2.- La nominación de Bill Murray en 2004 por “Lost in Translation” me hizo estimar momentáneamente a la Academia. Creí que estábamos en sintonía. Esta película no tiene grandes diálogos ni frases memorables, pero Murray es espléndido porque nos muestra todas las aristas de un hombre solitario con apenas unas cuantas inflexiones, gestos, miradas. Ya lo había hecho en Saturday Night Live, como actor de cabecera de Wes Anderson y en la espléndida “Groundhog Day”. Cuando lo ganó Sean Penn nadie dudó que se trataba de uno de esos clásicos ajustes de cuentas de la Academia.
3.- Peor fue al año siguiente cuando ni siquiera nominaron a Paul Giamatti por “Sideways”, otro trabajo que también con unas cuantas inflexiones (Alexander Payne, director de la cinta, elogió el talento “gestual” de Giamatti como el quid de su interpretación) nos dejó ver la frustración de un escritor en plena crisis de los 40 y una vida en ruinas. Lo peor fue que lo ganara Jamie Foxx con una actuación, si bien buena, realmente bastante ortodoxa. Si a esas vamos: ¿Por qué no ganó Forest Withaker con su magistral reencarnación de Charlie Bird, en la película “Bird” de Clint Eastwood, que es mucho más intensa, arriesgada y, sobre todo, no es una copia al carbón, sino una asimilación?
4.- La que más lamento de todas fue la derrota de Daniel Day Lewis por “In the Name of the Father” en manos de Tom Hanks por una ordinaria actuación en “Filadelfia”, una película no muy buena, cuyos éxitos se debieron, sobre todo al atrevimiento de tocar un tema no muy regular en el Hollywood comercial. Y si no bastara con ese error, lo coronaron al siguiente año premiándolo por “Forrest Gump”, una de esas grandes barbaridades del cine, el terrible legado que la terrible trinidad Spielberg-Howard-Zemeckis dejó al Hollywood de los 90’s: un cine cursi, panfletario, plagado de finales aleccionadores como si la vida fuera así de fácil.
5.- Lo que más he lamentado en los últimos años son los premios fáciles, aquellos con los que la Academia parece congraciarse con alguna causa. Así, fue terrible que le dieran el Oscar a Denzel Washington por una interpretación tan frecuente en Hollywood. Y el mismo año que otra afroamericana lo gana (esta sí, creo, con méritos) abriendo espacio a la sospecha. Triste que Scorcesse gane todo con la peor película que ha hecho en años. “Los Infiltrados” no le llega a sus derrotadas “Raging Bull” o “Taxi Driver”. Suena a compensación, como lo hicieron con Chaplin o Peter O’Toole. Lo peor es que esta dinámica hará pensar, en caso de que ocurra, que el Oscar que quizá para ahora ya ganó Ledger, haya sido una compensación emocional.
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