Si ya pasas mucho tiempo cerca de tus padres, las oportunidades surgirán espontáneamente. Surgirán viejos patrones de conducta que te resultarán profundamente irritantes o perturbadores. Escoge el momento y luego habla, recomienda Biddulph. Describe la conducta y el efecto que ésta tiene en ti. No esperes ser escuchado la primera vez. Podrías encontrar una total negación, de modo que debes tener listos algunos ejemplos que ilustren lo que quieres decir. Acorralada de esta forma, la otra persona podría tener una rabieta, escenificar un colapso emocional, amenazarte con echarte de la casa ¡aun desheredarte!, dice Biddulph.
Un enfoque para conversar con un padre, es preguntarte qué es lo que realmente ocurría en su vida mientras te criaba. El entender el contexto y la situación particular de nuestros padres ayuda a ponernos en los zapatos de ellos, para tratar de entender qué es lo que realmente estaban viviendo.
La segunda conversación que aconseja Biddulph tener con los padres está relacionada, pero va aún más atrás en el tiempo. Es conocer cuál fue la historia emocional de nuestro padre o madre; cómo fue su niñez; cuáles fueron sus experiencias en tiempo de guerra; ¿cuál fue la verdad acerca de su matrimonio? Es decir, los detalles que fueron removidos de la “historia oficial”, haciendo a un lado la historia de los hijos, para encontrarnos con cada persona, cada individuo.
Ésta deberá ser una conversación sólo entre dos personas, recomienda el experto. La buena comunicación raras veces tiene lugar en grupos, especialmente en grupos familiares. Cuando toda la familia está reunida, los viejos patrones suelen tomar control y abrumar las buenas intenciones individuales. Ocasionalmente, dos hermanos o hermanas pueden confrontar a un padre o una madre si están del mismo lado y la tarea es difícil. Es conveniente que ni tu pareja ni tus hijos estén presentes en ese momento; de lo contrario, tu padre/madre sentirá que debe guardar las apariencias, alerta el autor.
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