La elección del 2012 no está dada; nunca se debe menosprecia al poder presidencial, comentó en privado hace unos días un viejo zorro priísta refiriéndose a la sucesión en Los Pinos. “Fox ha sido el presidente más tonto (usó otra palabra) en la historia moderna; y López Obrador el candidato de oposición más hábil y popular en las últimas décadas, y sin embargo, Fox logró que el PAN retuviera la presidencia en 2006. La única ocasión en 100 años en que el partido en el poder perdió fue en el 2000 y eso porque el presidente en turno, Ernesto Zedillo, así lo quiso”. Según esta tesis, los que se imaginan a Felipe Calderón colocándole la banda presidencial a un priísta el 1 de diciembre de 2012, deberán pensárselo mejor.

Ciertamente el tablero de mando presidencial ha perdido muchos de sus botones y palancas, pero sigue siendo formidable. El problema es otro. Todavía no hay manera de ganar una elección sin candidato, y hasta la fecha Calderón aún no lo tiene. Su “protegido”, Ernesto Cordero no despega y se le está acabando el tiempo. Y tampoco es que hayan mejorado sus posibilidades frente a Peña Nieto los otros aspirantes panistas: Santiago Creel, Josefina Vázquez Mota, Alonso Lujambio, Javier Lozano o Heriberto Félix.

Lo que sucedió el viernes es sintomático. En la reunión ante casi 2 mil delegados federales, quienes son los verdaderos operadores de la administración pública en el territorio, sorpresivamente Calderón le dio un espaldarazo extraordinario a Ernesto Cordero, al convertirlo en el único orador (además de sí mismo), ante la cara de incredulidad de los restantes miembros del gabinete. El secretario de Hacienda mostró lo que bien podría ser el hilo conductor de una campaña electoral para el 2012: Los “éxitos” económicos y los indicadores sociales con los que cerrará el sexenio. Y es que en efecto, los últimos dos años terminarán con un crecimiento aceptable, razonables niveles de empleo y buen comportamiento de indicadores sociales, por lo menos al compáralos con la primera mitad del sexenio. Cordero terminó exhortando a los delegados a ir por el mundo a divulgar las buenas nuevas.

Pero acto seguido Calderón deshizo con una mano lo que había hecho con la otra. Comparó su cruzada contra el narcotráfico con la lucha en contra de los nazis. “Me acosan como a Churchill”, dijo y añadió que el futuro de Inglaterra, como ahora el de México, dependió de esa confrontación. En otras palabras, volvió a centrar su discurso en la apocalíptica visión de “sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor” del estadista inglés en el contexto de una guerra por la sobrevivencia. Allí terminaron las buenas nuevas de Cordero.

No creo que los mexicanos estén muy dispuestos a comprar la posibilidad de otro sexenio panista con una narrativa que pide supurar “sangre y lágrimas” para salvar al país. Calderón no es Churchill, ni nuestros temibles pero pintorescos sicarios se parecen a la Wehrmacht alemana, con sus divisiones panzer y sus bombas V. Por otra parte, el presidente incurre en obvios riesgos al emular a los Noriega, Gadafi, Trujillo, Idi Amin e innumerables dictadores, jeques y reyezuelos que han exhibido esta curiosa fascinación de concebirse a sí mismos como el Napoleón, el Alejandro Magno, el Abraham Lincoln, o el Rey de Escocia de su tiempo.

Con su obsesión sobre la guerra contra el narco, Calderón cercena las posibilidades de su partido para cuajar un candidato y para construir un discurso de campaña atractivo. Quizá el presidente considera que la mejor apuesta del PAN para conservar el poder reside en convencer a los mexicanos de que si el PRI llega a Los Pinos negociará con el Narco. Supongo que él tendrá sus encuestas, pero a ratos me pregunto si en lugar de crítica eso es propaganda a favor del PRI. Supongo que hay una buena cantidad mexicanos que, sin pronunciarlo en voz alta, se inclinarían por algún tipo de acuerdo con los cárteles.

El problema de las comparaciones es que al final nos alcanzan. Churchill codirigió una alianza que venció a los nazis. No se ve por dónde Calderón vaya a derrotar a los Narcos. Quizás Calderón tenga que quedarse, a su pesar, con una frase muy distinta del estadista inglés: “la alternancia fecunda el suelo de la democracia”.

SUSPIRANTES. A propósito de la sucesión, este lunes 16 presentamos el libro Los Suspirantes 2012, carne y hueso con los perfiles biográficos de los precandidatos. Lo presentan Marcelo Ebrard, Josefina Vázquez Mota y David Penchyna, además de los autores. Hotel Marquis Reforma, 19 horas.