Ya hay militares al frente de todas las corporaciones municipales, mientras los uniformados se hunden en la ignominia de su complicidad y protagonismo en las filas del crimen organizado.
Monterrey metropolitano ya no es la ciudad con mandos civiles y manejo responsable de la seguridad.
La seguridad la garantizan, relativamente, miles de soldados, mandos militares, torres de vigía en diversos puntos de la ciudad.
Los ciudadanos no arquean las cejas ante ese predominio de los militares. Por el contrario, ovacionan a los soldados en los desfiles, les agradecen en las redes sociales y en el correo a los medios.
Pero cada militar metido a pacificador tiene como contraparte un civil impotente, una autoridad republicana rebasada.
En buena hora que nos den la mano los militares. Bien por su patriotismo y espíritu de sacrificio, pero en medio de la crisis de seguridad, demandamos un compromiso de los gobiernos civiles: Pongan fecha para el retiro de los soldados. Para la toma integral de la responsabilidad que recibieron en las urnas.
Porque las bayonetas sirven para defenderse pero no para sentarse sobre ellas a
gobernar.
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