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Federico Reyes Heroles
Federico Reyes Heroles
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01 Enero 2014 05:04:33
Tradición o fatalidad
Año Nuevo de 1994, las copas sonaron. Las esperanzas de cierta élite mexicana volaban hacia nuevos horizontes. Llegaba el tramo final de una gestión encaminada al cambio anunciado, a la búsqueda racional de prosperidad. Pero exactamente en esos mismos minutos otros mexicanos se levantaban en armas, revivían una trasnochada versión revolucionaria y declaraban la “guerra” al Estado mexicano. Hubo disparos y muertos. La palabra Chiapas arrojó al mundo la imagen de la miseria e injusticia ancestrales. Pero, paradójicamente, los alzados se levantaban en contra del cambio, en defensa de la tradición como fuente inagotable de sabiduría. Dos realidades muy distantes, nada nuevo, cristalizaron. Pero sobre todo dos perspectivas diametralmente opuestas se confrontaron: el futuro como aceptación de los desafíos enormes, pero también de oportunidades fantásticas, o el pasado, la tradición, el origen como destino. Mismo instante y país, Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), dos cosmovisiones irreconciliables.

El zapatismo sacudió a la nación. No todos miraban esperanzados hacia el norte, hacia la apertura y asociación de beneficio mutuo. Modernizar era (es) impopular. Allí estaba ese otro México, el del sur, recordando agravios muy remotos y también recientes, un México que reclamaba un mejor presente, eso sí, siempre inscrito en los cánones de la tradición. Han pasado 20 años. El referente obligado es la vida misma, el comercio es sólo un instrumento. Con el tan temido TLC un México ingresó a la vorágine de conquistar el mercado más grande del orbe. El otro México, el de la justicia sin cambios, sigue atrapado en la contradicción, allí las raíces de la pobreza han crecido. Pero somos el mismo país. Nadie que quiera dormir tranquilo puede dar vuelta a la hoja.

Tercer socio comercial de EU; más de mil mdd en exportaciones cotidianas; gran productor de automóviles desplazando a países industrializados; pantallas de última tecnología como punta de lanza; industria aéreoespacial que nunca soñamos. El sector exportador recibe salarios muy por arriba de las industrias no exportadoras. Varias entidades y regiones —sobre todo en el centro y el norte— viven un torbellino de buenas noticias y se encaminan a erradicar la pobreza extrema. Nuevos tratados comerciales están en el horizonte. Decenas de millones de consumidores han mejorado su forma de vida. Ese México es real e innegable.

No todo es viento a favor: el ingreso laboral de los pobres compra cada vez menos. Los precios de la canasta básica galopan y los salarios se comprimen. La productividad no crece, tampoco el ingreso. Hay un núcleo de pobreza extrema que no cede, básicamente en el sur, en las mismas entidades que siempre presentan los peores indicadores socioeconómicos. De regreso a la misma piedra, son aquellas con mayor población indígena. Ese México también es real. El reclamo del EZLN está vigente, la creciente prosperidad no abraza a todos.

Pero hay algo aún más grave, las consecuencias concretas del zapatismo. Un amplio reportaje (La Razón, 18 y 19 del 12, 2013) demuestra cómo, justo en las zonas controladas por el movimiento, la pobreza ha aumentado dolorosamente, la alimentaria en San Andrés Larráinzar creció 12 puntos en 20 años, hoy es 81.3 por ciento. Las típicas divisiones y la endogamia social y política ahogan a las comunidades. Vergonzoso. Allí priva el rechazo a las autoridades de todos los órdenes y de todos los partidos; escuelas vacías y sin planes de estudio; bloqueos a las actividades sanitarias, no a la apertura de caminos, qué decir de comercios o industrias.

En pocas palabras, le dan la espalda al Estado mexicano, pero aún peor, le dan la espalda a la terca realidad. Si la decisión es seguir viviendo de la agricultura de subsistencia, su futuro está condenado. Los niños vendiendo llaveros con el rostro de Marcos son una vergüenza. Hay responsables.

Los que migran a las ciudades son traidores, los que se ocupan en algo diferente, también. Pero, ¿a quién traicionan? Buscan salud y prosperidad para sus familias. Nada que fomente la vida puede ser una traición. Cuando las tradiciones se oponen a la vida misma, algo está podrido. La tradición se convirtió en prisión, en fatalidad inhumana. Aceptar las mejores formas para combatir la miseria es la prioridad. En los años setenta el estado de Hidalgo estaba hundido en la marginación, siempre con los peores números: mortalidad infantil y materna, desnutrición, alcoholismo, cortísima esperanza de vida, etcétera. El Valle del Mezquital era símbolo de oprobio. Hoy Hidalgo se sitúa en la parte media en casi todos los indicadores. A diferencia de Chiapas, Hidalgo es pobre en recursos, con población indígena, los ñañus. Pero la intervención del Estado y una actitud realista hacia las inexorables reglas del bienestar lo han transformado. Lo mismo está ocurriendo en Puebla o Veracruz. Hay fórmulas para propiciar la vida que es la primera obligación de todos.
17 Julio 2013 04:08:14
Matices
La libertad de los mercados está en un segundo peldaño

La discusión es antigua, el dilema sigue vivo. ¿Hasta dónde debe el Estado intervenir en la vida económica para lograr los mejores resultados? Francisco Suárez Dávila (FSD) acaba de publicar un libro al respecto que reordena el debate y lo trae al México del siglo 21,” Crecer o no crecer, del estancamiento estabilizador al nuevo desarrollo”, Taurus. El texto es polémico y provocador. Con un marco teórico sencillo que, sin embargo, se remonta a Adam Smith, a Jean Baptiste Colbert, el primer ministro de Luis XIV, a Federico List y a John M. Keynes, entre otros, el autor encuadra la discusión: las naciones que han sido exitosas en su proceso de generación de riqueza y prosperidad siempre han mantenido un proyecto nacional por encima de las fuerzas económicas. La libertad de los mercados está en un segundo peldaño. En su propia metáfora, ellos han utilizado la escalera del Estado regulador que da dirección al país, a sus ventajas comparativas y apuestan a ellas. Después la tiran para que los que siguen no la usen.

Con excelente información histórica, FSD utiliza un método descarnado, compara el desempeño económico de diversos países como Japón, Corea, Brasil, China, India, Irlanda, Francia, España y Estados Unidos, y mide su desempeño económico por periodos. Resultado: hay una clara coincidencia, todos utilizaron ciertos instrumentos, en muchas ocasiones los mismos, para alinear los incentivos de un proyecto nacional que pasa por la economía. Ingenuo el que piense que no ha sido así.

En los extremos la discusión se vuelve absurda. Los que pugnan por un Estado interventor en todos los frentes y al precio que sea terminan desbancando las arcas, en la quiebra por no entender los límites que los mercados imponen. Pero en el otro extremo, los que confían ciegamente en los mercados desconocen la necesidad de ese alineamiento de incentivos que fortalece al proyecto de nación y que genera un círculo virtuoso de mayor crecimiento, mayor prosperidad y bienestar.

El libro documenta los diferentes instrumentos utilizados por los países y señala las coincidencias, desde el MITI en Japón, o el Eximbank en Estados Unidos hasta Nacional Financiera -institución pionera- o Bancomext. La tesis es muy clara, nuestro país tuvo una etapa de alto crecimiento económico en la cual privó un proyecto de nación y un impulso al desarrollo que se plasmó en altas tasas de crecimiento, el llamado “milagro mexicano”. Pero el mundo cambió y México no supo corregir a tiempo, lo cual generó el colapso que tiene como fecha emblemática 1982. Fue entonces que se inició la corrección del rumbo. Orden de las fianzas públicas, apertura, reducción drástica del Estado propietario, autonomía al Banco Central y un manejo monetario responsable, reducción y control del déficit y de la inflación, en fin, ese México que durante tres décadas sigue los cánones de la ortodoxia. Pero quizá nos volvimos “más papistas que el papa”.

Los resultados no son lo que podrían ser. Al imponer los criterios de estabilidad sobre los de crecimiento, México cayó en una trampa que se expresa en un crecimiento mediocre, sin problemas de estabilidad, pero mediocre.

Es allí donde FSD rescata los que, a su juicio, serían los instrumentos necesarios para el nuevo impulso, inversión en infraestructura, financiamiento a través de la banca de desarrollo, altas tasas de inversión pública y privada, una política industrial que logre alinear incentivos y aprovechar las ventajas comparativas, inversión en ciencia y tecnología que no necesariamente es estatal, un sistema educativo que forme los cuadros que el Estado mexicano, sector público y privado van a necesitar en el proceso de desarrollo, y otros. En pocas palabras un Estado proactivo que siga un proyecto de nación y de prosperidad, que no quede a la deriva de las fuerzas del mercado.

Lo curioso del caso es que México tiene esos instrumentos pero no los ha utilizado en todas su potencialidad. Aparece así una inhibición que contrasta penosamente con las acciones emprendidas por otras naciones. ¿Será acaso que los excesos del estatismo nos escaldaron? Mientras tanto otros países sí los utilizan, de Estados Unidos a Chile para no salir del continente. Por supuesto que hay asuntos muy polémicos como por ejemplo el tipo de cambio.

La flotación nos liberó de las devaluaciones traumáticas, pero la función unívoca del Banco de México, mantener la inflación bajo un estricto control, función que ha cumplido a cabalidad, por momentos incide en posiciones que afectan al crecimiento.

El autor se refiere básicamente a utilizar al tipo de cambio como un anclaje en contra de la inflación que con frecuencia impacta la capacidad exportadora. En contraste, muchos países emergentes mantienen una subvaluación controlada -que no suple a la productividad- pero favorece a las exportaciones.

Suárez Dávila no cree en los dogmas, por eso presenta un texto lleno de matices, pero esos matices pueden hacer la diferencia en la vida de millones.
09 Abril 2013 04:08:13
¿Democracia o palocracia?
La reacción natural en cualquier democracia hubiera sido la triste aceptación. Cuando las posiciones se polarizan y la intolerancia se impone, el final de la historia es previsible: la fuerza pública debe de intervenir para restablecer el orden. Esa violencia legítima es la garantía de los ciudadanos. Si quiero seguir viviendo en paz y que mi patrimonio y empleo estén garantizados, en ocasiones el uso de la fuerza pública es triste pero inevitable. Esa sería la reacción de un ciudadano acostumbrado a los usos democráticos.

Pero en México hubo algo muy distinto después de la liberación por parte de la PF de la llamada “Autopista del Sol”. La reacción fue un gran aplauso. Allí están las primeras planas de los periódicos y el alud de comentarios de todo tipo. No es la primera ocasión en que ocurre. Vale recordar la entrada de la PFP en CU después de casi un año de ocupación violenta. Cómo explicar la reacción mexicana. Decir que el 1968 y el 1971 generaron un trauma es un inevitable lugar común. Esos sucesos paralizaron a muchos gobernantes priistas. Los usuarios de las estrategias violentas se envalentonaron y los actos violentos se multiplicaron. Llegaron nuevos sucesos traumáticos. Atenco y la APPO en Oaxaca mostraron la falta de experiencia y profesionalismo de nuestras policías. El descrédito de los cuerpos policiacos creció. El uso de la fuerza pública es válido sólo respetando el orden jurídico.

El PRI salió del poder tatuado por su incapacidad para restablecer el orden sin arbitrariedad. Con la alternancia y ante la exigencia ciudadana de garantizar el orden, se abrió una gran oportunidad para un cambio. No fue así, al contrario, la noción de una política sin mácula durante la era Fox, dio amplio margen a todo tipo de disturbios sin reacción de la autoridad. Ello alentó a los militantes de esa estrategia. Otras acciones fallidas de la autoridad, como la pifia del nuevo aeropuerto capitalino, atizaron la hoguera. Lo que no se obtenía por la negociación se lograba con machetes en las calles. PRI y PAN, por motivos diferentes fueron abdicando de una obligación del Estado. Calderón tuvo el mérito de Luz y Fuerza, pero fue una excepción. De la izquierda en el gobierno -víctimas históricas del 68- era difícil esperar que se convirtieran en adalides de esa causa. No sólo fueron tolerantes sino abogados de las profundas razones justicieras de tales movimientos. Por eso alienta el reciente nuevo intento en la capital por establecer protocolos claros para la imprescindible intervención de la fuerza pública. La afectación a terceros no puede convertirse en parte inherente de nuestra vida pública, sería una anormalidad democrática. Cientos de marchas y plantones, bloqueos, ciudades paralizadas como en Oaxaca no deben tener cabida en el paisaje político de México.

Pero los costos van mucho más allá de la molestia ciudadana. De 144 economías el Foro Económico Mundial (WEF) sitúa a México en la posición 134 en percepción de confianza en servicios policiales. Los costos indirectos de inversiones canceladas y empleos que no se crean son invaluables. En el Índice de Competitividad de la Industria de Viajes y Turismo aparecemos en el lugar 121 en Seguridad y Protección. Esas señales son nefastas. México puede ser muy prometedor en muchos aspectos, pero si el Estado está ausente en su función básica de garantizar seguridad a personas y bienes, el castigo en el bienestar será para decenas de millones. Así de grave. El Estado mexicano hoy se mira muy débil, el bloqueo de una carretera por una pequeñísima minoría es capaz de cambiar el rumbo de una política de Estado. ¿Quién quiere ir allí?

Por eso la muy eficaz intervención de la Policía Federal -se ve la experimentada mano de Mondragón- se convirtió por ello en un acontecimiento casi de júbilo. El Estado no puede permitir que el diálogo sea sustituido por la violencia de unos cuantos y por la inacción de la fuerza pública. Imaginemos la vulnerabilidad producto de la red carretera, o de los aeropuertos, o de las oficinas públicas. Congresos locales apedreados, líderes partidarios y legisladores perseguidos ahora por enmascarados como en la UNAM, la escalada es seria. Frente a los palos con clavos o las piedras no hay alternativas. Ahora las víctimas son entidades gobernadas por opositores al PRI. En un Estado débil nadie gana. Ese es el dilema, una democracia de las mayorías fundada en la palabra o una palocracia de las minorías.

A palos y sin autoridad la competida democracia electoral mexicana sigue siendo poco confiable. Se trata de un punto de inflexión, lo ocurrido no debe ser una excepción sino un reflejo automático de nuestra democracia. La racionalidad de la violencia legítima acota la violencia irracional. El déficit de autoridad es enorme, pero si los reflejos de la autoridad se vuelven consistentes, el uso de la violencia disminuirá. Eso es lo deseable, transitar de la palocracia a la democracia.
26 Marzo 2013 04:08:35
Tabúes
Las naciones se enamoran de las palabras con gran facilidad. Con la misma facilidad alrededor de las palabras erigimos tabúes que se convierten en los barrotes de una prisión mental. Crecemos entre palabras, las adoptamos como propias, con frecuencia las amamos o las odiamos sin analizarlas. La abstracción no es un ejercicio popular. Hace años manejaba por la Ciudad de México con Peter Eigen, el fundador de Transparencia Internacional como pasajero, cuando con toda ingenuidad me preguntó cómo le pueden poner a una calle Revolución. La revolución es un llamado a la destrucción de las instituciones, en Alemania -su país de origen- esto estaría prohibido. Traté de explicarle las implicaciones históricas del maderismo y de la revolución social, de la Constitución del 17, etcétera. La revolución no sólo es aceptada popularmente, sino incluso venerada.

Le mencioné que dos partidos políticos llevan en sus siglas a la Revolución. En ésas estábamos cuando me preguntó qué quiere decir Insurgentes, el nombre de la próxima gran avenida. Ahí sí me derrotó. Revolución, nacionalismo, insurgencia corren por la sangre de los mexicanos. Pero hay otros barrotes mentales que debemos destruir. Locke decía que el verdadero acto de gobierno supone la modificación de hábitos y los hábitos incluyen a las palabras que usamos. Cancelar la crítica a las palabras supone aceptar la prisión.

Los barrotes mentales se pueden quitar. Hace dos décadas la expresión libre comercio era para muchos mexicanos una gran amenaza. Aquí estamos en el 2013 como uno de los principales socios comerciales de la primera potencia económica del mundo y vendiéndole al día más de 1000 mdd. Ese TLC ha sido uno de los mayores impulsos al desarrollo del México moderno. Hoy la gran mayoría de los mexicanos (60%, ENVUD, FEP-Banamex) piensa que el libre comercio es benéfico para el país. Sólo 18% piensa que es malo. Los acuerdos comerciales con la Unión Europea o con la alianza del Pacífico, o muchos más, no encontraron oposición. Hace años, 30 quizá, la expresión equilibrio fiscal era vista como reaccionaria. Gastar más de lo que se ingresa sin importar las consecuencias en inflación y pérdida del poder adquisitivo era un acto de justicia. Así nos fue. Pero ya enterramos ese tabú.

Hoy enfrentamos nuevos retos. Ante la inminente e imprescindible reforma energética la palabra privatizar es una amenaza muy popular. Es increíble la irritación y furia que genera. Pero esa palabra tiene una connotación muy precisa: pasar bienes públicos a manos privadas. Sin embargo en ninguno de los planteamientos gubernamentales, que hasta ahora son sólo bosquejos, hay una propuesta concreta que implique tal acción. Hay por eso un diálogo barroco, de sordos. Nadie ha hablado de vender Pemex, de que los mexicanos perdamos derechos sobre los hidrocarburos o algo similar y ya se responde que la privatización no pasará. Va desde abajo, el fisco mexicano depende brutalmente, 40%, del ingreso petrolero. A Pemex se le ordeñan sus utilidades, 60%, sin consideración. Por eso la empresa está descapitalizada, sin cómo crecer e invertir más en exploración, que es el área más redituable. Hay actividades como la perforación en aguas profundas en las cuales Pemex no debe ir solo. Imaginemos un accidente como el que sufrió British Petroleum en el Golfo de México, el descontrol de un solo pozo le costó a la empresa más de 200 mil millones de dólares. ¿Queremos eso para Pemex?, ésa sería una deuda nacional. Por eso se requiere la asociación.

Calentar la plaza pública con esos tabúes y fantasmas incluso antes de iniciar la discusión es un acto de traición al sentido común. Si queremos prosperidad y justicia, comencemos por no invocar a los tabúes. El Pacto por México ha mostrado ser un buen instrumento para que los partidos se encuentren lejos del clientelismo que todos practican. Allí podrían comenzar por una pregunta: ¿quién ha hablado de privatizar?
12 Diciembre 2012 05:08:47
El sólido intangible
La seguridad por sí misma no es un proyecto de mejoría.

Sin seguridad básica no se puede construir un país. Pero la seguridad no es un proyecto de nación. No regresemos al debate de si Calderón hizo bien o no en entrar a la llamada “guerra” contra los narcos. Formalmente recibió la solicitud de intervenir con fuerzas federales. ¿Hubiera sido mejor que no actuara? Difícil afirmarlo. Todavía no es claro que las cifras nos anuncien la salida del túnel. A Peña Nieto le toca, así lo ha anunciado, seguir con la batalla, aunque con cambios. Entonces, no sabemos a ciencia cierta si la “guerra” en las calles se va ganando. Pero hay otra batalla en la cual sí es claro que Calderón y el país salieron perdiendo: la del ánimo.

Al ponerse la casaca en los primeros días de su gobierno, Calderón tatuó su gestión con esa causa. Por más que se quejara de que los medios sólo envenenaban con las notas amarillistas, la verdad es que él tampoco desaprovechó un espacio para insistir en la valía de su gesta. Al hacerlo Calderón mismo provocaba que los medios dieran esos espacios informativos a la “guerra”. Resultado: un círculo vicioso. Además apareció un elemento sorpresivo, el narcoterrorismo. México había sufrido actos terroristas aislados, una torre de electricidad derribada por el EPR, un bombazo sin heridos ni muertes en la capital. Pero nunca habíamos confrontado una verdadera estrategia de terror. Cabezas tiradas por aquí y por allá, cuerpos descuartizados, un horror. A diferencia de otras naciones como España y Colombia, en México no había experiencia en cómo lidiar con terrorismo, en este caso narco terrorismo. Se agravó el enredo.

Los medios de comunicación, sin darse cuenta, tendieron un tapete rojo al uso del terror. Un ejemplo, si una narco manta aparece colgada en una vía principal de Monterrey, la verán unos cuantos miles antes de que sea retirada. Pero si esa manta la reproducen las dos grandes cadenas de televisión, el mensaje llegará decenas de millones de mexicanos. De ahí surgió la idea de un acuerdo entre los medios que retoma otras experiencias, precisamente de España con ETA y de Colombia con las FARC. No se intenta limitar el deber de informar, simplemente se propone encontrar el equilibrio entre el acto de informar y la colaboración involuntaria e irresponsable con las fuerzas que atentan contra el Estado.

Por su lado la Presidencia hizo suya a la “guerra” como principal mensaje de comunicación. Agarraron al “Cuatro ojos” y al “Cinco manos” se convirtió en el material central de sus mensajes. Pero el efecto fue perverso, los mexicanos se sintieron atemorizados, si un individuo, el “Cuatro ojos”, es capaz de poner en jaque al Estado mexicano, realmente estamos en peligro.

Conclusión, el Estado mexicano es muy débil. Si a eso le sumamos que las televisoras nacionales tienen el efecto -benéfico y maligno a la vez- de homogeneizar la información, pues podemos entender el impacto. El ciudadano de Mérida -ciudad con índices de violencia inferiores a La Haya, bajísimos- después de ver los noticiarios matutinos sale de su casa creyendo que vive en Ciudad Juárez. Las dos acciones, la gubernamental y la privada, provocaron que la percepción se fuera al piso. El ánimo nacional se quebró.

Sin seguridad no se puede construir un país. Pero la seguridad por sí misma no es un proyecto de mejoría. Ante el reciente Pacto muchos se preguntan qué sentido tiene si de los 95 puntos es difícil que salga una buena parte. Mi impresión es la contraria. El primer logro del Pacto es sentar a la mesa a las tres principales fuerzas políticas del país. Las mismas que se han agredido e insultado durante los últimos años. El segundo es concebir 95 asuntos en los cuales es difícil -por no decir imposible- decir no estoy de acuerdo. Hay entonces la posibilidad de construir un proyecto conjunto de país. La discusión sobre la letra pequeña es muy compleja, pero el simple hecho de destacar la coincidencia es un acto de construcción de algo que está más allá de la seguridad, la nación. La nación es precisamente esa coincidencia en lo fundamental.

El viraje más importante no está en las calles. Se ha ratificado la presencia de las Fuerzas Armadas en las calles. Sin embargo Peña Nieto apunta a algo más inasible pero igual de sólido: el ánimo nacional. Al enumerar una serie de acciones concretas para construir a un mejor México que está ahí si nos lo proponemos, el Presidente genera una dinámica muy diferente. Julio Millán lo llama el efecto direccional. Si sabemos que se van a renovar los puertos, podemos pensar en que las exportaciones serán más redituables. Si se anuncia que habrá mayor inversión en infraestructura, la matriculación en ingenierías seguirá en aumento. Si se habla de trenes, habrá empresas interesadas. Al hablar en positivo del futuro y no nada más de la eliminación del mal, se construye nación.

El alma, el ánimo pesan y mucho. La nueva estrategia de comunicación es un acierto y una excelente inversión.
28 Agosto 2012 04:06:18
Entre bárbaros
Se ha dicho mil veces: México es un país privilegiado. Lo es -para empezar- por sus recursos naturales. Biodiversidad, desiertos, pero también selvas y bosques, montañas y planicies. La minería nos sigue dando casi 20 mil mdd al año. El turismo, otro tanto. Por supuesto, están sus costas hacia el Atlántico y el Pacífico además del embrujo del Caribe. La riqueza del plancton en El Mar de Cortés y lo que de ahí se deriva, lo ha convertido en referente mundial de la vida. La belleza de las playas y la temperatura de sus aguas son excepcionales. Pero hay un problema: nada es suficientemente bueno si quien lo puebla es un bárbaro.

“El Revolcadero”, nombre popular para una hermosa playa al sur de Acapulco es -por su dimensión, por su temperatura, por su celaje y atardeceres maravillosos, por su arena, por muchas razones- un verdadero paraíso. Por si fuera poco muy cerca está la laguna de “Tres Palos”, la cual, bien explotada, por sí misma sería motivo de regocijo. Allí hay múltiples aves y manglares magníficos. Pero tanto la laguna como “El Revolcadero” están en manos de nadie: ni la Federación, ni el Gobierno local, ni las autoridades municipales tienen control sobre la zona. La barbarie.

Ahí empieza el problema, las autoridades más cercanas a los sitios no tienen jurisdicción sobre ellos. Es la instancia de gobierno más lejana -la federal- la encargada de velar por su conservación. Así es en todo el país. En “Tres Palos”, se pesca sin miramientos, se caza sin control, se riega combustible en el agua y todo lo que el lector pueda agregar para destruir un ecosistema maravilloso. En “El Revolcadero” las plagas destructivas no podrían ser peores. Hay todo lo anterior más una adicional: las cuatri-motos. Se trata de unos aparatos que pueden ser muy divertidos cuando se les regula y que incluso pueden generar ingresos a sus dueños cuando se les alquila. Lo mismo ocurre con los Jet Skies. El problema no es el aparato en sí mismo sino la regulación de su uso. Cualquier aparato puede ser una maravilla o una amenaza. No se trata de bloquear el uso de un instrumento creado por la inteligencia humana. Defenderé el derecho a usarlo, pero también defenderé que su uso no dañe a terceros. Es el caso.

“El Revolcadero” es espléndido para trotar, caminar, hacer yoga o simplemente para que los niños jueguen con las olas de una playa larga, extendida y plana, fantástica para esos fines. Pero desde hace años una invasión de cuatri-motos ha venido a destruir esa paz envidada por muchos en el mundo. Los hoteles y condominios tratan de poner todo tipo de obstáculos y vallas para que sus huéspedes puedan salir sin peligro a usar las playas. Pero resulta que hay una comunidad (mafia) de cuatri-motos y caballos lo suficientemente agresiva como para amedrentar a cualquiera. Se dice que trafican de todo, aclaro, se dice, porque no me consta. De lo que sí sé es de los amedrentamientos y amenazas. De nuevo minorías pisoteando por la violencia a mayorías.

Lo increíble es que todo esto ocurre ante los ojos de la autoridad que es incapaz de poner un alto. De hecho hay allí unos letreros clarísimos que recuerdan el reglamento correspondiente que prohíbe tanto el uso de vehículos como el paseo de semovientes. En los edificios que hoy dan trabajo a miles de guerrerenses, al salir a la playa, uno se topa con sendos letreros que recuerdan a los huéspedes de la prohibición del uso y renta de animales y vehículos. Pero ahí no termina la desgracia: los usuarios y clientes son los propios dueños de los condominios que los compran o rentan para sí mismos, sus hijos o nietos. Con ese ejemplo ni para dónde ir. Resultado: una playa maravillosa está expuesta a la contaminación fecal de los animales, a los combustibles quemados y, quizá lo peor, a la contaminación auditiva. Para qué bajar a gozar de una puesta de sol si se expone uno a ser rociado de ruido y humos de gasolina.

Pero lo más descriptivo de nuestra forma de ser es la ignorancia del peligro: ni el respeto a la vida es motivo suficiente para respetar la ley. Los niños, sobre todo los más pequeños, no prestan atención al ruido de las motos que cruzan por la playa a una velocidad capaz de segar una vida. Con frecuencia son los comerciantes habituales que prefieren usar la playa como carretera a la vía paralela. Pero también ¡son los hijos y nietos de los huéspedes los agresores que le escupen ostentosamente a las normas! Los testigos son miles todos los días.

Soluciones hay. En esa larga playa se podría pensar en una zona confinada para el uso de los aparatos. Es una propuesta. Pero lo más irritante de todo es la sistemática burla de la autoridad inexistente, de las normas, del Estado de derecho que todos pisotean y dejan pisotear. El caso es representativo de México. Riqueza natural hay mucha pero, a la larga, lo que cuenta de un país es la forma como la explota, la forma como controla la barbarie. No hay riqueza que valga entre bárbaros.
21 Agosto 2012 04:08:07
La gente bonita de FOM
Delgado y siempre elegante, con su nutrido bigote y un colorido pañuelo en la bolsa de su tweed, con esos ojos vivaces y traviesos, se levantó de su asiento con la copa entre las manos. Brindó por la amistad, por la inteligencia, por la pasión. Después vino algo que me causó desconcierto: “por la gente bonita”. Allí estaban sus amigos de la Facultad de Medicina de la UNAM, ex rectores, médicos muy connotados y un nutrido grupo de jóvenes ex alumnos suyos, ahora colegas, que alzaron sus copas. Era claro que además del respeto al maestro de décadas, compartían con él algo muy profundo. La expresión “gente bonita” me quedó rondando en la cabeza.

Vivía “Pollito”, su compañera de vida, esa alma buena que -detrás de su suavidad- escondía la sabiduría de conocer y compartir la plenitud de lo sencillo con su amplia familia. FOM todavía ejercía directamente la cirugía. Pero resulta que su especialidad no goza de buena fama, menos aún hace medio siglo. Ser cirujano plástico remite, a muchos, de inmediato a la frivolidad de querer tener una nariz más respingada o unos pechos más llamativos o quitarse edad a través de mil trucos. FOM y sus alumnos eran conocidos por sus conocimientos en esa área que los ha nutrido de excelentes anécdotas. Se imagina usted si le propusieran embellecer a Gadafi, un caso extravagante.

Mi primera reacción aquella tarde al escuchar “gente bonita” fue pensar en esas frivolidades. Qué equivocado estaba. Lo que unía a los cirujanos en ese brindis era algo muy diferente. El rostro del ser humano concentra buena parte de su capacidad expresiva. Alegría, dolor, tristeza, amor, sorpresa, intriga, cariño, todo cruza por esos cuarenta músculos que nos permiten vivir e interactuar en sociedad. Por un lado están los accidentes, los quemados, los mutilados en diverso grado. Pero hay algo aún más estremecedor: las deformaciones congénitas. ¿A quién culpar cuando un niño nace con paladar hendido, a Dios por su descuido o a un maldito gen que no anuncia sus existencia? De poco sirve buscar culpables, las desgracias están allí afectando la vida y las almas de miles de niños. FOM y sus seguidores tomaron esta segunda vertiente, la más terrible y desgarradora. Se especializaron en deformaciones congénitas en niños, debiera decir en cómo corregirlas.

Imagine el lector a un niño que nace con dos narices o un tumor que llega a ocupar la mitad del rostro, o una deformación craneana que impide que el cerebro se desarrolle con normalidad. Agréguese la infinita crueldad infantil que lleva a la broma sistemática, al apodo hiriente, al ostracismo o al franco desprecio. La expresión persona surge precisamente a esa máscara necesaria en la convivencia humana. Alguien afectado en su rostro está afectado como persona. FOM y su escuela comprendieron que sus exitosos consultorios no eran el camino para llevar sus curas a los necesitados que no tienen recursos. La fórmula fue utilizar los consultorios y los dineros que por allí se generan para atender en hospitales públicos. A pesar del enorme desconocimiento de los alcances de la cirugía plástica, hace décadas, lograron que el Hospital General Manuel Gea González abriera sus puertas y con el tiempo creara una División de Cirugía Plástica para atender a personas de escasos recursos.

Con los años la División -por su profesionalismo, por su capacidad de innovación, por su calidad y calidez- se ha convertido en un referente nacional e internacional, un orgullo silente de México. Sin grandes promociones, de boca en boca, los pacientes llegan a ser tratados. Se sabe del grupo de médicos del que FOM fuera pionero y que entregan sus conocimientos, su tiempo, su vida, a sacar adelante a quienes están atrapados por la tragedia de su rostro. Sentados en pupitres, los médicos analizan caso por caso y la forma de permitir que el cráneo recupere sus proporciones normales, que la distancia entre los ojos sea la debida, que los labios se encuentren uno con otro, que los dientes crezcan, que las narices estén en su lugar, que los pómulos lo sean. Imposible describir la complejidad de las cirugías, mejor remito al lector a un espléndido documental Beautiful Faces de Russell Martin.

Allá al Hospital llega FOM, a sus casi 90 años, lúcido y alegre, apasionado y siempre elegante, a enfrentar los retos que la naturaleza les arroja. De allí ha surgido uno de los archivos científicos más sólidos del mundo. Los expedientes muestran los pasos dados por el bisturí para permitir que una mujer se case, que un niño sonría, que un hombre se suba al Metro sin que lo señalen como monstruo, que sean normales, uno más. Ahora entiendo el emocionante brindis de aquella tarde: a la amistad que nace de una causa de tal nobleza, a la inteligencia que se necesita para superar cada nuevo reto, a la pasión que lleva a entregar la vida, a la belleza entendida como dignidad humana. A eso se refería el gran Fernando Ortiz Monasterio.
14 Agosto 2012 04:00:32
Del alma nacional
La justa fue emocionante. El primer minuto sorpresivo. Pero después entró el terror: el “Síndrome Mexicano” podría atacar. Cuál es ese síndrome: relajarse por los vientos favorables, hundirse ante la adversidad. Pero los jóvenes mexicanos ya habían dado muestras de llevar otro chip. Ante la adversidad inicial frente a Corea sacaron la casta, no se relajaron. Siguieron adelante tratando de dar lo mejor de sí mismos. Buena noticia.

No hablamos de una figura. Hay 18 jugadores que integraron un equipo de verdad. Se dice fácil pero es conocida nuestra dificultad para los logros colectivos. No que lo primero esté mal, pero socialmente hablando lo segundo es muy significativo. De distintas zonas de la República, de diferentes orígenes sociales, los jóvenes mexicanos lucieron en conjunto. Por supuesto el que anota resalta, pero qué decir del portero, de la defensa, de la media cancha, de la coordinación que, cuando fallida, aceptaba correcciones. Los protagonismos quedaron aparte. La derrota o la victoria o era de todos, o no sería. Hoy todos ocupan un lugar en la historia deportiva que jamás hubieran obtenido con desplantes individualistas. Buena noticia.

Los coreanos son duros, pero lejanos. Los brasileños son cercanos y amenazantes. Sumémosle la excelente venta del Brasil reciente, de los famosos BRIC’s. Brasil será sede de los próximos Juegos Olímpicos y del próximo Mundial a pesar de que los índices de violencia son superiores a los nuestros. En ingreso per capita y en el Índice de Desarrollo Humano o en alfabetización están por debajo. Pero en futbol sí son estrellas, ni hablar. Sin embargo los jóvenes mexicanos no se amilanaron. Se mostraron como miembros de pleno derecho del mundo. La mayoría es generación post TLC. Crecieron con el mundo en sus pantallas y en la comparación permanente. Nada de mirarse al ombligo como forma de vida. México en el mundo y el mundo en México. Si ellos pueden nosotros también. Buena noticia.

Detrás está el esfuerzo constante, el compromiso y algo imprescindible, la técnica. La coordinación de los técnicos supuso también dejar atrás protagonismos infértiles. Aceptar que todos necesitamos de todos, que aprender de los otros es obligado, que el mundo no se inventa en México, que la juventud no basta, el conocimiento tampoco. Hay que poderlo transmitir. La emoción es sana, la pasión mejor, pero tampoco bastan. Hay que tener una estrategia y cumplirla minuto a minuto. No dejarse llevar por el arrebato, por la intuición sin rumbo, por la inspiración miope. Un equipo supone disciplina y mapa de acción al cual atenerse. Lo hicieron, buena noticia.

Las reglas son las reglas y hay que acatar. La discusión en la cancha no hace sentido, tampoco jugar sucio. El árbitro es la autoridad y de nada sirve gritarle o enfurecerse. Los hay duros y blandos, equívocos y acertados. Pero, de nuevo, en la cancha no hay nada que hacer más que acatar. Los jóvenes mexicanos no se vieron rebeldes, no intentaron retar a la autoridad, no hubo escenitas como en otras contiendas que lo único que lograron fue avergonzarnos frente al mundo. Actuaron con civilidad, condición y cualidad de cualquier triunfo. Esa civilidad es ejemplar para el país, qué diéramos por tenerla en otros ámbitos.

El nacionalismo exagerado puede ser el sarampión de las naciones jóvenes, según Einstein. Pero una nación sin nacionalismo es un contrasentido. Cuántas veces nos hemos avergonzado por esa exaltación grosera de lo propio que termina siendo ofensa al otro, ese somos superiores en esencia, esa soberbia de la que hablaba don Edmundo O’Gorman. Fortaleza artificial que en realidad esconde un brutal complejo de inferioridad. Pero no fue así. Utilizaron los colores nacionales, tomaron la bandera entre sus manos, es suya como de cualquiera. Pero no insultaron a los otros. Amor nacional pero no paroxismo de lo vacuo. Buena noticia.

Por la dimensión de nuestra población, poco más de 113 millones; por la juventud de la misma, 26 años en promedio; por la generalizada pasión deportiva; por los beneficios que el sano ejemplo provoca, por la necesidad de creer en nosotros mismos, justo ahora que estamos tan golpeados, por todo eso y más, la victoria del equipo mexicano es un gran estímulo.

Ojalá y el medallero olímpico se convierta en uno de los indicadores de nuestras debilidades y fortalezas. El lugar de México en el mundo también se mide en medallas.
07 Agosto 2012 04:00:23
Los mejores
Todos prometen lo mismo: de llegar al poder convocaré a los mejores, enfatizan, sólo a los mejores. La promesa recurrente es muy popular. El sentido común se impone. Alguien que va a ser intervenido quirúrgicamente pregunta mil veces antes de dejarse abrir. Pero, ¿quiénes son los mejores? Regresemos a la analogía quirúrgica. El mejor cirujano no necesariamente es el que tiene las mejores manos para mover el bisturí. La selección debe ponderar edad, carácter, experiencia, temple. Se trata de la convergencia de virtudes. Lo mismo vale para el capitán de un barco o de un avión. Por eso las sociedades establecen mecanismos que hacen del mérito la forma lógica de promoción. De ahí las horas de vuelo, los grados y los escalafones, etcétera.

En política debería ocurrir lo mismo. La res pública es un asunto muy delicado. El diseño de un impuesto puede tener consecuencias brutales en los niveles de injusticia de un país. Las políticas públicas pueden impactar a millones, ya sea en salud, demografía, energía, educación, la que se tome. En muchos países la formación de élites profesionales es una sana obsesión que busca garantizar a los gobernados la existencia de un diseño de largo plazo. La probabilidad de cometer errores es acotada con burocracias técnicas que están más allá de los vaivenes políticos. No es que sean apolíticos, eso no existe, es que son profesionistas antes que otra cosa. Por supuesto el concepto élite irrita a muchos, pues de inmediato asalta la idea de los nombres de abolengo. Hoy en día el asunto es más complejo.

Guillermo Soberón ha aportado a México muchas propuestas que en su momento no fueron entendidas. Ejemplos: la descentralización de la UNAM, la construcción del Centro Cultural Universitario, el fortalecimiento de la investigación, entre otras. Una de ellas -como siempre pensando en el largo plazo- fue comprender que a México le faltaban médicos sociales. Hasta hace muy poco el sistema de salud se apoyó en la visión de médicos de gran prestigio y renombre, sobre todo en los Institutos Nacionales que son un orgullo. Pero la complejidad de los sistemas de salud crece día con día. El consultorio puede ser sólo una etapa de la vida profesional. Fue Soberón quien impulsó a un grupo de jóvenes médicos conocidos como los “London boys” que salieron al exterior a formarse en esa visión. El reconocimiento internacional al aparato de salud se debe en parte a esa nueva visión.

El ITAM -fundado por don Raúl Baillères- se ha convertido en un semillero de servidores públicos -sobre todo economistas- que llegaron a releer nuestros dilemas con mayor rigor profesional. A José Sarukhán se le debe no sólo haber introducido en México el concepto de biodiversidad sino, además, haber formado los profesionistas y creado las instituciones -tanto dentro de la UNAM, como fuera de ella (Conabio)- capaces de encarar la enorme responsabilidad que esa riqueza supone. Los países deben tener sitios como el Instituto Matías Romero de la SRE o el Instituto Nacional de Administración Pública que garanticen esos cuadros de élite. Pero de nada sirven esos profesionistas si los partidos y el titular del Ejecutivo, que es en quien recae por mucho el mayor número de designaciones, no toman al mérito como guía y prefieren el dogma o la cercanía personal.

Por desgracia el síndrome de querer pintar todo de azul se acentuó durante la actual administración panista. El desplazamiento de los priístas era previsible, pero la misma historia del PAN como partido de oposición explica la carencia de cuadros con experiencia administrativa. En muchas áreas el costo de los relevos azules ha sido altísimo. México no puede darse el lujo de desperdiciar conocimientos y experiencia.

Durante las gestiones de Salinas y Zedillo llegaron al poder muchos profesionistas sólidos que después fueron desplazados por la era azul. Quiero pensar que en el 2012 las cosas pueden ser distintas. Cuando Peña Nieto dice que llamará a los mejores debería tomar en cuenta -para no repetir la cacería- a varios servidores de Calderón muy encarrilados en sus quehaceres. Pienso en Hacienda, Salud, IMSS, INFONAVIT, ISSSTE, entre otros. En esas instancias hay en curso asuntos muy complejos y en algunas sus titulares han sido relevados varias veces. El costo de aprendizaje ha sido alto. Cierta continuidad administrativa caería muy bien.

Se podrá discutir el desempeño de fulano o zutano, pero lo importante sería que Peña Nieto diera a México y al mundo una señal de mérito profesional en la selección. No tiene por qué saber de todo. Los grupos compactos que rodean a los presidentes son inevitables, pero gobernar sólo con los cercanos es un grave error que hemos pagado muy caro. En México -dentro y fuera del gobierno- hay excelentes profesionistas con corazón de servicio público que están más allá de las pasiones partidarias. Ojalá los tricolores no hagan a los azules, lo que estos les hicieron. Contener pasiones hablaría de grandeza, no de debilidad.
31 Julio 2012 04:06:46
AMLO®
Él sabe que sus dichos son una majadería al sentido común

Compararse con Hidalgo, con Morelos, con Juárez, con Madero, cómo interpretarlo. Seguramente es otro lance demagógico más de los muchos que le hemos escuchado. Esa es una posibilidad, le damos al autor de esas notorias sinrazones -AMLO- el beneficio de la duda, de una astucia y arrojo asombrosos. En esta versión él sabe que sus dichos son una majadería al sentido común, pero los usa. Hay otra posibilidad, que en verdad lo crea, que esté convencido de ser un héroe llamado a fundar una nueva nación. Demasiadas novelas de caballería, quizá. Pero cómo explicar la actitud de sus incondicionales: o ya están también montados en la sinrazón o son unos timoratos incapaces de decirle a su líder que roza la locura.

Fue él quien se vanaglorió de tener 5 millones de seguidores que cuidarían paso a paso la jornada electoral. Démoslos por buenos, ahora resulta que esos cinco millones fallaron, no vieron el macro fraude, que para él y sus comparsas es hoy -no antes- evidente. O quizá también los corrompieron con tarjetas de descuento, estrategia -la compra- que el PRD también hizo suya. Allí están las fotos de cubetas, relojes con las iniciales de AMLO, naranjas envueltas con dinero, regalitos que algo pretendían. O sea que AMLO en verdad piensa que México es un país de corruptos, lo del “pueblo bueno” era sólo de dientes para afuera. Cómo explicar la participación de un millón de ciudadanos como funcionarios de casilla y dos millones más como representantes de partido, todos capturados por la corrupción.

La otra explicación es igual de ofensiva: Televisa manipuló al 70% del electorado. Corruptos y manipulados los mexicanos no saben lo que hacen, claro, salvo en la capital de la República, en Tabasco, Morelos y en las otras cinco entidades donde él ganó. Parafraseando al clásico, odio las telenovelas, pero defenderé a muerte el derecho de cualquiera a verlas. Aflora de nuevo el ánimo mesiánico, de alguien que llegó a rescatarnos, de ahí la necesidad de una nueva organización que salve nuestra democracia. De ahí que el #YoSoy132 quiera “despertar” a los mexicanos atrapados en las redes invisibles de la idiotez televisiva. Esos engañados todavía tienen alguna esperanza, “despertar”, no forman parte de la “mafia”. Pero entonces cómo explicar ese México que usa cada vez más la alternancia para desplazar a los gobernantes que no le satisfacen, ese México que se inconforma, protesta y se manifiesta por las más diferentes causas: defender el derecho de formar pareja con una persona del mismo sexo o simplemente salvar un parque o denunciar la corrupción.

¿Cómo casar ese discurso moralista del rescSobre advertencia no hay engaño, ¿esperar al Tribunal? Con el tono sibilino de siempre AMLO ya anunció que va a la movilización, que su lucha por rescatar nuestra democracia apenas comienza, que podría estar en la boleta en el 18, así de sencillo. El divorcio que muchos desearíamos para que naciera una nueva izquierda no se ve en el horizonte. La razón es clara: se necesitan mutuamente. De seguir por dónde van los avances doctrinales de la izquierda se podrían desvanecer en un mar nauseabundo de corruptelas de los muchos que se amparan en las siglas del PRD. Por eso no se preocupan, ya tienen su marca registrada: AMLO.
24 Julio 2012 04:06:05
Ánimo
“El AVE nos ha quitado complejos”, declara la joven ingeniera española y sonríe. Vive en medio del peor ajuste financiero de la España moderna. Se refiere al concurso ganado por un consorcio español -privado y público- para la construcción de un tren rápido a La Meca. La tecnología española se impuso a la francesa. El monto: casi 7 mil millones de euros. Eso es mirar lejos. Para España los próximos años serán muy difíciles, pero retomará su camino a la prosperidad. Vienen de muy atrás y llevan mucho andado. La ingeniera pensaba y soñaba en esa España de después de la crisis. ¿Y México?

Aquí el asunto es totalmente el inverso. Gracias a las reformas de los años 90 y a la continuidad de las dos gestiones panistas en lo que se refiere a las finanzas públicas, México sorteó la crisis de 2008 mucho mejor que la del 94-95. El país crece hoy a una tasa nada despreciable, alrededor de 4 por ciento. La fluctuación del peso ya no es traumática. Las reservas del Banco Central crecen y crecen. En algunas áreas México despunta, como la automotriz. Las exportaciones mexicanas rebasaron los mil millones de dólares al día, fantástico. Pero entre la violencia, los muertos por decenas de miles, el terror como técnica de los narcos, los sistemáticos reclamos de los partidos entre sí y el reiterado señalamiento de fraude que ya lleva seis años y pudiera durar otros seis, el ánimo de los mexicanos está quebrado. Hemos perdido incluso la capacidad de imaginar al nuevo México.

La semana pasada en el Club de Industriales, Santiago Levy presentó una propuesta para caminar hacia un sistema universal de salud. Lleva años trabajando el tema. Levy anuda tres flancos: empleo productivo, salud universal, pensiones y por supuesto la fórmula hacendaria para financiarlo. El punto de partida es claro, el actual acuerdo institucional que vincula la fuente de trabajo con el acceso a la seguridad social y las pensiones está rebasado. El Seguro Popular es gran avance en el sentido correcto, pero no soluciona el dilema de fondo: cómo financiar la universalización del servicio. IMSS, ISSSTE, más los sistemas estatales de salud, son una excelente plataforma. México puede dar el paso a un sistema universal de salud sustentado en un IVA generalizado que él calcula en 16 por ciento.

Ya oigo las resistencias: un IVA generalizado en medicamentos y alimentos perjudica a los pobres. Es cierto, es el primer impacto. Por ello se hacen necesarias acciones compensatorias. México ya cuenta con la larga experiencia de PROGRESA-OPORTUNIDADES que sería el brazo a fortalecer para esa compensación dirigida. Sabemos dónde están y quiénes son. Los recursos podrían fluir por los mismos canales que ya han mostrado sus bondades. Sólo así los más pobres serían los más beneficiados, como debe ser. Porque está el otro lado. La exención en alimentos y medicinas es un impuesto brutalmente regresivo. Nada más en medicinas el IVA -tal y cómo está- le hace llegar a las clases medias y altas alrededor de 15 mil pesos anuales. En cambio para las familias de escasos recursos el beneficio es poco superior a 2 mil. Además debemos capturar las aportaciones de los millones de mexicanos que, estando en la economía informal, no aportan un peso a su seguridad ni a sus pensiones.

Informalidad no equivale a bajos ingresos. Para la discusión los informales son todos los que no están en una nómina. Un ejemplo: todos los que cobramos por honorarios o derechos de autor, en mi caso, no estamos en una nómina y no aportamos ni a salud ni a pensiones. Pero hay otro efecto relevante: dejar de gravar al sector productivo con cuotas patronales sería un formidable impulso al crecimiento económico, es decir más empleos productivos. Con otra, los cientos de miles de empresas informales que no aportan al IMSS por los estímulos perversos del actual esquema serían “legalizadas”. Trabajadores y patrones aportarían a las pensiones y salud a través del impuesto general, de su capacidad de consumo: el que más consume, más paga. Esa sí es una fórmula progresiva.

Por supuesto que se miran muchos escollos. La transformación de los sindicatos de IMSS e ISSSTE, el más visible. Ambas instituciones están quebradas por el brutal peso de las pensiones de sus trabajadores. El Estado mexicano tendría que asumir esos pasivos. También sería necesaria una reforma al Artículo 123 que divide a los trabajadores del sector privado y los del sector público. En el nuevo esquema todo lo mexicano, por el simple hecho de serlo, en Chiapas o Baja California, e independientemente de su situación laboral tendría acceso a todo tipo de servicios de salud. Levy propone la creación de un Fondo Nacional para la Salud que administre la recaudación etiquetada -10% del 16%- del nuevo impuesto. La propuesta es compleja y merece estudio, pero reanima.

Los creadores del IMSS y del ISSSTE pensaron en grande, querían mayor justicia. Hoy ocurre lo contrario. Es momento de volver a ese ánimo, de terminar con tabúes y encarar el reto.
17 Julio 2012 04:06:29
Efectos secundarios
“Nuestra amistad inspira a Europa”. El escenario es Reims, la ciudad francesa devastada durante la invasión nazi. Angela Merkel, autora de la expresión, y Francois Hollande están parados frente a la placa que recuerda ese horror. Es un día lluvioso, el 50 aniversario de la reconciliación franco-alemana. Los dos mandatarios estrechan sus brazos y muestran, en acto simbólico, cómo sus países miran hacia enfrente, trabajan a diario para enterrar odios y resentimientos graves. Recordemos los brutales bombardeos sobre las ciudades francesas, a los cientos de miles que perdieron todo, comenzando por sus familias. Recordemos la arrogancia de Hitler paseándose debajo del Arco de Triunfo. El dolor de una guerra no muere, pero la actitud civilizatoria es clara: construir una cultura de paz y tolerancia.

Si el 8 de julio de 1962, también en Reims, Konrad Adenauer y Charles De Gaulle, a menos de dos décadas de terminada la gran guerra, fueron capaces de reiniciar una relación, los franceses y alemanes de hoy deben ser capaces de cerrar las heridas. Hubo y hay fines superiores: reconstruir Alemania y Francia entonces, hoy -en plena crisis europea- continuar con una alianza estratégica que mucho bienestar ha traído a las dos principales economías europeas. Brinco a México.

¿Tiene algo de malo señalar el riesgo mediático que acompaña a las democracias de nuestra era? Para nada, está allí en potencia. Karl Popper, el gran liberal del siglo 20, lo señaló en el que fuera su último texto. Sartori también ha tocado el tema. El caso Berlusconi pone los pelos de punta. ¿Tiene algo de malo delatar la compra del voto? Por supuesto que no, por el contrario, al señalar esa corruptela se le hace un bien a nuestra inacabada democracia. La responsabilidad es compartida entre quien compra y vende, y en una sociedad donde todavía hay porciones importantes de pobres, el riesgo seguirá estando ahí. ¿Tiene algo de malo impugnar una elección cuando hay elementos y los cauces legales para hacerlo? De nuevo, no. Entonces, ¿dónde está el problema?

El primer problema está en el necesario respaldo moral del demandante. Ladrón que acusa a ladrón no puede reclamarse como juez del pueblo. Si algún uso perverso hubo durante las precampañas, fue la exposición de AMLO en los tiempos oficiales de los partidos de la alianza. Era el único con esa posibilidad. Fue entonces que rebasó a Ebrard en población abierta y disminuyó sus negativos. Sacó raja de un resquicio de la ley, que ya nadie menciona. El candidato que mayor exposición acumulada tuvo no tiene la autoridad moral para hacer ese señalamiento. Durante 2006 fue él quien consiguió un programa cotidiano en una televisora. Sobre el segundo tema, la compra del voto, el PRD da lecciones. Tampoco procede erigirse en juez.

AMLO sabe que es casi imposible que el TEPJF decida a favor de una violación generalizada al Artículo 41 constitucional, sabe que la nulidad absoluta ya no es causal, sabe que la elección ha sido la más vigilada y regulada de toda nuestra historia. ¿De verdad está dispuesto a acatar la decisión de la última instancia? De ser así, ¿por qué convoca desde ya a una movilización nacional para “defender” a la democracia mexicana? No hace sentido. ¿Qué van a hacer con las frustradas expectativas de miles de jóvenes? Pero hay algo más grave, los efectos secundarios.

“¡JUDÍOS-SIONISTAS=ASESINOS DE MIERDA!; “... eres un anti-México... me das vergüenza maldito judío”; “... ¿intelectual? Jajaja bueno... Si no es más que un sucio judío”, “fulano y zutano (omito los nombres) Primera lealtad Israel, luego EU y lo que queda para su “México neoliberal”. La lista de tuits es infinita. Pero ahí no acaban los efectos secundarios. Hay de otra índole, también con procedencia de los demócratas puros de nueva generación.

“Haz patria. Mata a Peña” leí el sábado pasado en la marcha convocada por las redes sociales, justo frente al magnífico Museo de la Tolerancia, nueva visita obligada de la ciudad. Y como esa consigna había decenas más. ¿Qué van hacer con todos los odios que están desatando? Porque cuando anden “rescatando” a la democracia mexicana, los odios seguirán aquí. ¿Cómo es posible que la izquierda no condene actitudes xenófobas, racistas, fascistas? ¿Qué izquierda es ésta? Quizá por eso la transición en México se dio por la derecha, porque la izquierda está desdibujada en sus principios democráticos. Porque de nuevo va a provocar la imagen de peligro que el ciudadano condena, porque el caudillo que ratificaron para ganar votos y dineros está dispuesto a enterrar a la izquierda liberal con tal de seguir en las candilejas.

Hará todo lo posible por estar en 2018, hiriendo así de nuevo a la izquierda moderna que sí podría ganar una presidencial. No lo den por “muerto”. Dos cosas quedan claras. Una, como dijera un sabio, los políticos no se retiran de la política, la política es la que los retira. AMLO no lo entiende. Dos, no es Adenauer ni De Gaulle, es un profesional del odio.
05 Junio 2012 03:00:48
Dilema
La tendencia no está del todo confirmada. El anuncio de que AMLO empataba y después desplazaba lentamente a JVM viene de semanas atrás y proviene de varias casas encuestadoras. Sin embargo ninguna de ellas lo situaba cerca de EPN. El estudio más reciente de “Reforma” presenta un panorama muy diferente en el cual el candidato de las izquierdas podría estar ya en empate técnico con el puntero. Insisto, las cifras son todavía una excepción entre los ejercicios, incluido el cotidiano de “Milenio”. De confirmarse el giro radical, la que parecía ser una aburrida elección con un puntero muy lejano podría plantear a muchos mexicanos un dilema.

De seguir la mecánica de otras elecciones tanto locales como internacionales, las competencias de tres terminan decantándose en carreras de dos. Se trata de una segunda vuelta virtual en la cual el elector de la opción que se desploma a un lejano tercer lugar tiene que optar ya no por su predilección, sino por la opción que considere menos mala. Recordemos la reelección de Chirac frente al amenazante Le Pen. Vázquez Mota no se ha desplomado, en la propia encuesta de “Reforma” conserva un 23% que no es sinónimo de desplome, aunque en total habría perdido alrededor de 10 puntos. Pero insisto, suponiendo que en los próximos días se confirmara este cambio radical de las tendencias, estaríamos ante el encadenamiento de actos insólitos. El primero es la muy fuerte reducción de los negativos de AMLO, que se conservó durante años como campeón en la materia. El segundo es una caída en las opiniones favorables de EPN, a pesar de un arranque estelar. El haber permanecido como puntero durante meses lo expuso a concentrar los ataques. Tercero y también por confirmar, un fuerte rechazo de los jóvenes a EPN, que no hace mucho se inclinaban por el PRI como mejor opción.

En ese escenario, dos opciones con posibilidades reales, EPN y AMLO, el mayor dilema recaerá en los electores panistas que quieran utilizar su voto para impedir: a) que llegue EPN, b) que llegue AMLO. Según los datos publicados ayer por “Reforma” los independientes y los simpatizantes panistas tenderían a inclinarse por AMLO. Mientras casi la mitad de los seguidores de Quadri lo harían por EPN. Aquí una suma aritmética simple no basta, pues desconocemos en qué proporción los simpatizantes del PAN y de JVM se irían por el voto útil. Pero algo indican las cifras. Como en 2006, sería el voto anti EPN y PRI o anti AMLO lo que podría determinar al vencedor. Conociendo el posicionamiento del ex presidente Fox y las duras respuestas de sus correligionarios, es claro que el panismo está dividido.

Los cálculos en esta hipótesis de trabajo hoy todavía tienen un enorme contenido especulativo. Falta por confirmarse lo que hoy muchos miran como una anomalía en el estudio de “Reforma” –el empate técnico de EPN y AMLO–, dato central de todo el escenario, que contradice a un buen grupo de casas encuestadoras que dan un amplio margen al priísta. Pero quizá lo más interesante es la radiografía del discurso político imperante. El antipriísmo viene de lejos, pero fue en la campaña de Fox donde logró su mayor triunfo. La versión de los 70 años de oscuridad y el amanecer panista caló en muchas conciencias.

Para este grupo el regreso del PRI supone la reinstalación de los peores lastres nacionales. (Sugiero los materiales de Marco Provencio en Milenio: “El regreso ¿de qué?, ¿de quién?” I y II, mayo 25, junio 1o.). En esa lectura que llevó a Fox al poder, el retorno del PRI de los últimos años en municipios, ciudades y entidades muy importantes resulta imposible de explicar. O los mexicanos son suicidas o la tesis de la oscuridad no está en la memoria profunda de muchos ciudadanos. Una nueva Presidencia priísta simplemente escapa a su lógica. La alternancia servía para sacar al PRI como objetivo principal. Pero resulta que 12 años después algo han hecho bien en ese partido –postulación de candidatos, campañas, etcétera–, pues en pocos años han logrado invertir su mala imagen. Por otro lado, los gobiernos panistas y perredistas también han estado manchados de problemas, de falta de profesionalismo y de corrupción. Para un ciudadano común el triste espectáculo está en todas partes. Nadie puede clamar pureza.

En la evidente polarización del elector también ronda la idea de “es un peligro para México” atribuido hace seis años a AMLO por los panistas que ahora podrían enfrentarse a un dilema terrible: quién es más peligroso. Si de verdad AMLO lo fuera, cómo ha logrado engañar a tantos. Esos postulados de campaña envenenaron mucho a México. Decir que las televisoras controlan al electorado es una gran ofensa a los electores. En 88 Cárdenas, sin televisión, escaló asombrosamente. En 2003, a pesar del bombardeo de spots de la presidencia azul, el PAN retrocedió. El odio juvenil a las televisoras merece menos pasión y más información. Con sus cifras “Reforma” introdujo algo de suspenso, que es de lo que vivimos los de este oficio.
15 Mayo 2012 03:00:16
Poda
La palabra pluralidad es muy seductora. Una sociedad plural es en esencia superior a una que no lo es. La pluralidad -en teoría- nos habla de las diversas interpretaciones de la vida y ello enriquece a toda sociedad. La democracia es el hogar de la pluralidad. Las autocracias, las dictaduras y los regímenes autoritarios están reñidos con la pluralidad. En ellos, desde el poder se impone una lectura de la vida: de la raza superior al Hombre Nuevo o la Revolución Cultural China. La pluralidad es garantía de sana confrontación, de equilibrio de fuerzas, de libertad. Hasta ahí todo suena muy bien.

En teoría, de nuevo, una sociedad plural se expresa en muy diversos niveles. Debe haber pluralidad en la opinión pública, periódicos, radio y televisión. Una sociedad plural incluye organizaciones ciudadanas diferenciadas, iglesias de distintos credos y por supuesto expresiones artísticas muy diversas. Incluso en la ciencia -que siempre carga con una falsa connotación de versión única- debe haber la convivencia -como advirtiera Tomas Kuhn- de paradigmas distintos. Sólo así la ciencia se renueva y cumple con su función de indagar con ojos severos. Si el bloque soviético hubiera permitido el florecimiento de los críticos a sus disfuncionalidades quizá hubiéramos visto otra historia. Una sociedad que se cierra a la pluralidad cava su propia tumba. La sangre nueva surge de la confrontación en libertad, de la pluralidad.

La vida política debe ser un templo de la pluralidad. Suena bien. En teoría -por tercera ocasión- la diversidad de partidos debe representar a la pluralidad social. Pero resulta que en política -además de la doctrina- también se debe mirar a los resultados. La arena política conduce a la capacidad de gobierno y ella no tolera excesivas dosis de pluralidad, por lo menos no en sus estructuras básicas. Una de ellas son los partidos políticos. Hay sociedades cuya pluralidad no está en duda -los Estados Unidos o Gran Bretaña- una con régimen presidencial y la otra, parlamentario- que no presumen por el número de partidos que los gobiernan. De hecho han sido dos partidos divididos durante siglos por principios doctrinales muy claros, los predominantes. Por supuesto que ha habido reclamos minoritarios y surgimiento momentáneo de nuevas fuerzas pero, al final del día, son dos organizaciones las que encauzan a esas sociedades. Se trata de las democracias más antiguas. Alemania es otro caso en el cual dos partidos concentran históricamente el poder.

Conclusión: no hay absolutos. En los extremos una sociedad sin alternativas políticas está enferma. Pero una sociedad con excesiva proliferación de partidos o, peor aún, con falsos representantes- tampoco es en sí misma más sana. En Argentina a principios de los setenta llegó a haber más de 50 partidos políticos registrados. Eso no le trajo mejor gobernabilidad. En Italia, una de las cunas de la concepción democrática, en la misma época, los partidos se multiplicaron. Fue un desastre. ¿Cuál es el número ideal? Difícil decirlo. Giovanni Sartori sostiene que los regímenes presidenciales no digieren bien la proliferación de partidos. En los parlamentarios, buena parte de la pluralidad se expresa al interior de ellos a través de corrientes y posiciones. Por supuesto que hay pluralidad pero ella no necesariamente conduce a nuevos partidos.

México tiene una historia particular. Durante décadas el predominio de un partido hegemónico -como se dice ahora- impidió el nacimiento de otros partidos. El aparato autoritario-corporativo oprimió las expresiones externas. Pero los estudiosos -tanto nacionales como extranjeros- reconocieron que una de las explicaciones de la permanencia del PRI fue el permitir en su interior distintas posturas. Ese fue su origen. Había sin embargo un carácter autoritario innegable. Cuando se dio la apertura a finales de los años setenta, la aparición de nuevos partidos parecía un objetivo en sí mismo. Se trataba de reconocer a las fuerzas políticas, sobre todo a la izquierda, que estaban fuera. Tres décadas después la historia se mira diferente. Esa proliferación se convirtió en un elemento de prostitución. Lo digo en sentido estricto: dinero por servicios.

De 1979 a la fecha (J. Alcocer, Enfoque 940) surgieron más de 20 partidos. Todos recibieron dineros públicos. De ahí cuatro o cinco -los de la izquierda original- pueden ver a la historia con la frente en alto: evolucionaron. Los otros son una vergüenza. Hoy sólo tres son nacionales y auténticos (PAN, PRI y PRD) y deben ser plurales en su interior. Una de las pocas cualidades de la actual ley electoral es que el elector podrá en julio distinguir entre partidos. ¿Qué han aportado el PVEM, el PT, el MC (ex Convergencia) y el PANAL? Negociaciones confusas, ordeña de recursos públicos. No propongo cerrar las puertas a nuevas formaciones, pero quizá ha llegado el momento de una poda. De mi parte ningún voto a la farsa. Hay tres fuerzas nacionales reales, lo demás es negocio.
24 Abril 2012 04:08:16
Una más
Quizá la pregunta inicial debiera ser ¿en qué consiste la riqueza de las naciones? Durante siglos de historia escrita, quizá hasta la aparición de la primera Revolución Industrial, se consideró que los recursos naturales eran la fuente de la riqueza primordial. La extensión territorial era el principal símbolo de poder y de riqueza. Guerras fueron y vinieron para retener o conquistar territorios. Desde Alejando Magno o el imperio romano, hasta Napoleón y en algún sentido también Hitler fueron presas de la idea de extensión como triunfo y enriquecimiento. En ese sentido los recursos naturales jugaban un papel central. Puertos, minas, rutas comerciales, las grandes extensiones territoriales inclinaron la brújula de muchas decisiones.

Los imperios fueron producto de esa concepción: crecer para fortalecerse. Pero a la mayoría de los protagonistas de esas aventuras a la larga no les fue muy bien. El desmoronamiento imperial es una historia triste que contamos muy poco, léase España, Portugal, Gran Bretaña, para recordar otros ejemplos más recientes. El tratamiento hacia la riqueza de cada nación es una historia apasionante. Cito un caso documentado por ese gran historiador que es Simon Schama sobre lo que hoy llamamos los países bajos, The Embarassment of Riches. De nuevo las revoluciones industriales cambiaron los parámetros. Es cierto que las dos mayores potencias económicas del mundo hoy tienen extensiones territoriales enormes, China y Estados Unidos. Pero también lo es que la tercera, cuarta y quinta (Japón, Alemania y Francia) no se caracterizan por eso y que otras naciones como India, Indonesia, Australia, Argentina o Venezuela no están en la lista a pesar de su extensión. El asunto se vuelve evidente cuando observamos el IDH (Índice de Desarrollo Humano) ideado por Amartya Sen que mide calidad de vida. El primer lugar lo ocupa Noruega, que no se caracteriza por su extensión territorial. O sea que la dotación natural ayuda, pero no lo es todo.

Hay autores como David S. Landes (“La Pobreza y la Riqueza de las Naciones”) que han indagado sobre las otras condiciones imprescindibles para la creación de riqueza como por ejemplo la capacidad de desarrollar nuevas tecnologías y la protección inviolable de los derechos que de ahí se derivan. La dotación natural no lo es todo. Hay países altamente dotados por la naturaleza que siguen en la pobreza y otros en condiciones muy difíciles han salido adelante. Lo primero es quizá reconocer esas dotaciones y explotarlas de la forma debida. México es en eso un saco de contradicciones. No tenemos una gran dotación de tierras con vocación agrícola, pero nos empeñamos en ser un país de campesinos. Tenemos una vocación natural silvícola -más de 20% del territorio- pero nos damos el lujo de importar celulosa y papel. Nos rodean los mares pero, como dijera don Carlos Bosch, les hemos dado la espalda. Los estados del norte, con porciones muy amplias de desierto, son en lo general prósperos y los del sur, con grandes riquezas naturales, son los más pobres. Algo no cuadra.

“The Economist” (abril 21, 2012) habla ya de la tercera revolución industrial derivada de las capacidades de diseño que las nuevas tecnologías brindan. Pero hay otra de la cual se habla poco: la bioeconomía, es decir la brutal capacidad de generar riqueza a partir de los conocimientos genómicos. Para sintetizar, las tasas de retorno a la inversión en esa rama han alcanzado el 141%, niveles inimaginables en muchas ramas industriales. Pero claro la bioeconomía, la genética, tiene condicionantes naturales. La biodiversidad, término por fortuna introducido en México por José Sarukhán, es la plataforma de despegue. Hay países hoy muy ricos con poca biodiversidad. Hay otros pobres con un enorme potencial en esa rama. México es uno de esos. Pero claro, de nuevo, “Dios da el agua pero no la entuba”. De nada sirve tener los recursos naturales si no sabemos usarlos de manera adecuada.

Recientemente se publicó un texto multidisciplinario (Genómica y bioeconomía, Colmex-Colegio Nacional) que desnuda la gran oportunidad pero también la enorme responsabilidad que tiene México en ese tema. Siendo el quinto país en biodiversidad, México puede convertirse en una potencia en bioeconomía. No exagero. Y esa nueva potencia no habla de algo abstracto e inasible, sino de nuevas empresas, de muchos más empleos, de generación de riqueza, de disminución de la pobreza, de una sociedad más justa. Eso es lo más importante. No llegamos a la cita con la primera revolución industrial, ni con la segunda, no me queda claro que estemos a tiempo para incorporarnos a la que The Economist llama la tercera, pero la cuarta está frente a nosotros. Ante advertencia no hay engaño. Si se nos va ésta, no tendremos disculpa. Hace unas semanas un grupo lanzamos una lista de preguntas concretas para los candidatos. Agregaría una. Me gustaría saber qué proyectos tienen los candidatos a la Presidencia sobre bioeconomía. Nada más.
10 Abril 2012 03:00:07
La nobleza del gris
La ovación fue estremecedora. Con el puño recogido el Presidente en turno, López Portillo, anunciaba la estatización de la banca y el control de cambios. Era su último informe. Su errática y desordenada administración heredaba un desastre financiero y político. Ni el auge petrolero fue suficiente para sustentar la megalomanía del gobernante. Un brutal déficit y una fuga de capitales sin precedente provocada por la desconfianza general lo llevaron al desesperado acto con ánimo de salvar su figura histórica a cualquier costo. La prelación era clara: primero él y después las consecuencias que el país debería pagar. Era el inicio de un oscuro túnel impuesto desde Los Pinos.

Carlos Abedrop, presidente de la ABM, se retorció en su asiento y de inmediato hizo pública la total oposición a la medida. Las tensiones llegaron el extremo. La pesada maquinaria del autoritarismo respondió al llamado presidencial. La aplanadora apareció por todas partes: de las multitudinarias manifestaciones públicas en adelante. Ese 1 de septiembre -también en San Lázaro- se encontraba el hombre que asumiría la enorme responsabilidad de reencauzar a México. No permitiremos que el país se nos deshaga en las manos fue el mensaje lanzado desde la misma tribuna unas semanas después. No exageraba un ápice. México estaba al borde del abismo. Sólido abogado, con amplios conocimientos de economía, gran lector, Miguel De la Madrid Hurtado tenía algo aún más valioso que su preparación profesional. Era un hombre de grandes virtudes.

Sereno por naturaleza, ecuánime por convicción, austero por ejercicio cotidiano, sin tentaciones protagónicas supo desde el inicio de su gestión que difícilmente le tocaría cosechar. Víctima del paroxismo presidencial acotó la Presidencia. En pleno control de sus emociones impidió una cacería de brujas que nada bueno le hubiera traído a México. Giró el timón del buque a sabiendas de que el cambio de rumbo -título del espléndido ejercicio de memoria de su gestión coordinado por Alejandra Lajous- tardaría en llegar. La emergencia era la brutal deuda externa, su gobierno se contaba por días antes de caer en moratoria. Apoyado en su articulado secretario de Hacienda Jesús Silva Herzog, renegoció con los gigantes ganando poco a poco un valioso tiempo para reconstruir la economía. Pero no bastaba.

Recuperar la salud financiera pasaba por desprenderse de las miles de entidades económicas de todo tipo -la mayoría de ellas pésimamente administradas- que gravaban sobre el erario. El estatismo no sólo era una condición, sino una cultura. Un Estado fuerte era un Estado poseedor, así estuviera quebrado. El desequilibrio fiscal era visto por muchos como un instrumento de justicia social. El equilibrio era reaccionario por definición. Ese era México. Seis años le llevó domar a la bestia inflacionaria. No tuvo el menor problema en cambiar de estrategia tantas veces fuera necesario para lograr los resultados.

Con visión histórica comprendió que el autarquismo económico llegaba a su fin. Era el fin de un modelo y una era. Comenzó la apertura a pesar de las múltiples resistencias internas que se negaban a aceptar que el nuevo eje era el consumidor. El proteccionismo tenía muchos adeptos que se opusieron al ingreso de México al GATT, primera estación de la ruta a la apertura comercial sin la cual no podemos entender al México contemporáneo. De la Madrid tuvo el mérito de rodearse de un sólido grupo de economistas, abiertos al mundo y formados en las mejores escuelas, que fueron quitando uno a uno los anclajes del estatismo. Por si fuera poco, con Bernardo Sepúlveda en la SRE, le tocó lidiar con el galopante neoimperialismo de Reagan. Centro América era un polvorín que desactivó el Grupo Contadora.

Erupción del Chichonal, explosión en San Juan Ixhuatepec, el peor terremoto de la historia, caída de las bolsas en el mundo y el huracán Gilberto fueron sólo algunos de los amargos aderezos de los tiempos que le tocó gobernar. Gris, ausente, son las críticas más frecuentes. Institucional hasta la médula, De la Madrid sabía que la solidez de un país está más allá de la popularidad de un gobernante. Su fama pública lo tenía sin cuidado. Como ex presidente regresó a los libros, a trabajar todos los días, dignamente en el FCE. Su aplomo, su esmerada educación y firmeza reivindicaron la Presidencia de México. Se dice rápido. Con mirada de águila pero afable, recibía el reconocimiento ciudadano en los sitios públicos que nunca dejó de visitar. En los hechos la gente aplaudía su forma de ser. En un país de redentores autodenominados cómo se aprecia la nobleza del gris, gris acero, de un gran Presidente.
27 Marzo 2012 04:00:08
Preguntas y respuestas
Pero más allá del interés intelectual o de la simple curiosidad, sabemos que el voto tiene cierta evolución

Por qué en una elección la decisión se va a la izquierda y en la siguiente a la derecha. Cuánto puede pesar un debate. Por qué en algunos casos los candidatos son un factor clave y en otras no. Qué tanto pesa el gobierno saliente. Hasta dónde el azar juega un papel en los votantes. Y la imagen de los candidatos, qué tanto influye en el voto. Son los spots de las campañas un factotum o un simple un ingrediente más. Qué tan racional o irracional es el voto. Con cuánta antelación decide el elector. Cuáles son las claves de su decisión. Indagar el sentido del voto es una labor apasionante, por lo menos para los politólogos y los aficionados, que son muchos. Si desde fuera el asunto provoca discusiones apasionadas, imaginemos el lío que se traen en los equipos de los candidatos.

Pero más allá del interés intelectual o de la simple curiosidad, sabemos que el voto tiene cierta evolución. Tiende a ser cada vez más complejo, más elaborado. No es lo mismo una sociedad rural que una urbanizada. No es lo mismo una sociedad con crecimiento poblacional y muchos jóvenes que una estabilizada y con una creciente población adulta y avejentada. No es lo mismo una sociedad rica que una pobre, una ignorante que una educada. Una propensa al cambio o una conservadora, una nacionalista o una dividida. Una sociedad con un fuerte individualismo o una dominada por el corporativismo. En ese sentido las elecciones son mucho más que, simplemente, vencedores y vencidos. Son la radiografía de una sociedad. Indagar el porqué del sentido del voto es lo que nos permite conocer las fortalezas y debilidades de una sociedad.

Algunas de las tendencias universales están más o menos claras. Los autores que han trabajado el tema conforman una larga lista. Por ejemplo, sabemos que durante el siglo XIX en las democracias consolidadas el voto era básicamente ideológico. Uno nacía conservador o liberal, Tory o Whig por citar el caso británico, en casa se enseñaba un código de interpretación de la vida y éste prevalecía hasta la muerte. El elector se levantaba el día de la elección y salía a cumplir con su convicción. No se miraba demasiado a los candidatos o sus propuestas. Comunistas, socialistas, moderados, liberales o las derechas trabajaban para su ideal. Los socialdemócratas o las democracias cristianas conformaban bloques más o menos estables. Pero el asunto se empezó a volver más complejo.

Los procesos de urbanización de principios del siglo 20 y el crecimiento en la influencia de las comunicaciones cambiaron las coordenadas de la decisión del elector. En democracias tan antiguas como la estadounidense apareció una modalidad de voto cambiante: en una elección se votaba en un sentido y en la próxima en el otro. Lo mismo ocurre en una misma elección: el votante le da a un partido un voto para la Presidencia, a otro otra para el Senado y así, seleccionando con otros criterios. ¿Cuáles? Este grupo crece sin cesar. Sabemos que el peso de los candidatos, de su imagen y de sus pronunciamientos cada día pesa más.

Sabemos que a la disminución del voto ideológico corresponde un creciente interés por las plataformas y por las propuestas concretas. A mayor nivel educativo el voto tiende a volverse cada vez más sensible a temas y posturas sobre asuntos muy concretos. Una declaración homofóbica, racista, misógina por ejemplo puede costarle una elección a un candidato. ¿Es esto bueno o malo para las democracias? El mayor nivel de exigencia ciudadana siempre será positivo y obligará a los políticos a ser más profesionales. Pero hay algo más, este nuevo votante urbano, no ideológico, no corporativo, más informado, con mayor nivel educativo, tiende a ser menos extremista, pertenece a un mainstream, a una corriente central de valores que no apoya los radicalismos. Eso es una garantía de estabilidad de largo plazo.

En México tenemos una amplia población joven. Cada tres años, en cada elección federal, hay alrededor de tres millones de votantes de primera vez. El voto ideológico ha ido disminuyendo sensiblemente y cada día la población observa con más detalle qué proponen los candidatos. Los debates pesan y mucho. Sobra decir que el papel de los medios ha sido central en esto. El peso del PRI ha venido disminuyendo históricamente, pero en los últimos años ha cobrado nueva fuerza, nada indica que desaparezca. El PAN ha crecido hasta llegar a más o menos un tercio y la izquierda estuvo a punto de ganar la elección en el 2006. El interés por las propuestas concretas crece y el elector es cada vez más exigente. Eso es una buena noticia. En esta elección por primera vez una mujer tiene posibilidades reales de ganar. ¡Las novedades son muchas! Pero debemos tratar de que el debate tenga un rumbo.

Es por esto que un grupo de mexicanos formulamos una serie de preguntas. Queremos saber qué responden los aspirantes a cada una. No es más ni menos que eso: interés ciudadano, preguntas concretas que esperan respuestas concretas.
06 Marzo 2012 05:00:50
RHR
Supongamos que hay un hombre muy rico para los estándares de un país muy injusto. Supongamos que ese hombre desde hace décadas ha venido conjuntando esfuerzos personales e institucionales a favor del rescate de sitios arqueológicos, monumentos coloniales, casas señoriales amenazadas por el tiempo, piezas de arte, igual esculturas que pinturas, que textiles, que artesanías. Supongamos que su energía le permite agregar a la lista acciones para impedir la degradación ambiental –no sólo en su país sino internacionalmente– y acudir al llamado de especies y áreas en peligro.

Supongamos que el desarrollo sustentable de las comunidades es parte de sus inquietudes y que por ello organiza, junto a su apasionada y emprendedora pareja, programas imaginativos para que los niños crezcan con mayor conocimiento de su entorno y de la riqueza y la responsabilidad que ella supone. Supongamos que en su agenda incluye a su pueblo natal, sumido en el olvido.

Supongamos que, con los años, la lista de acciones en que ha intervenido, con dinero propio hoy incuantificable y con aportaciones producto de su convocatoria, suman centenas. Que igual se le reconoce geográficamente en el sureste que en el noreste o en el altiplano. Se le reconoce en patronatos de museos y universidades y por las importantes publicaciones y exhibiciones en las que ha estado detrás.

Y esas son las acciones de las que se sabe, porque la lista incluye otras totalmente privadas de las cuales pocos tienen noticia. Supongamos que un día las principales instituciones culturales de ese país –en el cual las labores filantrópicas y el apoyo a la cultura no son lo común– deciden hacerle un homenaje y reconocer públicamente la larga lista de beneficios que en muchos ámbitos ha procurado el personaje. ¿Cuál debiera ser la reacción natural?

Lo normal hubiera sido la aprobación generalizada y un aplauso interno a quien ha invertido no sólo mucho dinero sino sobre todo algo que es irrecuperable: tiempo, vida. Viene la sorpresa. Surgen algunas voces escépticas y críticas soterradas, dudas sobre la justeza del acto o sobre el involucramiento de las autoridades. ¿Por qué la mezquindad es la pregunta obligada? Quizá la primera respuesta se encuentra en lo atípico de la actividad pionera en muchos sentidos del homenajeado.

A diferencia de lo que ocurre en otros países, en México el involucramiento de las empresas y sobre todo de los empresarios en actividades -del género que sea- de beneficio comunitario sigue siendo excepcional. Por eso la simple existencia del homenajeado incomoda. Quizá también porque el ejemplo eleva los estándares de lo mucho que se puede hacer. Quizá porque si tomamos el rasero del monto de las fortunas de los muy pocos muy ricos de nuestro país, desnudaríamos que algunos de los que más tienen no han hecho tanto como otros que tienen menos. Pero quizá lo más molesto es desnudar a los muchos que no hacen nada.

La historia de las naciones está ligada indefectiblemente con la actitud que se tiene frente a la generación de la riqueza, hacia los grandes ricos de todas las épocas. Pero el círculo se cierra con la contraparte, es decir con la actitud de los ricos hacia su sociedad. Basta con recordar el papel de los grandes mecenas en la Italia renacentista y contrastarla con la locura y frivolidad de Berlusconi.

Buena parte del Renacimiento sería inexplicable sin esos mecenas que, a partir de su fortuna personal, pudieron apostar e impulsar las artes y las ciencias. En la música culta los patrocinios privados han jugado un papel insustituible. El origen de la Universidad de Chicago es la familia Rockefeller.

Cuando los ricos asumen su responsabilidad el resentimiento y en ocasiones odio hacia la riqueza disminuye. En contraste surge la admiración al exitoso. Ha habido burguesías discretas y visionarias como las de los Países Bajos. Simon Schama lo documenta en The Embarrassment of Riches y otras ostentosas y frívolas. La nuestra más bien caería en la segunda categoría. Basta con ver los desplantes públicos de las nuevas generaciones para quedar aterrado. La falta de educación, ya no digamos de cultura, es monstruosa.

La ostentación y majadería es lo común. La percepción popular es que la riqueza surge de la corrupción y por desgracia con frecuencia corresponde a la realidad. Pero también hay otro México en el cuál la riqueza es producto del esfuerzo, del trabajo, de la imaginación, del arrojo, del riesgo. Ese México paga hoy los costos de la bien ganada mala fama de algunos colegas.

En ese contexto nuestro personaje incomoda. Hay muchos que pueden hacer algo. Hay muchos que pueden hacer mucho más.

También en esto viva la competencia. Su principal herencia, con la que convivirán sus descendientes, no será contabilizada en pesos sino en la estela que dejen tras de sí. Incentivar una riqueza responsable y comprometida es el reto. Hay país para todos y muchas necesidades. Por cierto, RHR está por Roberto Hernández Ramírez.
14 Febrero 2012 05:03:59
‘Ni a cuál irle’
“Ni a cuál irle”, dicen con seriedad. El comentario se repite. Teniendo la boleta completa (salvo el irrelevante Panal) muchos mexicanos no encuentran pasión por ninguno de los tres candidatos a la Presidencia. El lector pensará, pero si a diario veo imágenes de acalorados en mítines, la gente se desgañita por su candidato. ¿Cómo está eso de que no apasionan? Mitad y mitad. La mitad de los electores -más o menos- tiene una simpatía partidaria y lo más probable sea que voten en ese rumbo. La otra mitad se declara independiente. Las imágenes que se ven son exclusivamente de los militantes activos (o hiperactivos) que se toman el trabajo de ir a un mitin y quieren saludar a SU candidato. Pero hubo otros preferidos: los marcelistas, los corderistas, etcétera. Los apasionados son la excepción. El “manifestódromo” confunde.

Pero resulta que el voto duro no le alcanza a ninguno de los partidos grandes para ganar. Necesitan convencer a por lo menos una parte de los indecisos, de la otra mitad. Son ellos los que dicen “ni a cuál irle”. Los ven pequeños frente a los retos del país, les critican sus retóricas vacías y sin compromisos claros. No les falta razón. En las precampañas los señalamientos duros entre colegas de partidos son muy limitados. Hasta ahí estamos, en las confrontaciones internas. Será hasta abril que inicien las campañas. Pero ahora, gracias a la absurda nueva ley electoral, las “campañas negativas” -sea esto lo que sea- están prohibidas. Eso inhibe las confrontaciones y críticas. Por ejemplo, ¿cuáles son las diferencias en propuestas sobre seguridad? Los tres han afirmado que regresarían a las Fuerzas Armadas a sus cuarteles pero, ¿y cómo las van a suplir?

“Ni a cuál irle” tiene resabios del presidencialismo cuando desde arriba se promovía y cuidaba a distintas figuras -secretarios de Estado por lo general- para que cobraran relevancia nacional. Nos dolíamos de ese trance. “Ni a cuál irle” carga con el mito de “El Tapado” del que se decía traía las cartas bajo la manga. De “El Tapado” se suponía que el Gran Elector conocía mejor que nadie sus cualidades, aunque fueran ocultas a la ciudadanía. Ahora resulta que están desnudos frente a una opinión pública muy activa y crítica. No hay protección posible. Sus debilidades son conocidas y confirmadas una y mil veces. Que si fulano o fulana es un mentiroso o superfluo o un demagogo. Hay una realidad: la clase política le quedó chica a México. No estamos frente a auténticos líderes, estadistas con visión del mundo y de su país, como Havel o Mandela. A ninguno de ellos lo vemos en un futuro plasmado en nuestra moneda como ocurre ahora con Mandela.

En el “ni a cuál irle” también hay añoranza de liderazgo, búsqueda de personajes excepcionales, lo cual tiene sus riesgos. Hoy México es un país mucho más institucionalizado. Hace 30 años el Presidente y su mayoría en el Congreso eran capaces de plasmar en la Constitución los lemas de campaña. Hoy nos quejamos de la dificultad para lograr modificaciones menores con sentido de futuro. En el “ni a cuál irle” se extrañan las definiciones desde las alturas por El Guía y o Mesías que conocía mejor que nadie lo que le falta al país. Hoy por fortuna nadie puede imponer el rumbo. Todo tiene que ser negociado, pactado no sólo entre los partidos sino incluso al interior de los partidos. Lo estamos viendo con las modificaciones al 24 constitucional: lo aprueba el PRI en la Cámara de Diputados y para bien lo frena el propio PRI en el Senado.

“Ni a cuál irle” es un lamento útil si se capitaliza, si se logra que la elección sea por una agenda sobre los grandes problemas y las soluciones que se demandan, si esas discusiones se socializan y la sociedad se involucra, habrá un avance. Esas soluciones ya no están -de nuevo por fortuna- en manos de una sola persona. Esas soluciones suponen una difícil ruta de entendimiento, de construcción de acuerdos entre los mexicanos. En ese sentido “ni a cuál irle” puede ser una buena oportunidad para que la ciudadanía crezca. Ya no estaremos depositando el futuro en la confianza que nos infunde tal o cual candidato. Tampoco estaremos esperando que de Los Pinos surjan las grandes soluciones que se imponen a la población.

“Ni a cuál irle” señala lo que sabemos: ninguno de los tres probables tiene conocimientos profesionales extraordinarios, ni la madera de un gran líder. Han administrado, pero se extraña el temple, la congruencia y visión de largo plazo que hoy no se perciben. El asunto es más grave, esa grandeza de miras, esa nobleza de ánimo que no vivimos en la alternancia y en la olvidada transición la hemos perdido como país. En ese sentido, los tres son representantes de ese México empequeñecido. La democratización de México, nuestra historia reciente, ya fue diferente. Salvo Cuauhtémoc Cárdenas, careció de grandes personajes. Pero también está el otro lado una fortaleza institucional que seguimos sin reconocer y que no necesita nuevos héroes.
07 Febrero 2012 05:10:13
Mujer
La virtual postulación de Josefina Vázquez Mota enriquece la contienda. Es la primera ocasión en la historia política de nuestro país que una mujer tiene posibilidades reales de acceder a la Presidencia. No afirmo que el reto sea menor. Para nada, la ventaja del puntero es enorme. Pero técnicamente podría darse. Ningún partido, ni siquiera el PRI, tiene ya suficiente voto duro para vencer. El porcentaje de independientes, alrededor de 44%, convierte a la contienda presidencial en la conquista de un territorio que nadie tiene asegurado. Los independientes son el mayor factor de modernidad de nuestro sistema electoral. Podemos estar decepcionados de los partidos y de muchos protagonistas, pero el electorado mexicano ha mostrado un creciente nivel de exigencia. Veamos el asunto en perspectiva.

Después de la elección del 2000 quedó claro que el PRI no era invencible. Después del 2006 y la mínima diferencia que le dio la victoria a Calderón, se hizo evidente que también el PRD podía acceder a la Presidencia. Son esos independientes los que se esperan hasta tener a los candidatos frente a frente, es decir no votan por un partido sino por el perfil de un candidato y su desempeño. Son esos independientes los que siguen los pronunciamientos de campaña, los que cobran facturas por expresiones como “las chachalacas”, “al demonio con las instituciones” o la “prole”. Se trata de un México que guarda su decisión hasta que pasen los debates y que en un buen porcentaje, alrededor del 20%, deciden en el último mes. Insisto, técnicamente la contienda apenas comienza. Todo puede ocurrir. Hace 12 años en enero el puntero era el candidato del PRI. Hace seis era el del PRD. Queríamos democracia, la incertidumbre es parte del juego democrático. Pero además en el Censo del 2010 apareció una marcada diferencia en favor de las mujeres sobre los varones. Seguramente en el padrón también son mayoría.

Vayamos a lo más relevante, el hecho de que una mujer esté en posibilidades reales de ganar sitúa a México en un nivel de madurez política que ya merecíamos. No es un asunto de moda o de casualidad. Pensemos en la canciller Merkel que lleva sobre sus hombros buena parte del futuro de la Unión. O en la presencia mundial de la señora Clinton en su calidad de secretaria de Estado de la mayor potencia, quien además contendió muy dignamente contra Barack Obama. Pero el avance de la mujer está ya mucho más cerca y lleva tiempo. Recordemos a la señora Chamorro en Nicaragua, quien fuera pieza clave en la pacificación de ese país. O en la huella de Michelle Bachelet en Chile, quien imprimió un sello de izquierda moderna a su gestión. Y qué decir de Dilma Rousseff en Brasil que ha eliminado a medio gabinete por problemas de corrupción. México no podía quedarse atrás en ese cambio que es universal.

Las anteriores candidatas a la Presidencia, Rosario Ibarra, Cecilia Soto y Patricia Mercado, por desgracia no pudieron pasar de un papel testimonial. En el 2012 es diferente. Si el PAN se consolida como segunda fuerza y cierra el margen frente al PRI, el discurso de Vázquez Mota puede imprimir un giro de reivindicación femenina que mucha falta nos hace. La igualdad de género es todavía una meta muy lejana, basta con ver los expedientes de violencia intrafamiliar, o el laboral, los niveles salariales, las condiciones de la doble jornada, la discriminación silenciosa y no tanto, la deserción femenina que se agrava desde el último año de primaria o la matriculación universitaria. ¿Quién atiende con frecuencia a los hermanos menores o a los adultos mayores sino esas niñas y mujercitas que dejan la escuela para cumplir con una función para la cual el Estado mexicano es incapaz?

La agenda de las mujeres en México está en construcción y no sólo es una cuestión que atañe a los sectores de bajos ingresos y nivel educativo. El comportamiento machista de muchos grandes corporativos nos recuerda lo resistente que es esa actitud. Hay machos pobres y ricos, ignorantes y educados, rurales y urbanos. Cómo olvidar a las “Juanitas”. Esa agenda de una auténtica reivindicación de la mujer en la vida cotidiana está más allá de las ideologías partidarias, no es ni de derecha ni de izquierda. Por supuesto que hay puntos conflictivos como el derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo que deviene en la potencial interrupción del embarazo. Se trata de un asunto que divide al mundo y que polariza las discusiones. Pero la lista de pendientes es mucho más amplia.

Algunos se cuestionan si una mujer podría lidiar con los problemas de seguridad y ser el jefe nato de las Fuerzas Armadas. Allí afloran los mitos y resistencias culturales que la candidata tendrá que vencer. Vázquez Mota ha vivido dos campañas, ha sido dos veces secretaria de Estado y se rodea de gente capaz. Por eso, independientemente de las posiciones partidarias, el hecho de que una mujer esté hoy en la lid es en sí mismo un gran avance.
24 Enero 2012 05:06:27
Estrangulados
La sociedad clama por candidatos ciudadanos

El dilema mexicano es claro. La sociedad demanda más espacios democráticos; los partidos intentan lo contrario: cerrarlos. La sociedad clama por candidatos ciudadanos, por reelección de los legisladores y alcaldes, por campañas con contenido. Los partidos niegan esas posibilidades. La explicación individualizada -tal partido sí favorece X medida y se le oponen fulano y perengano- no se sustenta. El hecho concreto para la ciudadanía es que los tres partidos políticos nacionales bloquean una u otra propuesta. Están jugando con fuego, recordemos la molestia expresada a través del voto nulo en 2009 que creció como la espuma. Quizá fue eso lo que propició que Calderón impulsara una reforma que incluía algunas de esas demandas ciudadanas, reforma que por supuesto no progresó.

El hecho es que aquí estamos en el 2012 y una de las novedades de la muy cuestionada ley electoral del 2007 es que -hoy por hoy- los debates públicos en esta etapa del proceso no están contemplados por la ley, ¡están sancionados! Qué democracia. Pongamos el asunto en perspectiva. Puntos más puntos menos pero alrededor del 95% de la población recibe su información política a través de los medios masivos de comunicación. Los lectores de periódicos somos una minoría muy pequeña. Sin los medios es imposible explicar la creciente politización de México, politización que ha propiciado la competencia, la alternancia y mayor exigencia ciudadana. Además la sociedad mexicana todavía está muy dispersa. Algo así como 100 mil comunidades tienen menos de mil habitantes. Pues en ese país donde los spots oficiales del IFE promueven la participación, se llegó a la brillante idea de impedir la difusión de los debates entre precandidatos.

El viernes 13 de enero Joaquín López Dóriga se vio obligado a cancelar un debate entre los aspirantes de la izquierda al gobierno capitalino porque la CIRT le advirtió de los riesgos legales. Pero la CIRT lo único que hizo fue seguir los confusos lineamientos de la ley. Los debates sólo deben ser organizados por el IFE en tiempos oficiales. Suena estaliniano. Según el TEPJF ni la libertad de expresión, ni la actividad periodística, amparan a los debates. Además las personas que no militamos en los partidos podríamos caer en el riesgo de escucharlos, pues supuestamente -durante las precampañas- las acciones están dirigidas sólo a los militantes. El colmo del absurdo es escuchar por la radio los spots de los precandidatos con la leyenda final de que están dirigidos sólo a los militantes. ¡Genial! Recordemos además que hay un problema técnico irresoluble que apareció en el caso de la elección en Nayarit: cómo hacer que las ondas hertzianas sólo lleguen a la población que la ley considera indicada.

Hay más, ahora aparece la figura de la “adquisición indebida” de tiempos en radio y TV. Si un comunicador decide organizar un debate cabe la duda sin fundamento de que haya sido “comprado” para ese fin. Increíble pero en pleno siglo 21 en acatamiento de la ley el TEPJF ordenó al IFE citar a declarar a 37 periodistas -entre los cuales se encuentran los de mayor prestigio y presencia nacional- por haber cometido la osadía de haber entrevistado al candidato priísta al Gobierno de Michoacán. ¿Libertad de expresión? Ahora resulta que los profesionales de la comunicación están limitados para divulgar el pensamiento y proposiciones de los contendientes políticos.

Es por eso que la CIRT solicitó al IFE le responda 19 preguntas muy concretas sobre cómo interpretar la ley en relación a la organización y transmisión de los debates. ¿Sólo pueden ser organizados por las autoridades? Qué pasa con los tiempos oficiales. Cómo se configura la “adquisición indebida”. ¿Se requiere autorización previa? Están o no amparados en la actividad periodística. Se puede o no transmitir los debates organizados por los partidos. ¿Qué hacer con los candidatos únicos? Qué hacer con las circunscripciones geográficas, etc. Yo agrego, ¿y el Internet?

Hace cuatro años un grupo de mexicanos nos amparamos en contra de la nueva ley electoral. La consideramos violatoria de varias garantías constitucionales. Se nos criticó aduciendo una defensa de los medios. Hoy las restricciones para los ciudadanos son evidentes. Se estrangula la participación ¿No que no?
10 Enero 2012 05:06:16
Cosechando
Miro la imagen. Ella con los ojos cerrados. Él con la mano sobre el pecho y gesto de tristeza. Los Clinton rinden homenaje a Václav Havel, al poeta, al dramaturgo, al opositor, al preso político, al líder de la “revolución de terciopelo”, al padre de la República Checa y sepulturero institucional en una de las más pacíficas muertes de país alguno, de Checoslovaquia. Atrás quedaron décadas de comunismo, de imposición soviética, de opresión a las libertades. El primer Presidente libre de la posguerra fue Havel, también el primero en recibir un homenaje de esa magnitud desde Tomas Masaryk, creador de la Checoslovaquia que a él le tocó dividir. Cincuenta dignatarios acuden al sepelio. Milos Forman, el gran cineasta, da cuenta de su sencillez. Pero quizá lo más importante está en las calles. La bellísima Praga se paraliza por el homenaje popular. La grandeza existe, pero por lo visto en México la tenemos olvidada.

En la próxima imagen la imponente Sierra Madre se arroja encima. Montañas enmarcadas por un celaje inconfundible. En medio una grieta de profundidades insondables ha sido superada por la acción humana. El puente El Baluarte -que en su punto máximo se eleva más de 400 metros- es el resultado de años de planeación y de consistencia institucional. Ese México también existe, el de los grandes médicos, arquitectos o ingenieros, capaces de superar inmensos retos. Es el mismo México que electrificó al país y comunicó una de las orografías más caprichosas del orbe. Se puede respirar con optimismo, esas obras sí transforman. Durango y Sinaloa por fin comunicados para posibilitar el tránsito de oriente a poniente. Allí hubo y hay grandeza.

Pero en la próxima imagen está la llamada Estela de Luz que, para muchos, ya quedó allí para recordar lo absurdo del gasto público. Cómo explicar que el inútil monumento haya costado la mitad del exitoso edificio que está a unos metros. Independientemente de criterios estéticos la Estela nos recordará la ineficacia y opacidad a las que somos tan proclives.

Los radicales hablan de la Estela de la Muerte, para mentar a los miles de muertos del sexenio. Todo esto ocurre mientras la SEP anuncia en definitiva la cancelación de uno de los programas nodales en la modernización educativa: incorporar a la era digital a las escuelas de México.

No es un asunto de un secretario o de otro, es una vergüenza nacional. Mientras el subsidio a los energéticos ronda los 20 mil millones de dólares anuales, hemos sido dolorosamente incapaces de llevar una computadora a cada educando que costaría -como gasto único- alrededor de la cuarta parte de ese absurdo subsidio. La máquina es sólo el inicio, después vienen la conectividad y los materiales especiales. Qué nos pasa, en qué momento nos empequeñecimos, por qué dejamos de pensar en grande, por ejemplo en disminuir la pobreza extrema a un dígito, en llevar al mínimo lo mortalidad materna o infantil, en lograr que todos los hogares tengan agua potable y drenaje y el nivel educativo alcance al de los países desarrollados.

Por qué se volvieron enanas nuestras ambiciones y deseos, haciéndonos incapaces de ponernos de acuerdo en las bases de una industria petrolera nacional poderosa, de punta, orgullo de todos. Václav Havel enfrentó con grandeza la dolorosa pero insalvable misión de dividir a un país. Con todos nuestros lastres México ni siquiera se imagina lo que es un trance así.

O será el producto de una alternancia fincada en el odio, en una lectura envenenada del pasado que no concedió un solo crédito a los antecesores, a los priístas, alternancia envenenada que hoy frena la transición. Ésa fue la pedagogía aplicada: maniquea y sin grandeza. Y ahora que las pifias los alcanzan también a ellos, al panismo, ya no pueden frenar esa versión de extremos en donde en el pasado todo fue oscuridad, pero la luz prometida por ellos tampoco llegó, ellos también son ineficaces y corruptos, en paquete. Qué fácil decir 70 años de corrupción. Es tanto como leer al panismo por la Estela de Luz o por la fallida Enciclomedia y olvidarnos del puente El Baluarte, del Seguro Popular o de los avances en vivienda. Logros y descalabros, como los hubo en el pasado, hoy son reales.

El veneno de la campaña panista del 2000 provocó una primera polarización. De un lado los héroes, enterradores del pasado negro, así sin matices. Del otro los responsables del horror, los traidores. Nada hubo de grandeza. Van 12 años de la misma cantaleta. Cuántas negociaciones se fueron al barranco por esa retórica. Después llegó 2006 y una nueva polarización dividió al país: los ricos contra los pobres, los ladrones contra los honrados. Ahora los mismos hablan de la “República Amorosa” ¿¿?? Por eso estamos en el 2012 cosechando los odios. Aquí no hubo terciopelo sino espinas. Pero la ira popular no tiene brújula.

Ellos son los autores de la Estela. Todo lo demás es lo de menos. Havel crece, fue grande porque cumplió sin sembrar odio.
03 Enero 2012 05:06:56
Amnesia
Horas antes de que iniciaran las vacaciones navideñas, la Cámara de Diputados aprobó una iniciativa de modificación al Artículo 24 constitucional. Llama la atención la celeridad que se imprimió a un asunto que dista de ser prioritario en la opinión pública. Habiendo tantas iniciativas de verdad urgentes para el país -seguridad- los diputados introdujeron un tema complejo y sensible: la libertad religiosa. Los demás pueden seguir esperando, éste no. ¿Por qué, será por la visita del Papa? Sorprende también que la iniciativa haya recibido el apoyo de diputados de las fracciones del PRI y del PAN, los mismos partidos que durante larguísimos 14 años han hecho de la oposición sistemática entre ellos -en esa misma Cámara- una triste profesión. Es curioso que, en esta materia, sí hubo acuerdos que se sitúan por encima de los terrenales intereses partidarios que tanto daño han hecho a México.

Hay más curiosidades. Uno de los argumentos del priísmo para posponer discusiones centrales para México, por ejemplo la modernización del sector energético, es que hay temas que los dividen. Pero en este caso en particular no importó la inmediata división entre los diputados de ese partido y también la clara diferencia de criterios con el Senado. La iniciativa fue aprobada. En su defensa los diputados argumentaron que con esta reforma la Constitución por fin adopta los criterios y las expresiones precisas de las diferentes convenciones internacionales. Hasta ahí suena muy bien, aunque a partir del establecimiento de la prelación normativa por parte de la SCJN, todas las convenciones ratificadas por nuestro país ya son -formalmente- derecho positivo. Sin embargo no deja de ser importante la adecuación hermenéutica, es un avance.

“Todo individuo tiene derecho a la libertad de convicciones, éticas de conciencia y de religión y a tener o adoptar en su caso la de su agrado”. Así quedaría el texto propuesto. Parece inofensivo. Y continúa: “Esta libertad incluye el derecho a participar individual o colectivamente, tanto en público como en privado, en las ceremonias devociones o actos de culto respectivo, siempre y cuando no constituyan un delito o falta penados por la ley”. La discusión no pareciera estar en el ámbito privado. Y en el público no es evidente. Los mexicanos somos testigos de múltiples actos públicos originados en expresiones religiosas, algunos de ellos millonarios como el 12 de diciembre. ¿Dónde está la aportación, la novedad?

La libertad religiosa tiene dos niveles, el que se refiere a la conciencia y el que se refiere a la manifestación de las creencias. En el primero nadie debe intervenir, limitar o coaccionar. El Estado debe ser garante de esa libertad. Así lo establecen las convenciones internacionales. Pero en esas mismas Convenciones invocadas por los diputados para modificar la Constitución, también establecen que la manifestación de esas convicciones estará regulada para proteger “...la seguridad, el orden, la salud o la moral públicos” (Artículo Primero, tercer párrafo de la Declaración Internacional sobre la Eliminación de todas las formas de Intolerancia y Discriminación Fundadas en la Religión o las Convicciones, ONU, 1981).

Exactamente lo mismo dice el Pacto de San José en su artículo 12, párrafo tercero. Cada Estado tiene el derecho a establecer las modalidades necesarias para garantizar la libertad religiosa. Ése es el principio.

Es curioso que los diputados, tan urgidos de esa modificación y tan atentos a la redacción puntual del primer párrafo, hayan olvidado el sentido, también universal, del tercero. Roberto Blancarte (Milenio, 13, XII, 2011) apuntó las potenciales discusiones encerradas en el acto legislativo. Una vez establecida en la Constitución esta modalidad de redacción, los padres de familia podrían reclamar su derecho a exigir educación religiosa en las escuelas públicas. Si la mayoría es católica, ya podremos imaginar cómo sería esa educación. Va una. Las asociaciones religiosas podrían reclamar como parte de su derecho a expresar su religiosidad en público, su derecho a poseer y administrar medios electrónicos. Van dos. Y la tercera, la abierta participación política y electoral de los ministros del culto.

A pesar de las superficiales críticas a los liberales mexicanos que algunos han hecho, la discusión es la misma de hace siglo y medio. El Estado laico mexicano está diseñado para garantizar la libertad religiosa en el contexto del predominio de una iglesia. Ésa es nuestra especificidad histórica. Los principios del Estado laico operan en protección de las minorías, de ahí las limitaciones a la apropiación de lo público por parte de una iglesia. ¿O será ese crecimiento de esas minorías lo que les preocupa? Sólo así la pluralidad no ha sido aplastada. Sólo así hay verdadera libertad. Que los panistas lo olviden no asombra. Que cierto priismo sufra de amnesia sí preocupa.
27 Diciembre 2011 05:08:08
Cero tolerancia
Todos mienten, todos roban, todos violentan la ley

El ocaso del 2011 está teñido de cierto optimismo. La “primavera árabe”, la caída de varios sátrapas, lleva a imaginar en el horizonte el florecimiento de nuevas democracias. Ojalá no sean meras ilusiones, reflejos que reproducen en nuestras mentes las “olas” de democratización de los años ochenta. Hoy sabemos que los sistemas autoritarios no paren, de un día al otro, democracias estables. Sería un milagro. La cultura autoritaria es resistente. ¡Que si lo sabremos los mexicanos! Puede haber competencia partidaria, relevo sistemático en los mandos, toda la parafernalia electoral puede estar allí y ser sólo la engañosa fachada del viejo edificio autoritario. Las democracias estables requieren cimientos sólidos de cultura liberal.

De ahí la relevancia de la cultura ciudadana. Si los derechos individuales, si el respeto a las normas, si la defensa de la libertad en todas sus dimensiones, no está en la cabeza de los moradores de un país, cualquier democracia formal será endeble. Los riesgos de las democracias sin demócratas son hoy muy conocidos. Una verdadera democracia se asienta en ciudadanos, en una ciudadanía activa. Se trata de una auténtica revolución que nace en los hogares, en las escuelas, en los centros de trabajo y que deviene en el ejercicio de los derechos políticos. Si utilizamos ese rasero en México, nos quedaremos con una trama muy preocupante: la ciudadanía sigue siendo débil, el nivel de exigencia es bajo y además son los propios gobernantes los que violentan los fundamentos éticos de la democracia. Mienten, no reconocen sus derrotas, se mofan de las normas e incluso llaman a evadirlas. De los “juanitos” a las “adelitas” pasando por las actuales y absurdas precampañas.

Quizá entonces la mayor lección de 2011 provenga del pavoroso desfile de gobernantes sin un mínimo de ética. Los ejemplos no sólo provienen de países pobres donde la ignorancia campea, sino también de países ricos, que son potencias culturales. Cómo digerir que un sujeto como Berlusconi haya gobernado por un largo período a Italia, uno de los países cuna de la democracia, del derecho, hogar de enormes pensadores en la antigüedad, en el Renacimiento y también contemporáneos. Cómo explicar que Rusia acepte la ostentosa farsa de Putin y Medvédev, para perpetuarse en el poder. Qué ejemplo da un Strauss-Kahn. Nadie duda de su solidez técnica, tampoco de su cinismo y su nulo respeto a las mujeres. Para colmo su influyente esposa lo respalda. Cómo explicar las mentiras financieras de los griegos. Qué decir del orgullo turco capaz de congelar las relaciones con Francia antes que reconocer el genocidio armenio. ¿Y el caso Chirac en los tribunales franceses?

Qué decir de la presidenta argentina persiguiendo a la prensa ante los ojos de la ciudadanía que la reeligió. Y si de reelecciones se trata, cómo olvidar que el pueblo nicaragüense ratificó en el poder a Ortega y de pasada a su activa esposa, autores emblemáticos de la inolvidable “piñata”. Cómo dejar fuera las trapacerías políticas de Chávez, capaz de dinamitar públicamente la democracia venezolana desde su interior. Su cinismo llega al extremo de proteger a miembros de la ETA. De la falta de ética en el sector privado, no hace falta hablar. Basta con recordar la crisis del 2008 que empobreció a cientos de millones de seres humanos y que fue provocada por las irresponsabilidades y corruptelas de los grandes capos del sector financiero estadounidense, espléndidamente retratados en “Trabajo Confidencial” (Inside Job), el documental de Charles Ferguson. La lista es infinita.

Todo indica que ni la democracia, ni el desarrollo por sí mismo, garantizan la solidez ética de los gobernantes. Aquella propuesta y sueño de Aristóteles de que sólo llegaran al poder los mejores, no sólo los más capaces, los mejores por su tejido ético, está cada día más lejos. El fenómeno de la disolución moral de las clases gobernantes se extiende, es decepcionante y peligroso. Lo paradójico y curioso es que, a pesar de todo, una mínima exigencia ética no está en la agenda. Pareciera que, por tratarse de un fenómeno universal, podemos relativizar la discusión: ocurre en todas partes, todos son iguales. Todos mienten, todos roban, todos violentan la ley. Pueden tener títulos de las mejores universidades y a la vez ser corruptos y mentirosos. La honradez, la rectitud como propósito y patrimonio personales han sido desplazados por el eslogan. Es una trampa. Sólo la observación y exigencia ciudadanas pueden frenar el cinismo.

No sé cuántos libros deba haber leído alguien para ser un buen gobernante. Quizá el único aspirante lector sea Creel. Pero eso tampoco es garantía, un ejemplo, López Portillo. Ruiz Cortines no era letrado y fue un Presidente muy sólido. Ante el desolador panorama, en 2012, México ganaría mucho si estableciéramos un filtro ético mínimo, si triunfa alguien que no mienta, que no robe, que respete la ley. En esos tres rubros, cero tolerancia. No es mucho pedir.
20 Diciembre 2011 05:10:58
Regalo
A la memoria de Don Rubén Aguilar, generoso referente ético.

Van a caída libre para provocar. La edición integral de la obra de Corelli, 1653-1713, (Brilliant Clasics). Diez CD’s, se puede amanecer con ellos e ir a la noche atrapado en su obra. Las pulcras reediciones que Acantilado ha hecho de Stefan Sweig nos siguen dando sorpresas. Momentos estelares de la humanidad recoge 14 “miniaturas históricas” del vienés, no tienen desperdicio. Van de una viñeta de Cicerón a Woodrow Wilson, pasando por la conquista de Bizancio y Waterloo. La prosa nítida y eficaz nos lleva al regocijo de la historia redivida. La Muerte de Montaigne de Jorge Edwards (Tusquets Editores), la irreverencia del autor chileno lleva al narrador a un diálogo tete a tete con el creador de los Ensayos. Biografía, novela, historia del pensamiento, qué importa el casillero. El libro funciona y muy bien. Carlos Fuentes regresa a una de sus mejores vertientes, el ensayo, La gran novela latinoamericana (Alfaguara).

El autor se lanza a un territorio que domina con maestría. En el desfile no hay pierde (salvo las líneas dedicadas al autor de esta columna preñadas por la amistad). Allí aparecen Machado de Assis, Gallegos, Carpentier, Lezama Lima, Vargas Llosa, Donoso entre muchos otros, diseccionados por uno de sus pares con el afán de trazar un mapa global. Pocos autores podrían hacer ese recorrido con el conocimiento de Fuentes. Para quienes andan a la caza de una novela puntual, eficaz y muy sugerente, está “Morir más de una vez” (Tusquets) de Álvaro Uribe.

El manido tema de los mexicanos en París cobra una dimensión fresca y creíble. El narrador es novedoso. “Migrar” de J.M. Mateo y J. Martínez Pedro (Ediciones Tecolote). Excelente regalo, joyita de edición y texto. Para quien ande en ánimo de música contemporánea cruzada por un declarado aire de misticismo, apareció “The very Best of Arvo Pärt” (EMI). Música para Dios como diría el sabio Ernesto de la Peña. Ya que andamos en esos territorios, Mass of the Children de John Rutter. Kyrie, Gloria, etcétera, el mismo marco pero con voces infantiles, es notable la alegría y la frescura. Rara es la novela que soporta ser leída después de ser llevada a la pantalla. Es el caso de La elegancia del erizo (Seix Barral).

La novela se ha convertido en un fenómeno editorial. La joven autora, Muriel Barbery, ya tiene en su haber cientos de miles de ejemplares vendidos. ¿Quién hablaba por ahí del fin de la novela? Vargas Llosa nos vuelve a sorprender con “El sueño del celta”. La vida y el testimonio de Roger Casement, irlandés por nacimiento y diplomático británico, nos recuerda lo difícil del proceso civilizatorio. Excelentemente documentada la obra de Vargas Llosa llevará al lector al Congo y después a la Amazonía en una travesía de tramas múltiples. Una gran novela. Desgarrador pero arte al fin, el registro fotográfico de Marco Antonio Cruz, Habitar la oscuridad (CONACULTA) del mundo de los invidentes. La edición fotográfica de Pablo Ortiz Monasterio hace de los tragos amargos un doloroso pero inolvidable trayecto que nos recuerda el privilegio de ver. Para quien quiera una tarde de “sensiblería” bien administrada, está el DVD Así en la tierra como en el cielo.

Por $49 (Gandhi) puede usted llevarse está película sobre la capacidad de la música coral para desatar las mejores pasiones humanas. Y ya que de cine hablamos, CONACULTA publicó La nostalgia de lo inexistente; El cine rural de Roberto Gavaldón. Textos y edición nos descubren o redescubren la riqueza visual y cinematográfica del gran director. Un espléndido regalo para un amante del cine mexicano. Polémico y provocador como siempre ha sido y espero siga siendo, Jorge Castañeda publicó Mañana o pasado.

“El misterio de los mexicanos” (Aguilar). Sus enemigos acérrimos -que los tiene y muchos- no cejan de criticar las tesis del libro. La reacción desnuda lo acertado de algunas de las flechas lanzadas por Castañeda. Por no demasiados pesos el lector puede encontrar el “tabique” de Matthew Rye y Luis Suñén titulado “1001 Discos de música clásica”, (lo) que hay que escuchar antes de morir (Grijalbo). El texto -una especie de guía- lleva al lector con el pretexto de los discos a los grandes autores y sus piezas consagradas en un menú de opciones apasionante.

¿Cuál es la mejor versión de la Sonatas para piano de Chopin? Argumentos que ayudan a comprender mejor las obras y sus retos. Se me acaba el espacio. Para los fans de Mario Lavista Complete Strings Quartets con el Cuarteto Latinoamericano (Tocata Classics, por pedido). Es un viaje. De Ravel, Complete Works for piano Duet con I. Thorson y J. Thurber al piano, dos CD’s. Pergolesi Collection, 3 CD’s, Orquesta Mozart y la conducción de Claudio Abado, genial, un amplio y bello mundo musical. A pesar de todo, la vida continúa, regalárnosla es un arte y una responsabilidad. Felicidades.
06 Diciembre 2011 05:08:09
Dankeschön ‘Chema’
Si la primera señal de todo buen escritor es su conversación, José María Pérez nació para charlar y para escribir. Lo recuerdo en pláticas interminables sobre algún autor en turno -porque siempre hay alguna nueva obsesión que guía sus pasos mentales- igual podía ser Musil, que Broch o Brecht. Íbamos a un pequeño restaurante cercano a la UNAM, “El Valentino” de Dolores Groman. Allí pasábamos buena parte de la tarde. Las migajas caían sobre la mesa, las canastas de pan se repetían, mientras la memoria de José María brincaba de un recuerdo a otro. Su larga estancia en Alemania, en la Universidad Libre de Berlín, sus peripecias en la Embajada mexicana que le permitieron el tiempo para indagar en esa cultura. Nada había más importante en ese instante que una nueva pista intelectual que surgía de algún libro de muy reciente publicación que, por supuesto, Chema ya había leído o estaba próximo a hacerlo.

Allí fue cuando le conocí un rasgo muy poco común en el medio: la generosidad. José María parece gozar más la vida intelectual en compañía. Por ese rasgo excepcional es que presta o regala revistas, libros, lo que tenga en frente, sin la menor advertencia de retorno. Y era esa misma generosidad la que derramaba en las clases en la Facultad. No fui su alumno pero sí testigo de esas maravillosas sesiones donde su embrujo de narrador atrapaba a los perplejos estudiantes, siempre con algún cigarro en la mano, gesticulando, modulando la voz. Su capacidad histriónica hacía de sus presentaciones un verdadero espectáculo. Él lo sabía, por eso preparaba las sesiones como si fueran una obra de teatro, con trama, con momentos de suspenso, con sorpresas. Quién podía aburrirse con un maestro que, incansable y sudoroso, devoraba las horas transmitiendo su infinita pasión por las ideas.

Pero Chema no nació rodeado de cultura alemana. Se fue haciendo de ella, desde la lengua misma que aprendió ya siendo un adulto y que conoce y habla de manera excepcional, hasta la selección de autores centrales, muchos de los cuales él presentó en México. Adorno, Horkheimer, Enzensberger, Habermas y por supuesto Canetti, uno de sus favoritos y muchos más. Comenzó en las páginas de La Cultura en México que coordinaba Monsiváis. Después sus textos aparecieron en “Nexos”. Él se encargaba de llegar a buen puerto, proponía las traducciones a las editoriales, traducía, organizaba coloquios, todo con la finalidad de difundir a un autor o a una corriente o una discusión determinada. El trabajo metódico y silencioso de Pérez Gay hizo que hablar de Bloch o Kraus se convirtiera en algo común en el medio. Pero ello era posible gracias a su dedicación y empeño.

Pero sus pasiones no tienen fronteras, el humanismo tampoco. Cómo olvidar sus textos sobre Cambodia, sobre los horrores del Jemer Rojo y de Pol Pot de los cuales en México no se hablaba. Y allí surge otro rasgo de este gran humanista: la vocación de servicio. José María podría perfectamente encerrarse en sus sanas obsesiones y vivir con ellas, en ellas y para ellas. Pero eso no le basta. Las ideas, su exposición, su intercambio, sirven para confrontar realidades y cambiar al mundo. Penetrar en los laberintos de la riqueza cultural alemana sirve para contrastar la miseria de otros. Quizá por eso el asunto del género lo tiene sin cuidado. ¿Qué es Pérez Gay, periodista cultural, filósofo, novelista, traductor, editor? La respuesta es sí, sí a todo. Y si el teatro hubiera sido necesario para difundir alguna idea seguro se convertiría en dramaturgo y lo haría bien.

Porque Pérez Gay sabe que las corrientes filosóficas, que las concepciones del mundo, que las visiones literarias, que una cultura toda, indefectiblemente cruzan por la palabra. Por eso su convicción profunda de cuidar las expresiones orales y escritas en todas sus minucias. Porque las palabras pueden arrojar luz pero también oscuridad. Conocer el detalle de cada expresión es una forma de enriquecer el mundo. Su lectura de Paul Celan en una bella edición en los Cuadernos de la Memoria de la UAM retrata a Pérez Gay entero. Escribe una nota de presentación, elabora una muy útil cronología y por supuesto traduce la poesía. El paquete es completo.

Porque hay otro mérito de “Chema” que no puedo dejar de mencionar. “No vale más si no hace más”, dice Cervantes. En todas partes hay farsantes y el mundo intelectual no es la excepción. Muchos navegan con la etiqueta sin tener obra. José María en cambio ha trabajado mucho. Su obra es vasta y eso habla de su discreta consistencia. El homenaje de Concaulta en la FIL es muy merecido. Lo veo venir caminando lento, cargado de alguna edición de Suhrkamp entre periódicos y revistas francesas, inglesas, italianas lo que sea, viene con la espalda inclinada de lado, con ese cabello blanco que porta orgulloso y elegante desde hace muchos años, con los ojos engrandecidos por los anteojos, lo veo y no me cabe duda de lo mucho que le debemos. ¡Felicidades, Chema, y gracias!

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