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Si el PAN se une al PRD en varias entidades del país, aun cuando la izquierda enarbola el pendón contra la ilegitimidad política de origen de Felipe Calderón, es porque así evita que el PRI paladee las mieles y se relama los bigotes según certera expresión de César Nava Vázquez, el dirigente nacional panista creado a imagen y semejanza de su jefe, el mandatario en funciones. Una sentencia por demás infortunada porque con ella, sin duda, admite la incapacidad propia para encontrar la senda de la victoria en la tercera parte de los estados del país en los que habrán de renovarse gubernaturas.

El numen de las coaliciones es, por supuesto, el imperativo de sumar fuerzas con otra corriente partidista, aun cuando no existan confluencias ideológicas ni visiones similares sobre el destino patrio, para atajar y, en su caso, superar a un PRI recio en los feudos regionales contra el viento y la marea de los nuevos tiempos y los clamores de cambio. Esto es: el PAN, tras una década de su victoria nacional y la cuestionada reválida de 2006, sigue obrando como un partido opositor y, como tal, aun cuando mantiene el feudo presidencial bajo el resguardo militar, prioriza el combate electoral contra el priísmo al que los Fox, ella y él naturalmente, dijeron haber sepultado a golpes de paletadas demagógicas.

Conversé, hace días, con Roy Campos Esquerra, fundador de Consulta Mitofsky, una de las encuestadoras más relevantes por sus coberturas y su capacidad difusora, a través de Televisa sobre todo. Y, aun cuando el encuentro formaba parte del cierre de mi próxima obra editorial, “Por mis Fueros”, en la que me asomo al balcón del presente mexicano para otear hacia el futuro, no pudimos sustraernos de lo inminente: Esto es de la importancia estratégica del año en curso.

Dos visiones iniciales van a la par con los “destapes” recientes de candidatos y los consiguientes momios estatales:
1.- El otrora partido invencible, el PRI, condenado por la aviesa corrupción y el terrible amafiamiento de sus cuadros, anquilosado y visto en su supuesta “fase terminal” como un valladar contra la tendencia universal en pro de la democracia, es en este momento, y según las encuestas de Mitofsky, “el partido menos rechazado” por los presuntos electores ante el incontenible desprestigio de las dirigencias adversarias. El retorno no se da por generación espontánea sino como doloroso efecto de las inercias del PAN, incapaz de evolucionar a pesar de haber conquistado dos veces la Primera Magistratura, y del PRD, sujeto por la dualidad de mantenerse como resistencia y formar parte del Gobierno al que no reconocen retóricamente.

2.- El PRI, supuestamente liquidado en 2000 según se cansaron de expresar los Fox sin la menor visión de futuro, arranca como favorito en los doce procesos renovadores de gobiernos estatales. Y ello considerando las coaliciones que, supuestamente, tenderán a reducir ventajas extremas y elevar la competitividad de las oposiciones unidas sin otra razón que la de intentar liquidar, de acuerdo a sus palabras, los cacicazgos regionales... como si perredistas y panistas no ejercieran igual en los feudos por ellos conquistados. Obsérvese el nepotismo de los perredistas y peteístas en Zacatecas y Michoacán, por ejemplo, y la misma tendencia entre los panistas de Guanajuato, Jalisco, Aguascalientes y las demás entidades en donde han sentado reales.

Curioso: Una década después de haber sido desplazado de Los Pinos, es el PRI el que actúa como partido gobernante y se apresta a dar la batalla contra las coaliciones formadas en su contra y con el afán de interrumpir el vuelo del Ave Fénix hasta su consumación en 2012. Y el PAN, como partido usufructuario de la Presidencia de la República, procede como si no fuera garante de la administración federal a la que sus virtuales aliados, el PRD, el PT y Convergencia –lo serán, cuando menos, en cuatro entidades-, no sólo desconocen sino señalan como espuria, fraudulenta. Ni el decoro se salva.

Otro tanto sucede con los postulantes llevados de la mano por las coaliciones superfluas: Gabino Cué, en Oaxaca, surgió del extremo liberal del priísmo hasta que fue marginado por el cacicazgo gubernamental exaltado por José Murat y Ulises Ruiz, tal para cual; José Rojas Aispuro, de Durango, también desprendido del priísmo, dista de ser perfil del conservador alineado a la derecha; Rafael Moreno Valle, en Puebla, no parece panista, dada sus banderas y su “elbismo” -esto es como reconocido asesor de la intratable “novia de Chucky”-, bajo las reglas del viejo e insondable corporativismo; y sólo Xóchitl Gálvez, en Hidalgo, saca la cara por el PAN así sea cortada con las tijeras del foxismo que se sentía superior a su partido.
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