Que a una autoridad o candidato los censure el cronista del pueblo, en el periódico local, puede resultar ignominioso, sin embargo la noticia no sale de casa. Pero que el autor de “La Silla del Águila” descalifique a quien pretende sentarse en ella, porque su ignorancia le impediría departir con los principales líderes del mundo, y además lo haga para la BBC, el antiguo Servicio Latinoamericano de la emisora internacional del Reino Unido, ahí si ni para dónde hacerse, pues la aporreada pasa de chisme de vecindario, a comidilla de aldea global.

Carlos Fuentes fue implacable con Enrique Peña, el hoy desinflado aspirante presidencial del PRI: “Este señor tiene derecho a no leerme. Lo que no tiene derecho es a ser presidente de México a partir de la ignorancia, eso es lo grave. Los problemas exigen un hombre que pueda conversar como par con (Barack) Obama, Angela Merkel o (Nicolás) Sarkozy, y no es éste el hombre capaz de hacerlo”, declaró el autor de “El Espejo Enterrado” y de “La Muerte de Artemio Cruz”.

Así que de Peña, más que por su apostura, en el mundo –o en la parte que se ocupe de la política mexicana, que debe ser minoría– se sabe por su incultura, por su ignorancia arrogante y supina. Fuentes es una autoridad y tiene, como los escritores de su talla, lectores lo mismo de a pie que a estadistas y líderes que influyen en las más altas esferas del poder internacional. El ex gobernador del Estado de México carga desde hoy con uno de esos sambenitos imborrables.

El 30 de noviembre de 1993, dos días después del destape de Luis Donaldo Colosio, acompañé al gobernador Eliseo Mendoza a la sede del PRI. El candidato lucía exultante y en su mayoría lo rodeaban algunos de los principales capitales del país. Luego de comentar que el presidente Salinas le había recomendado utilizar un protector elástico en el antebrazo, por las miles de manos que debería estrechar, pasó “al” tema. Se refirió a cómo la prensa internacional había recibido positivamente su postulación, en América y Europa. Citó, incluso, algunos de los medios más influentes, entre ellos el “Financial Times”.

Bajo esa perspectiva, la fuerza de la opinión pública internacional, deben sopesarse las declaraciones de Fuentes a la BBC, sin restar importancia al efecto que han tenido en México ni al que surtirá en las elecciones del 1 de julio de 2012, si para entonces Peña se sostiene. En el mismo contexto, no es casual que un nacionalista como López Obrador empiece a viajar fuera de México, como ya lo hizo a Washington y Madrid, donde es un ilustre desconocido. Se lo hice notar en una entrevista a Manuel Camacho, en la campaña de 2006. Me respondió que eso era remediable.

El mayor problema es que, para el premio Cervantes y Príncipe de Asturias, ni López Obrador ni Vázquez Mota están a la altura del país para presidirlo. Su candidato era Marcelo Ebrard. Las elecciones para designar al nuevo inquilino de Los Pinos están hoy menos resueltas que nunca. Una de las grandes virtudes de la democracia consiste en que el pueblo es el que decide, no el presidente, no un sindicato, no un medio, no la fotogenia. Lo demás es vanidad, fantasía, vana ilusión.

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