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Dalia Reyes
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02 Diciembre 2016 04:00:00
‘Yo’ en chino
¿Cómo se dice “yo” en chino? También me encantaría saber cómo en japonés, árabe y suajili. Este asunto de los idiomas se ha vuelto una moda cuyos motivos dejaron de ser serios.

Hablar un segundo idioma fue una necesidad registrada para la historia desde la llegada de Hernán Cortés, aunque es probable que nuestros derroteros hubiesen sido otros si no se encuentra con la Malinche. Como sea, entenderse en la misma lengua puede salvar la vida.

En el caso de los mexicanos, hablar inglés ha sido un ir y venir sociopolítico según cada época. Lo dominaban quienes tenían recursos suficientes para ir a estudiar a Estados Unidos carrera que ni por asomo existía en México; así, médicos y abogados eran quienes iban y venían con singular alegría de un idioma a otro.

Cuando el auge del trabajo al otro lado de una frontera abierta entre México y Estados Unidos, una gran cantidad de campesinos lograba comunicarse con bastante soltura en un inglés muy alejado del académico, pero bastante cerca de la supervivencia; de cualquier manera, eso no les daba más más dinero en nuestro país.

Empezó posteriormente la época cuando dominar el inglés como segundo idioma, particularmente este, implicaba la posibilidad de socializar con extranjeros y esto daba, en términos de mi amiga Alicia, bastante caché. En mi ciudad, una generación completa de muchachas acababan en Estados Unidos casadas con norteamericanos que venían a aprender cultura mexicana.

Ahora las urgencias son otras: hablar inglés –por lo menos- para cubrir un requisito mínimo de movilidad estudiantil y laboral; ya luego se aprenderán otros idiomas que abran puertas más prometedoras.

A esta circunstancia debemos de agregar que la tecnología amenaza tanta aplicación encaminada a lo políglota: los traductores simultáneos en aparatos muy pequeños están ofreciendo la posibilidad de evitarse tres años de estudio, 50 mil pesos de inversión y un montón de tiempo en clase o frente a la computadora. Es un recurso válido a fin de cuentas si se cumple el requisito de entender y
hacerse entender.

Como queda claro, la lengua, bien usada, nos puede llevar mucho más lejos de lo que ustedes se
imaginan.

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