“Tú te callas, papi”, le decía esa señora a su marido grandotote, cuya estatura era igual a su corazón; y eso sólo porque el hombre se atrevía a opinar sobre asuntos familiares, campo donde su esposa era reina, señora, soberana y súbdita.

Fíjense bien, señores: hoy hablaría de las suegras que ni se pegan ni se baten, pero cambié de opinión, so pena de convertirme en exiliada del “CLUMUGOANLICOP” (Club de Mujeres Globalizadas Antifeministas de Liberación Conservadora y Prolongada). Lo hice porque me pareció, no digo necesario, urgente, que alguien salga en su defensa. Sí, leyeron bien. (Después de escribir mi perorata, podrán encontrar una buena reprimenda para todo caballero que se queda cual recepcionista médica en el Seguro Social, o sea, como si nada, aun cuando lo agredan por todas las vías, las de comunicación)

Son muy conocidos los anuncios comerciales en la tele cuyo protagonista, un varón, exhibe hasta la ignominia sus escasas habilidades para el control doméstico. Los más sensibles publicistas tenían suficiente con un marido capaz de echar abajo una cocina con tal de calentar agua para el café. Bueno de que los hay… No, no, ése no era el punto.

Pero hay otros avisos publicitarios que, seguramente, fueron diseñados por mujeres mal tratadas por la vida, pues se exceden en dibujar la indignidad del hombre en un acto de sumisión matrimonial que nos deja mal parados a todos. El otro día vi uno de English Leather Lady –desodorante con feromonas- donde el marido sumiso dejábase golpear por su señora con palabras por demás hirientes. ¿Y el de la cafetera? Si lo han visto, tendrán algún resquemor por el individuo que, por no encontrar una taza limpia, prefiere beber directo de la máquina el café caliente.

La mera verdad, mis estimados caballeros, el problema no son los anuncios en T.V., sino el silencio de sus personas. Hoy vi publicada una noticia: Cuatro hombres presentaron quejas ante la CONAPRED por el comercial del desodorante. ¡Cuatro nada más! Así ya pueden esperar que los espacios televisivos se saturen mandándolos mucho más allá de la porra con su dignidad.

Pues ya les dije: si ustedes no se quejan, les va a pasar lo que no sucedió a las mujeres en los últimos 400 años. Ah. Y no esperen que venga a cada rato a defender su causa porque ando en otras cosas. Buena suerte, señores míos.


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