Pero, ¿qué son los perfiles? Son construcciones teóricas, casos representativos paradigmáticos, que sirven para acentuar las propiedades y sus elementos constituyentes, como si estos elementos fundamentales se pusieran al microscopio, para poder entender un objeto científico, en este caso, el que se abstiene de votar, a partir de la delimitación de sus categorías constituyentes, para buscar la comprensión de la gama de conductas posibles del objeto real, aunque somos advertidos por Bourdieu, Chamboredon y Passeron, en “El Oficio del Sociólogo” en el cuidado que debemos tener al construirlos, sabiendo que en el caso-límite observado está el conjunto isomorfo de casos que contiene la estructura de un sistema (advertencia que, como ve, es difícil de advertir).
El primer perfil es el del Pesimista, que es quien piensa que aun cuando vaya a votar, nada va a poderse cambiar, implicando la idea de que una persona no puede cambiar las cosas, haga lo que haga porque, él solo, no tiene la fuerza suficiente para modificar nada.
El segundo perfil es el del Desconfiado, que piensa que pase lo que pase, el sistema le hará trampa a los resultados, guiándose por la Teoría de la Conspiración, diciéndose a sí mismo que no vota porque ya todo está arreglado y entonces no quiere ser cómplice del complot, que según él ya está en marcha.
El tercer perfil es el del Desencantado, que piensa que ya todo está tan mal, que gane quien gane ya nada se puede hacer para componer una situación que no tiene remedio, y está asociado a una actitud rígida y de temor contra aquello que implica cambio o movimiento.
El cuarto perfil es el del Fatalista, que piensa que el karma, el destino, determina que ya todo está escrito desde siempre y que no se puede modificar de ninguna manera, y entonces, ¿para qué vota?
El quinto perfil es el del Temeroso, que piensa que si vota, algo malo le va a pasar, lo van a señalar, le castigarán por haber votado por su partido, sea cual fuere éste y no quiere correr peligro.
El sexto perfil es el del Oposicionista, que manifiesta una serie de comportamientos automáticos de oposición, implicando una actitud de desconfianza en todo lo que involucre mando y subordinación, es decir, sobre cualquier tipo de autoridad en el tiempo presente, al nivel que sea, asociada a una oposición a las órdenes, a la dificultad para seguir instrucciones: “A mí nadie me dice lo que debo hacer”.
El séptimo perfil es el del Apático, que no quiere molestarse en hacer el esfuerzo necesario para ir a la casilla que le corresponde para votar, manifestando una tendencia hacia el menor esfuerzo, el principio básico de la acción del inconsciente, que es la consecución del placer de la manera más fácil, sin compromisos o responsabilidades. De manera inconsciente, asume actitudes de postración social, de desinterés en la parte inicial del proceso de dirección de la sociedad, que es emitir el voto, la que nos corresponde directamente a todos.
En la esfera de lo inconsciente, las motivaciones para no votar implican tres elementos sustanciales: la dependencia hacia las figuras de autoridad infantiles, que son las que toman para el niño las decisiones de responsabilidad y, obedeciéndolas, el niño se siente protegido y sin temor. En segundo lugar, la sensación de inermidad infantil, manifestándose en forma de sentimientos de inferioridad, y finalmente es el resultado de la educación familiar, porque a un niño al que no le permitieron defender sus derechos dentro de la familia se convertirá en un adulto temeroso de ejercer sus derechos políticos y sociales.
Así es como se ha construido a lo largo de los años el abstencionismo, que es el mayor enemigo de la democracia. Estas son las características del abstencionista. Votar es, por lo tanto, no solamente un acto de responsabilidad ciudadana, sino también una manifestación de madurez personal.
| Comparte ese artículo: |
|



