Si tuvieras que elegir entre dedicarte a tu verdadera vocación de vida, servir a los demás y ganar bien, ¿qué escogerías? Pero antes de responder la pregunta hay que recordar lo siguiente: en el pedir está el dar, “en el preguntar está el responder”; gran parte de la solución está en hacer la pregunta correcta y la pregunta anterior tiene un problema, ¿detectas cuál es?...

Efectivamente, la estamos planteando como si los tres elementos (vocación, servicio y remuneración) fueran mutuamente exclusivos, como si sólo se pudiera lograr uno de ellos. Una pregunta mucho más útil y poderosa sería: ¿cómo puedo dedicarme a mi verdadera vocación de vida, servir a los demás y ganar bien?

Al plantearla así, la mente comienza a trabajar para buscar la solución más adecuada para ti. En cambio, cuando le preguntamos cuál de los tres debemos elegir también hará su trabajo y ordenará los tres elementos por el orden de importancia, de acuerdo con nuestro programa cultural.

La realidad es que nos hemos conformado. Hemos pensado que debemos sólo aspirar a resolver la situación económica, la remuneración, y sólo eso. No vemos más allá, no porque no seamos capaces, sino porque esa es la costumbre, el mensaje social: “confórmate con tener trabajo (remuneración)... lo demás es ganancia”. Y nos la hemos creído.

Desgraciadamente nos hemos convencido que es así, que debemos contentarnos con resolver uno sólo de los tres elementos, dos máximo, y por eso dejamos de preguntar: ¿cómo puedo dedicarme a mi verdadera vocación, sirviendo a los demás y logrando el éxito económico?

Hemos pensando que el tener un cierto sustento económico es la única meta, hemos comprado la idea que encontrar la vocación es un lujo, y que servir, realmente servir a los demás, está reservado para los pocos benefactores sociales que se asemejan a la Madre Teresa... ¡gran error!

Sucede que al dedicarnos aquella vocación de vida, aquella carrera profesional, aquel oficio, incluso a aquello que parece un pasatiempo, pero que realmente nos gusta, sólo así servimos con entusiasmo, con gusto, con verdadero corazón. Y cuando lo hacemos, la gente se acerca, los clientes se multiplican y el ingreso también crece.

Cuando te dedicas a aquello que te nace, lo haces de forma genuina, y tu servicio a los demás es sincero y es de excelente calidad. Cuando fabricas aquel producto que tanto querías producir, lo haces con maestría, como todo un artesano, con gran atención al detalle... y la calidad, la excelencia venden y es lo que hace que los clientes regresen una y otra vez.
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