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Dalia Reyes
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05 Enero 2017 04:00:00
Visto desde arriba
Alguien quien acostumbra mirar desde arriba es, en la jerga coloquial, quien se considera superior a los demás, y no precisamente en centímetros. “Te ve por encima del hombro”, dice la gente de antes para referirse a personas soberbias y excluyentes; las generaciones posteriores usamos otros términos menos poéticos y más agresivos para referirnos a ellas.

Con todo lo anterior, hoy lo voy a invitar a ver desde arriba, a mirar de soslayo y hacia abajo; quiero que haga conmigo el ejercicio de escudriñar lo que, eventualmente, no está a nuestra altura si somos capaces, claro está, de ubicarnos por encima: Vamos a mirar tejados.

Más allá de las acepciones en el diccionario, haré la siguiente distinción: Los tejados son esas superficies inclinadas, rojas y hermosas, que aparecen en los almanaques; coronan paisajes de ensueño en algún país europeo cuya prueba fehaciente es la homogeneidad de sus construcciones, la pulcritud de las calles y la altura de sus casas rurales. Los techos, por otro lado, son esa propiedad del latino que se ofrece como una superficie libre para dar alojo a todo aquello que la imaginación humana pueda idear.

Sé de quienes cubren sus techos con sembradíos de hortaliza; algunos los ornan con interminables macetas de geranios. Los menos aprovechan para hacer del techo un piso y lo convierten en terraza, asoleadero o zona de meditación; los más, suman sobre él sus más preciados tesoros, cuyo valor radica en la dificultad para adivinar cómo, en qué y cuándo volverán a ser útiles.

Colocados en un lugar estratégico, descubriremos marejadas de tubos, cables y maderas usadas; hay vestigios de que ahí en ese hogar habitó, tiempo atrás, un bebé. Si somos bastante inquisitivos y observadores, adivinaremos el sexo, el personaje preferido y el color consuetudinario entre los juguetes ya sin uso pero de los cuales es difícil desprenderse.

Pudiera encontrar un perro, dos gatos, nopales crecidos ahí, trozos de piso, un cuartito y todo aquello que quepa en el conjunto de cosas viables de guardar en el techo de una casa mexicana. Como ven, no siempre es tan malo mirar lo otro desde arriba.

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