QUERIDA ABBY: Estoy escribiendo sobre la carta que publicó de “No tengo ni idea en Nueva York” (10 de septiembre), cuya amiga “Pam” dejó de hablarle sin ninguna explicación. Hace tres años, un miembro de mi familia “Trish”, nos hizo eso a mi marido y a mí. Tratamos de averiguar que habíamos hecho, pero el marido de Trish – el hermano de mi marido - siguió dando excusas e insistiendo en que todo estaba bien.

Trish me había dicho previamente que había excluido a personas de su vida, así que supongo que esto es sólo algo que ella hace. De todos modos, me duele.

Ella y su esposo fueron muy amables y serviciales con nosotros cuando nos mudamos a esta zona. Yo valoraba su amistad y le tenía un gran respeto. Incluso ahora siento más dolor y tristeza por la pérdida de Trish en nuestras vidas que el coraje hacia ella.

“No tengo ni idea” no debe tomarlo como algo personal. Lo que ocurrió probablemente es más sobre Pam que sobre ella. -- ABANDONADA EN DIXIE
ESTIMADA ABANDONADA: Estoy de acuerdo y te agradezco tus comentarios. He recibido muchas respuestas reflexivas de los lectores que, como tú, “han estado allí”. Sigue leyendo:

QUERIDA ABBY: Si “No Tengo ni idea” sólo deja las cosas así, su amistad podría sufrir más daño del que podría evitarse. Debe enviarle a su amiga una carta explicándole que no tiene ni idea de lo que podría haber ocurrido para causar la ruptura, que la relación es importante para ella y espera que Pam le diga lo que pasó para tener la oportunidad de resolver el problema.

Dejar que las cosas sigan como están y no ponerse en contacto con Pam podría causar que se enoje tanto que ya no pueda salvarse la amistad. Mejor hablar con su amiga ahora para ver si la situación se puede mejorar, que esperar a que la tormenta se calme por su propia cuenta. – REBECCA EN CAROLINA DEL NORTE

QUERIDA ABBY: En su carta, “No Tengo”, dijo que sus vecinos sospechaban que un problema de infidelidad estaba en el centro de la ruptura. En mi caso, el marido de mi amiga me hizo una insinuación – la cual rechacé. Poco después, ella dejó de hablarme. Cuando amigos mutuos intervenían, ella cambiaría de tema.

Seguí enviándole tarjetas de cumpleaños y Navidad (sin respuesta) y se mudó a varios estados de distancia. Después de unos años, le llamé. Cuando le pregunté cuál era el problema y qué podíamos hacer para resolverlo, me dijo, “¡No puedo lidiar con tu drama!” y colgó.

Abby, la había visto a través de dos matrimonios, un divorcio, la muerte de su padre y muchas otras experiencias estresantes de la vida. Finalmente me di cuenta, como usted ha aconsejado muchas veces en su columna, estoy mejor sin ella. SEGUÍ ADELANTE EN NASHVILLE
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