Nuevamente están tratando de estafarnos con otro concurso que se burlará de la ingenuidad del público, de nuestra falta de información y nuestra buena fe. Se trata de hacernos creer que vamos a elegir, ahora, la nueva lista de maravillas naturales a partir de una selección de 441 arbitrarias nominaciones que empezaron por Internet en 2007, y que se han ido depurando por un supuesto panel de expertos en la naturaleza encabezados por Federico Mayor, ex director de la Unesco, que por alguna razón se presta para esta feria de vanidades, para obtener las 21 finalistas que, por votación pública que se realizará mediante Internet, teléfono y mensajes de texto, se obtendrá el 7 de julio de este año la lista de “las siete nuevas maravillas del mundo natural”.

Ya nos estafaron en 2007, cuando nos hicieron creer que también por votación obtuvimos una nueva lista de las siete maravillas del mundo moderno, y todo porque a Bernard Weber, un suizo, que es cineasta, aventurero y sin duda hombre de negocios sin escrúpulos, se le ocurrió hacer un espectáculo mediático que incluyó el Internet, la televisión y el teléfono celular para que democráticamente, si a esto se le puede llamar democracia, eligiéramos de entre una lista bastante tramposa de 21 monumentos, escogidos no con el criterio de lo relevante sino de lo conocido.

Una de las maravillas escogidas por el público fue el Cristo Redentor del Corcovado, en Río de Janeiro, en Brasil, y fue absurdo que se haya escogido este monumento, que no tiene más mérito que el de representar a una ciudad y ser un sitio turístico, en lugar de otros que sí son verdaderas maravillas de la humanidad, como, por ejemplo el mausoleo del emperador Qin Shihuang Di, quien no solamente unificó los siete reinos de China y concluyó la Gran Muralla, sino que ordenó la construcción de un gigantesco mausoleo subterráneo de 56 kilómetros cuadrados de extensión, con cientos de galerías, ríos y lagos artificiales de mercurio lleno de tesoros, con todo un ejército en formación de combate, compuesto por 8 mil figuras de terracota, entre las cuales existen más de 7 mil guerreros, 700 caballos y cerca de 400 carros de madera. Incluyendo sus armas reales y todo en tamaño natural.

Y a pesar de que este verdadero portento está enlistado como patrimonio de la humanidad, el negocio no dio para pensar en esa maravilla. Más de 100 millones de personas señalaron por Internet las maravillas que Bernard Weber quiso que fueran, con la obvia oposición de la Unesco, pues este organismo sí hace las cosas en serio cuando señala lo que realmente debe ser patrimonio de la humanidad, pero que se le ha escapado cómo montar un espectáculo mundial, con muchísimos patrocinadores.

¿Sabe cuántas personas dicen los organizadores que vieron por televisión las pretendidas elecciones desde Lisboa, el cabalístico día 7 del mes 7 del año 7? ¡Mil 700 millones de espectadores en 170 países! ¿Y de ellos cuántos conocerían la existencia del mausoleo del emperador Qin Shihuang Di?

Y no todo fue tan transparente en las votaciones mundiales. Nuestro país es un buen ejemplo. A pesar de que el castillo de Kukulcán, junto a todo Chichén Itzá, es sin duda una de las maravillas del mundo, la Secretaría de Turismo de Yucatán y el Consejo Mexicano de Promoción Turística le dio una enorme ayudadita gastando millones de pesos para obtener el premio, contratando un equipo de personas que realizaron llamadas telefónicas día y noche sin cesar.

Lo asombroso no es que ya tengamos las siete modernas maravillas de la humanidad, sino ver cómo se puede engañar a millones de seres bienintencionados sin que se den cuenta ni protesten por ello. Y que de nueva cuenta y sin mayores protestas vuelvan a caer en el fraude orquestado por el aventurero suizo que nos hará creer que solamente hay, en el mundo natural, siete maravillas.

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