Pues así son algunos políticos que, por ejemplo, calculan el derrumbe anímico de Josefina Vázquez Mota o le apuestan a que Enrique Peña Nieto sea desnudado por alguna joven señora dispuesta a develar intimidades al más puro estilo del semanario “Hola” español y de la imitadora “Quien” mexicana. Es decir, a punta de chismes de alcoba. Precisamente por ello, supongo que Peña se adelantó y me hizo las declaraciones sobre sus infidelidades, cuando estuvo casado con Mónica Pretelini, publicadas en la primera edición de “2012: La Sucesión”, en mayo de 2010. Desde entonces, como expliqué ayer, varios autores han dado seguimiento al tema, dándome el crédito correspondiente, y “El Universal”, que no tiene la costumbre de hacerlo, cayó en el burdo refrito a través de una entrevista con sesgos evidentes de provocación.
Sobre el tema, esbozado ayer, hay bastante más que contar por lo sucedido en los días recientes. Por ejemplo, el conocimiento cabal sobre la enfermedad de Peña –ya superada aun cuando los pronósticos no le dan expectativas largas de vida-, un cáncer de próstata detectado de manera oportuno, encapsulado el mal todavía, desata un nuevo sismo al interior del PRI aunado a los bombardeos de los semanarios conocidos como “del corazón” y sus seguidores, los periodistas de la frivolidad en donde abundan los defensores del muy exitoso movimiento lésbico-gay. Me importa un comino incomodarlos porque si ellos salen del clóset, los demás no tenemos porqué entrar en él.
Mucho me temo que personajes de la talla de Emilio Gamboa y Francisco Labastida, sendos frustrados por no haber alcanzado la Presidencia aunque el segundo llegó a la condición de candidato para ser vergonzosamente arrollado por Vicente Fox en 2000, con conocimiento de causa además de que su patrón, Ernesto Zedillo, había negociado lo conducente, amigos los dos del hábil senador Manlio Fabio Beltrones, quien sigue creyendo que está ante su última oportunidad de hacerse del poder absoluto, estén listos a darles traspiés al aspirante “único” del PRI y asfixiarlo antes de la postulación oficial, tal y como sucedió con el rebasado Humberto Moreira que duró lo que un parto cuando ya se creía redentor.
Y por otra parte, la misoginia panista está a todo lo que dan los motores de la Presidencia, incluyendo a Margarita Zavala Gómez del Campo –más discreta que su antecesora, pero con mayor habilidad para influir sin mostrar las manos, administrando, además, el futuro de toda la familia-, para sacar adelante a Ernesto Cordero, simulando, con la presencia de Antonio Solá contratado por Josefina, un apoyo hacia la inteligente dama que encabeza las encuestas hacia el interior de su partido y quien sería acaso la única capaz, por su escrupulosa vida familiar, de superar en éste y otros renglones a sus adversarios. Ni Creel –con hijos fuera de matrimonio también- ni Cordero darían la misma imagen.
Es por demás curioso que, a estas alturas, las asechanzas vengan desde Francia en donde suele radicar la controvertida Maudé Versini, excepcionalmente remunerada por sus servicios como consorte durante la segunda etapa gubernamental de Arturo Montiel, y quien se dice conocedora de los “secretos” de su ex marido y, por ende, del sobrino de éste, Peña, cuyo pecado mayor fue proteger, acaso por devoción institucional –una deformación de la manera como entienden la lealtad los priístas de la vieja y la nueva hornada-, los desfalcos del abusivo tío.
La derrama millonaria soterrada –y en este tema entran de lleno las sospechas sobre las, digamos, “inversiones políticas” de los grandes “capos” del narcotráfico-, continúa a plenitud para hacer trastabillar a los líderes de las contiendas por la Primera Magistratura. ¿No es interesante, acaso, que el Instituto Federal Electoral, que se supone rector de la democracia, ponga trabas para la realización de los debates entre los precandidatos panistas de cara a la opinión pública? ¿No se trata, acaso, de que la ciudadanía tenga perfiles más claros de cuantos aspiran a gobernarla? Pero no. Tal parece que en el IFE, controvertido en su formación última como castigo a los antiguos consejeros que fueron rebasados en 2006, se tiene el criterio de que los postulantes, como los ratoncitos de laboratorio, no deben abandonar sus refugios hasta que llegue el queso.
En sí, lo anterior es evidentemente un retroceso para quienes insistimos en el imperativo de jugar con cartas abiertas, sin obstáculos, de frente, para ampliar los conocimientos de los presuntos electores sobre cuantos aspiran a representarlos. ¿Quién es el mandante y quién el mandatario? Ésta es la cuestión toral que debieran resolver los muy bien pagados consejeros del IFE antes de volverse a meter entre las cuatro patas del gran búfalo del fraude comicial con las sofisticadas técnicas de manipulación contratadas a ex profeso. Luego, de nada servirá, como de nada sirvió, el testimonio de Luis Carlos Ugalde, el responsable del desaseo de los escrutinios hace seis años, las justificaciones a destiempo.
Mientras subsista la política carroñera los peligros serán múltiples y no sólo para los postulantes a la Presidencia, sino, por igual, para cada uno de quienes se sientan con derecho de disponer de las carreras –y vidas- ajenas con tal de ocupar sus sitios. La soberbia y la pretensión de sentirse indispensables por parte de los grupos más cerrados suelen jugarles muy malas pasadas a los mexicanos en general, cuya ingenuidad en gran medida es hija de la ignorancia. Ya hemos atestiguado asesinatos, como el de Colosio en 1994 y décadas atrás el del presidente electo Álvaro Obregón, con permanencia de la impunidad, y no hay nada que pudiera sorprendernos en esta hora de crisis punzante, en todos los renglones, para el país.
Debate
Resulta que a los panistas no les salió bien la primera fase de su estrategia, esto es prolongando la precampaña mientras los partidos adversarios ya han definido a sus candidatos, aunque aparenten no tener actos públicos, lo que no les impide mantener una enorme movilidad entre distintos sectores que forman opinión. Por andar placeándose cayeron en infinidad de contradicciones que, de seguro, les serán cobradas durante el proceso final de la contienda presidencial. Sobre todo porque sus discusiones no han tocado temas torales y han demostrado la dualidad tremenda que pervive dentro de este partido.
Aunque después negó lo sostenido a este columnista, Santiago Creel me confió, en una primera entrevista, que la influencia de la poderosa maestra Elba Esther Gordillo había sido “determinante” para el desenlace de la candidatura panista en 2006. Luego, insisto, me envió una larga misiva puntualizando que no había expresado tal, acaso porque sus perspectivas cambiaron desde el momento de aquel encuentro hasta la publicación del texto respectivo. Fue en este lapso cuando pude tomarle el verdadero pulso al ex senador y ex secretario de Gobernación, a quien se “perdonó” en 2000 por los excesos de sus gastos durante su campaña para jefe de gobierno del Distrito Federal, frustrada por el arribo de Andrés Manuel López Obrador. Quizá en este punto, los consejeros del Instituto Electoral del Distrito Federal, pese a la protesta de la Comisión de Fiscalización del mismo, perdió la autoridad moral necesaria para exigir límites a los aspirantes.
En la circunstancia actual es evidente que el PAN no ha logrado crecer como opción para el gobierno venidero a pesar de mantener a su favor la parafernalia presidencial. Y es ésta la razón por la cual se habla de desesperación con rumbo al próximo domingo, el de las definiciones.
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