudor elemental, que el Mandatario federal en ejercicio diera el visto bueno para que su hermana cursara una campaña, desventajosa para sus adversarios, en pos de la gubernatura en una entidad forjada al calor de la izquierda y no del conservadurismo-, sino sencillamente sucede que los panistas no saben cómo se mueve, a once años de haberse encaramado a la Presidencia, el sistema en su conjunto... pero, eso sí, ya pueden alegar, como el español González Márquez, que funciona.
¿Será la clave la resistencia patológica de los mexicanos? ¿O la desarrollada capacidad para simular de la clase política de cualquier fracción? El hecho es que, cuando hemos visto en los días recientes, confirma la preeminencia del presidencialismo con apenas acotaciones surgidas de los contrapesos, como la crítica, cada vez más temida por incontestable. ¿Es ésta la razón de fondo para explicar la censura a “Nuestro Inframundo”, bloqueando la distribución del mismo y haciéndolo desaparecer rápidamente de los centros de ventas?
El asunto está ya en manos de la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos contra la Libertad de Expresión, una instancia en la que sigo confiando, siquiera como uno de los aportes dignos de una sociedad atenaceada por la censura y la brutalidad represora. Lo grave del asunto es que cada que cae un periodista, se señala hacia las mafias, los cárteles y secuestradores, para explicar las tragedias dentro del entorno general de violencia. Un estupendo camuflaje para todos aquellos que, desde el poder público, no quieren ser desnudados. La violencia nos perjudica a todos por igual.
Debate
Fíjense: cuando comenzó a especularse sobre quienes serían los candidatos presidenciales, hace poco más de un año, reveían claro los rostros de Enrique Peña Nieto, priísta, y de los perredistas Marcelo Ebrard y Andrés Manuel López Obrador, a quien se consideraba con un pie fuera del partido que le impulsó hacia su liderazgo. Los postulantes del PAN, el partido en posición de la Presidencia, se veían francamente difusos. Esto es: Lo anodino de los secretarios de Estado, los más cercanos a Calderón, produjo el fenómeno de que el PAN se convirtiera, en esencia, en el viejo PRI donde era costumbre anular los liderazgos naturales.
Luego surgieron dos legisladores, el senador Santiago Creel Miranda, frustrado precandidato en 2005, y la diputada Josefina Vázquez Mota quien, con una sonrisa que no le conocimos cuando fue secretaria de Educación por ejemplo, con creciente animosidad hacia la intocable maestra Elba Esther Gordillo, comenzó a ganar popularidad en ausencia de carisma de los dos competidores internos, incluyendo al ex secretario de Hacienda, Ernesto Cordero Arroyo, con apretados compromisos y una extensa cauda de débitos públicos. Pero es éste, Cordero y no Josefina, la carta que garantiza a Calderón la continuidad... de la impunidad. Y en eso estriba la diferencia en quien se encuentra agazapado, temeroso de perder el poder que aglutina, cuando termine el periodo sexenal. Y bien se sabe que en cuanto los candidatos salgan a la campaña formal, la imagen presidencial comenzará a declinar. La fecha es febrero. A tres meses de distancia estamos, cuando Calderón parece sentirse más vulnerable y, por ende, insiste en encontrar y forjar sus propios refugios para contrarrestar lo que se le viene encima.
La situación de Calderón, en cuanto a sus interrelaciones con el Ejército y la Marina, recuerda a Gustavo Díaz Ordaz, en 1968, cuando las Fuerzas Armadas tomaron las calles y pudieron fraguar un golpe de Estado ante la vulnerabilidad de la institución presidencial. Así, ahora, con los mandos castrenses operando sin pausa no sólo en las regiones conflictivas, y un mandatario caprichoso que pretende competir, en niveles gregarios, con los Cárdenas en Michoacán y hacer de esta entidad, de izquierda, su guarida.
La Anécdota
Los Fox ganaron tiempo, perdiéndolo, esto es traspasando responsabilidades y desafíos hacia la administración sucesora.
Calderón, busca ganar tiempo para asegurar su porvenir sin las inquietudes de una persecución política y con suficientes haberes para poder defenderse del acoso inevitable. De allí, repito, la actividad de su esposa, Margarita Zavala Gómez del Campo, y de sus cuñados incómodos, para asegurar el porvenir del clan por décadas. Como si tuvieran, con ello, comprada la existencia.
Tal es la razón por la cual se acotaron los tiempos de campaña. Para darle más tiempo al Presidente antes de la declinación inevitable. Pero, en marzo, los señalamientos serán feroces. Y eso lo sabe Felipe Calderón.
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