En línea semejante los grandes debates aguardan. De repente llegan las modas, como la exaltación de los grupos homosexuales para sentirse vanguardistas y a la cabeza de las tendencias actuales –por algo, Marcelo Ebrard fue llamado el mejor alcalde del mundo a la cabeza de una ciudad anárquica y violenta aun cuando se repita la falacia de que algunas otras regiones del país le aventajan en el renglón-, aun cuando, al mismo tiempo, otras cuestiones fundamentales están estigmatizadas desde su planteo, como si fuera satánico su tratamiento y quienes aportaran algo fuesen reos perennes del desprecio público: Al aborto, entre ellos, y también cuanto se relaciona a la legalización de la producción, tráfico y consumo de los estupefacientes, un tema que en las universidades se plantea desde hace décadas.
Ya he citado, en este espacio, al conocido maestro, Modesto Seara Vázquez, ahora empeñado en fundar campus universitarios en Guerrero con gran éxito, quien, como tratadista de Derecho Internacional, tanto Público como Privado, insistía en la urgencia de tomar medidas para disminuir los riesgos de una conflagración criminal, y multinacional, alrededor del tráfico de estupefacientes. Para él, era imperativo, desde la lejana década de los setenta, crear una normativa para posibilitar el mercadeo de las drogas creando programas alternos destinados a la rehabilitación paulatina de los adictos. Y en Madrid, hace poco menos de un lustro, se llegó al extremo de crear miniclínicas urbanas para el tratamiento de los drogadictos en donde incluso se les proporcionaba las dosis de estupefacientes necesarias para el equilibrio emocional de los enfermos, reduciéndolas paulatinamente bajo control especializado. El programa, desde luego, tuvo éxito y ahora, sin que el fenómeno haya sido erradicado, es menos frecuente la lastimosa visión de las jeringuillas esparcidas por los andenes del Metro.
En el mismo tenor, el presidente del llamado País Vasco, Patxi López, surgido de una convergencia de partidos regionales que terminó con la hegemonía de los “nacionalistas” empeñados en separarse de España por las vías pacíficas –mientras el ETA hacía lo propio con violencia y descocada crueldad-, sugiere ahora un proyecto que posibilite el cultivo de la canabis con el fin de abaratar su costo y desinteresar a cuantos hacen de esta mercancía un recurso oneroso altamente redituable por la persecución oficial de la que es objeto. A la vista de todos, en cambio, se abatirían sensiblemente no sólo los gastos invertidos en el seguimiento y confinamiento de los cárteles y “capos” sino igualmente el número de víctimas inocentes de una guerra que, por el momento, van ganando los delincuentes sobre todo en países, como México, en donde se acusa a éstos hasta de intervenir directamente en la resolución de las controversias electorales cuando éstas no benefician a la clase gobernante. Así sucedió en el caso Michoacán en donde la familia presidencial, como la Real española, confrontan una crisis gregaria de muy altos vueltos bajo el signo de la derrota.
¿En dónde han estado los legisladores mexicanos, a lo largo de más de cuatro décadas, para tomar al toro por los cuernos y definir derroteros en torno del flagelo que ha dejado ya, en el periodo de Felipe Calderón, entre cuarenta y sesenta mil víctimas de acuerdo a listados distintos, oficiales y periodísticos, que demuestran per se las altísimas facturas que ha tenido que pagar la sociedad mexicana para posibilitar la presunción de que el gobierno cumple al no negociar con los facinerosos. ¿Por qué, entonces, se facultó a Juan Camilo Mouriño Terrazo, al arranque de la administración calderonista, para que fuera él quien fungiera como mediador con los grandes zares del vicio para llegar a un acuerdo razonable en el que no se pusiera en jaque a la gobernabilidad? Luego de la tragedia del mencionado Mouriño, el proyecto cambió con los resultados dantescos que ya conocemos y, peor aún, con la intención de embarrar a los contrarios con el barro de la inmundicia propiciada por los propios cuadros oficiales del presente.
Mientras Calderón deambula, por aquí y por allá, extremando sus dislates a la par con algunos postulantes del PRI, el PAN y el PRD –todos juntos como en la perinola-, las conflictivas permanecen. No han disminuido, en un solo gramo, las “exportaciones” de drogas hacia los Estados Unidos pero sí, en cambio, el país, casi en su totalidad, se ha descompuesto con infiltraciones perniciosas a los cuadros políticos sin distinción de partidos: Desde el priísta quintanarroense, Mario Villanueva Madrid –quien fue muy amigo, por cierto, de Pedro Joaquín Coldwell-, hasta el perredista michoacano Leonel Godoy Rangel, pasando por el “panista” –aunque esté en duda actualmente su filiación-, Luis Armando Reynoso Femat, de Aguascalientes. Ninguno se salva en el mar proceloso de la corrupción y el dinero fácil.
Debate
La desnacionalización globalizadora avanza igualmente por los caminos delineados por los grandes corporativos multinacionales a quienes estorban las fronteras y las idiosincrasias diversas. Hace unos días, el presidente saliente de España, José Luis Rodríguez Zapatero, en plan de cubrirse las espaldas, concedió una entrevista al ABC madrileño, en donde se concentraron sus críticos de derecha más acérrimos, en donde volvió a plantearse el debate sobre el concepto de nacionalismo, admitiendo haberse equivocado al mencionar su inutilidad e inexistencia en su condición de jefe del gobierno español, en una región en donde los regionalismo–s se exacerban hasta en los juegos de balompié. Los catalanes, por ejemplo, usan a su equipo de futbol como punta de lanza de sus afanes independendistas a la par con la burda prohibición a las corridas de toros que niega sus propias tradiciones. Y ganan terreno sobre los pantanos del absurdo o de la negación histórica soez.
Dijo igualmente el señor Rodríguez Zapatero –“a tus zapatos”, le ordenaron los votantes españoles durante los comicios de mayor calado contra la izquierda desde el “inicio” de la democracia que marca la muerte de Franco en 1975-, que cualquier maestro de ética o de historia podrían plantearse el dilema pero que él, en su condición de presidente, no debió hacerlo para no exacerbar, como lo hizo, los afanes desbordados de los regionalistas que claman por bastante más que simples autonomías mientras –y he aquí lo absurdo- se pronuncian por consolidar la Unión Europea –distanciándose de España, claro-, como un amago de la balcanización que puede tocar las puertas de todos los países en crisis, incluyendo México, a la menor provocación. ¿O acaso nuestro peculiar mosaico plural es indemne a los achaques de nuestro singular sistema político en donde caben todos... menos los ciudadanos?
Para México, la barrera nacionalista es fundamental para preservar lo que nos resta de soberanía ante el gran gigante continental. Distraernos de este punto podría resultar fatídico y nos pondría en una especie de estado de invernación, bajo el dominio del norte. Un peligro demasiado cercano si consideramos las “advertencias” del texano Rick Perry sobre una invasión con disfraz de cooperación binacional.
Sobre este tema también deberían estar enfocados quienes aún se consideran postulantes a la Primera Magistratura en vez de debates insulsos y chismes de twiteers que sólo conducen al ridículo.
SIGUE ESTE COLUMNISTA AISLADO EN MATERIA CIBERNÉTICA POR INSTRUCCIONES DE GENARO GARCÍA LUNA, SECRETARIO DE SEGURIDAD PÚBLICA. TÓMENLO EN CUENTA LOS AMABLES LECTORES.
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