La organización no gubernamental Human Rights Watch, cuya sede se encuentra en Nueva York, puso en jaque a la administración federal, y en concreto al mandatario Felipe Calderón, al demostrar, con estadísticas en la mano, el indiscutible crecimiento de la violencia en México y la inutilidad de las medidas oficiales tomadas para contrarrestarlas. Como respuesta, tibia y acaso un tanto desinteresada, el huésped perentorio de Los Pinos ofreció tomar acciones para evitar los abusos militares y de los marinos de asfalto, sin comprometerse a nada en concreto como lo solicitaban los visitantes, quienes insistieron en llevar al fuero civil, y no sólo al castrense, los casos en los que miembros de las Fuerzas Armadas han abusado de la población en estado de indefensión.

Sabemos, sí, que las mayores partidas del erario público han sido para cubrir al aparato de seguridad del Estado, privilegiando la construcción de búnkers a catorce metros bajo tierra –incluso en Los Pinos, donde podría refugiarse la familia “presidencial”, con todo y “La Cocoíta”, en un caso de emergencia-, y pese a ello no han dado resultados precisos en el combate contra los grandes intereses de las mafias. Por ejemplo, como ya hemos expuesto, de acuerdo al Departamento de Seguridad Interna de los Estados Unidos, no ha disminuido un solo gramo en las “exportaciones” de drogas hacia el mayor mercado de consumo del mundo, precisamente la potencia vecina. Lo demás ha sido propaganda cotidiana que ha servido para avivar la competencia, primero, los celos, después, y la animadversión ahora, entre el Ejército y la Marina. Como si no fueran pocas las conflictivas a resolver de cara al 2012.

Desde luego, es evidente que a mayores controversias habrá más elementos para contribuir al injerentismo estadounidense. A los del norte desconviene, entonces, la inestabilidad política para hincarle el diente a las grandes empresas nacionales que queden al garete como consecuencia de la combinación de crisis, la interna y la externa, en plena eclosión de demagogia fundamentalista. Nada sería más sencillo que fraguar una invasión disfrazada de cooperación para el caso de que los cauces electorales se salgan de cauce y pongan en jaque no sólo al gobierno sino al país en su conjunto. Y ante ello no parece haber salidas. Al contrario: Estamos encerrados por la dependencia extrema.

El problema de la deuda estadounidense restó los auxilios financieros para el tercer mundo y, específicamente, para un gobierno que se endeuda... para ahorrar en reservas internacionales guardadas en las grandes bóvedas norteamericanas, incluyendo los 4 mil 100 millones de dólares en lingotes de oro comprados no hace mucho para supuestamente diversificar los fondos intocables del Banco de México, como garantía hacia los acreedores internacionales y en contra de los millones de mexicanos depauperados. Así entiende la derecha en el poder el sentido de justicia social.

De allí la gravedad de las cifras que maneja la ONG Human Rights Watch. Porque, con ello, podría justificarse colocar a México dentro de los esquemas de un “estado fallido” en donde el monopolio de la violencia, esto para defender la soberanía nacional, ya no esté en manos del gobierno, sino que los grupos mafiosos tengan una similar capacidad de fuego y contrarresten a los efectivos castrenses. El tema es por demás complejo y lacerante porque está en juego, nada menos, el destino nacional y no sólo la elección presidencial hondamente contaminada por factores externos e internos incontrolables. Para colmo, el manejo irresponsable de las llamadas “redes sociales”, en no pocas ocasiones, se ha acercado a una suerte de terrorismo cibernético, como el detectado en Veracruz en donde valerosamente se persiguió a los desestabilizadores que alegaban torpemente su derecho a expresarse con libertad –mismo que no tienen, como no lo tiene este columnista si llama en estas páginas a la subversión-, destinado a quebrantar los espacios electorales. Hacia eso están encaminadas las estrategias de los expertos en marketing político de importación.

Desde luego, Calderón pretextará cualquier cosa para proteger el fuero militar y evitar así que los abusadores sean puestos en manos de la justicia civil y purguen, con ello, las penas a que den lugar los excesos cometidos en distintas entidades del país. No existe nada más lamentable que la ausencia de gobierno provocada por el temor y la impericia política. Y es este escenario, por desgracia, el que habremos de vivir en 2012 cuando los estertores del régimen calderonista enciendan las alarmas como única defensa posible en pro del continuismo. Hacia eso vamos y sólo los tuertos no lo ven.

Debate
Hace unos días, en charla con Demetrio Sodio de la Tijera, titular de la delegación Miguel Hidalgo en el Distrito Federal –un personaje singular que ha experimentado en tres distintos partidos políticos-, éste me recordaba uno de los emblemas del movimiento estudiantil de 1968: “Prohibido prohibir”.
Y así es. En las dictaduras las prohibiciones aumentan y se condena a priori a las minorías disidentes; en la democracia, en cambio, se tolera y protege los derechos de todos.

Viene al caso la cita por la insistencia de algunos grupos proyanquis que extienden la cursilería de una sobreprotección a los animales, ubicándolos incluso al nivel de los seres humanos en cuanto a derechos, y exigen la prohibición de las corridas de toros, una tradición hecha mexicana desde hace más de quinientos años –esto es coincidiendo con el culto a la Virgen de Guadalupe-, aunque con hondas raíces hispánicas y no anglosajonas. Entiéndase así para no perder la perspectiva ni creer que se trata sólo de suprimir un “evento en donde se tortura a un animal”. Nada más falso.

Los aficionados a los toros no van a las plazas en busca de la sangre derramada.
Éste es un sofisma convertido en lugar común para contrarrestar un hecho indiscutible: El toro de lidia, de todos los animales que el hombre requiere sacrificar para su propia supervivencia, es el que tiene la muerte más digna porque no es condenado a la sordidez de un rastro, sin posibilidad alguna de defensa, ni a las cobardes emboscadas de los cazadores. Allí, en los cosos, un hombre se toma la vida del burel después de exponer la suya y de frente, sin ventajas, en un instante de excepcional emoción que culmina en infinidad de experiencias vitales.

Otro argumento baladí es el hecho de que la mayor parte de los mexicanos encuestados al respecto se pronuncia en contra de las corridas. De operar el mismo método, quienes no profesen la religión católica, como en las épocas oscurantistas, debieran ser condenados a la hoguera; y el señor Calderón, quien apenas conquistó el 35 por cierto de los sufragios –esto es una minoría evidente con un porcentaje similar acreditado a su adversario del PRD, tal si creemos en las estadísticas oficiales que no es mi caso-, debiera renunciar a su sitio en Palacio porque la mayor parte de los electores y uno de cada cinco empadronados no votó por él, así como uno de cada cinco mexicanos admite no haber asistido jamás a una corrida de toros y un porcentaje similar no ha leído un solo libro, salvo los de texto gratuito, a lo largo de este año. ¿Prohibimos también la literatura o la minoritaria ópera y al teatro y las galerías, a donde acuden porcentajes ínfimos de una población indiferente hacia la cultura?
La insensatez obligaría, igualmente, a suprimir los derechos de lesbianas y homosexuales, tan estimulados ahora, por el supuesto de que aún son mayoría los heterosexuales o cuando menos así se declaran. Con todo y ello, la fobia hacia las corridas construye un andamiaje de intolerancias jamás observado ni siquiera cuando se trata de defender los valores humanos más arraigados. ¿No es esto, por sí solo, una deformación gravísima?

La Anécdota
Me comentan al oído:
--En una reunión de partidarios de Enrique Peña se indagó de dónde venía el “rumor” sobre la enfermedad del mismo –un cáncer de próstata, encapsulado y ya tratado con éxito, esto es sin perjuicio del paciente-. Y se llegó a la conclusión de que Rafael Loret de Mola destapó el hecho”.

No se trata de un “rumor” sino de una información cotejada con cuatro fuentes distintas y cercanas al postulante presidencial del PRI cuyos operadores temen que la especie dañe la imagen del personaje. Pero ya es tiempo de no temerle a la realidad y enfocar y decir las cosas como son. Abundaremos.
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