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Martha Santos
Martha Santos
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Nacida en Monterrey, Nuevo León el 23 de febrero de 1966. Es la hija mayor del locutor Alfonso Santos García “El Gallito Madrugador” y de la publicista Regina de León de Santos. El 15 de mayo de 1982 inició su carrera en Zócalo de Piedras Negras al lado del periodista Jaime García Fernández. De 1985 a 1990 desarrolló diferentes posiciones en los periódicos El Diario de Monterrey, Tribuna de Campeche, El Heraldo de Zacatecas y ABC de Monterrey. De 1990 a 1997 se desempeñó como coeditora de la sección Internacional en Zócalo de Piedras Negras. De 1997 a 2007 fue directora editorial de Zócalo de Acuña. De julio de 2007 a enero de 2008, tuvo a cargo los reportajes especiales de Zócalo de Acuña. De enero a mayo de 2008, fue jefa de redacción de El Diario de Sonora. A partir de mayo de 2008, se integró a Zócalo Saltillo en diferentes áreas. Es Premio Estatal de Periodismo 1999 por mejor crónica al reseñar la devastación que la tormenta tropical Charlie produjo en Acuña en agosto de 1998. En 2007 recibió la presea Antonio Estrada Salazar al cumplir 25 años de trayectoria periodística. Leer por Placer es la colaboración que ha escrito a partir de 2003 de manera ininterrumpida. Considera que la lectura es el pasatiempo que además de entretener, hace mejores personas.

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12 Junio 2015 03:06:25
¡50 años de Zócalo!
Nunca imaginé que trabajar en la Redacción de un periódico me haría testigo de la historia, casi paso a paso.

Desde hace medio siglo Zócalo Piedras Negras mantiene la disciplina de publicar a diario el registro puntual de los sucesos que trascienden fronteras, lo cual no sería posible sin la participación de cada una de las personas que forman parte de él.

No tengo 50 años ejerciendo el periodismo (Dios me libre). Con 33 llevo recorrido un camino bastante largo como para presumir que participé en los hechos… aunque me haya tocado relatar esos sucesos a través de encabezados, sumarios, antetítulos, pies de foto y demás accesorios que rodean a la nota en cuestión. Así me especialicé como editora, observando el acontecer desde la Redacción, para dar forma a las páginas de un matutino. El más importante en Coahuila.

A la distancia la noticia de que la Guerra de las Malvinas (allá por 1982, cuando la Redacción de Zócalo Piedras Negras me abrió las puertas) dejó 900 muertos entre argentinos y británicos parece reciente y se confunde con la reseña de la Tormenta del Desierto que a finales de 1990 y principios de 1991 mutiló a familias radicadas nomás cruzando el río Bravo, cerquita de Piedras Negras; o la de Afganistán, con idénticas consecuencias, ya iniciado el siglo 21. Todas tienen que ver con dolor, despojo y muerte.

Los sucesos parecen superarse conforme pasa el tiempo, como si se arrebataran con sangre el derecho a ser noticia. Si la cifra oficial fue de 500 muertos en 1984 por la explosión en San Juan Ixhuatepec (o San Juanico, como se le conoce), en 1985 las autoridades reconocieron la pérdida de 3 mil 692 vidas humanas a causa del terremoto que hizo bailar a la tierra en la capital del país.

De inmediato empezaron a circular imágenes y datos que dan cuenta del peor desastre natural registrado en México y el reto periodístico era ganarle al tiempo la oportunidad de informar. Zócalo lo cumplió.

Hay noticias e imágenes que le roban a uno la tranquilidad. Un hombre furioso con la vida había hecho explotar una bomba en el edificio que albergaba una guardería en Oklahoma la primavera de 1995. Todavía lloro al recordar la foto del bombero con el niño en brazos; quiero pensar que no se trataba del cadáver del menor, pero no tengo la certeza.

El año anterior, el asesinato del candidato presidencial en Tijuana también me sacudió las emociones. Esa vez las lágrimas también me empañaron los lentes, pero había que sobreponerse para terminar la edición, bien y a tiempo… y así pasó también cuando ocurrió la trágica muerte de la súper estrella del tex-mex, o la del Mimo de México, o la de La Doña. El secreto es no perder la capacidad de asombro para conservar la objetividad.

El impacto de ciertos sucesos marcan a los periodistas, aunque no sean ellos los que anden reporteando. Ya pasaron casi 26 años y las imágenes de caída del Muro de Berlín permanecen frescas en el recuerdo, así como el temblor que sacudió semanas antes a San Francisco cuando estaba a punto de iniciar el encuentro entre los

Gigantes y los Atléticos en la Serie Mundial en el otoño de 1989. La novedad de ese año fue la aparición de los teléfonos celulares. De eso Zócalo Piedras Negras también dio su reporte, y de cómo en los primeros años de la década de los 90, esos aparatos llegaron a esta frontera.

En 2001 cambió el rumbo de la historia en el mundo, y particularmente en el país con el que estamos unidos por el río Bravo. El símbolo de la fuerza en la nación más poderosa fue vulnerado desde el aire. El atentado ocurrió como a las 9 de la mañana; esa misma tarde Zócalo publicó la reseña puntual en una edición extra.

Así pasó cuando se murió el Papa, cuando su sucesor dimitió y cuando asumió el primer pontífice americano; también cuando el pueblo estadounidense eligió y reeligió a su primer presidente de raza negra… y a mí me tocó verlo antes de que el periódico saliera a las calles.

La transición de la máquina de escribir a las computadoras y después a la información por Internet es también parte de la historia y de Zócalo, donde antes de la llegada del nuevo milenio el uso de la tecnología ya era cosa de diario.
Cada noche el ambiente en Zócalo es similar, aunque las circunstancias y los personajes cambien. Se disfruta la emoción de trabajar contra reloj: “¿De cuántas líneas escribo la nota?” “¿ya tienes el esquema?” “¿ya están las fotos?” “¡Impriman las placas!” y alguna vez “¡PAREN LA PRENSA!”… la mejor parte del proceso siempre es cuando veo mi pensamiento en letras de molde, y constatar que el mundo conoce la historia a través de Zócalo.
11 Abril 2010 03:10:40
Como el sol de primavera
EN CUATRO DÍAS MI PRIMER nieto cumplirá un año de haber nacido.

Desde que supe que vendría al mundo, tal fue mi ansia por conocerlo que cuando lo tuve frente a frente no pude más que asombrarme frente a la belleza de su piel tan suave y la perfecta distribución de su escaso cabello dorado en su cabecita redonda.

SU PRESENCIA SOBREPASÓ TODAS MIS expectativas.

UN MONTÓN DE AÑOS VIVÍ con la certeza de que había recibido toda mi dotación personal de felicidad; luminoso como mañana de primavera, mi nieto nació para demostrarme que aún me faltaba una buena parte y que él me la traía bien sujeta en sus manitas cerradas.

CUANDO LO TUVE EN BRAZOS, esos 3.360 kilos pesaban lo mismo que los rayitos de sol de mediodía que entraban en tropel por la ventana del ala de maternidad de aquel hospital.

SE PORTÓ A LA ALTURA. NADA DE LLANTOS NI DESFIGUROS.

METIDO EN LA INMENSIDAD DE su pañal talla recién nacido, me miró muy serio en un saludo de inocencia que no merezco.

OBSERVÉ SU NARICITA DE PELLIZCO y sus piernas largas, recogidas, repegaditas a su vientre.

MI HIJA, ORGULLOSA Y CANSADA, lo veía embobada desde su cama; a pesar de las casi 12 horas de trabajo de parto, ahora convertida en madre, pronto recuperó su rubor natural, pero su expresión cambió para siempre.

EL AMOR Y EL TRIUNFO se le instalaron en el rostro.

MI NIETO ASOMÓ AL MUNDO en abril, desafiando el azote de la crisis económica mundial, (que los que saben dicen es la peor en 80 años) y la amenaza de una extraña gripe capaz de matar de manera despiadada y sorpresiva; conoció al planeta convulsionado, enfermo de muerte, pero con su llegada ese pedacito de sol demostró que la perfección existe, sólo hay que conservarla.

NACIÓ MELÓMANO. NO DISCRIMINA RITMOS, DESDE EL vientre de mi hija, el pequeño manifestó su gusto por las notas al escucharlas; a la fecha, agita hombros y piernas apenas detecta acordes en el ambiente, sean de acordeón, salsa, rock o piezas calmaditas.

AMABLE Y TOLERANTE, LA MAÑANA de su nacimiento aceptó sin protestar la arremetida a besos en sus mejillas de malvavisco rosa, que como primer nieto, recibió de su abuela orgullosa y agradecida que se maravillaba con la vida por la grandeza de tener a su primer nieto en brazos.

CASI UN AÑO DESPUÉS DE su nacimiento, el asombro permanece en mi ánimo al constatar que los milagros se dan todos los días. Esta mañana uno rubio y sonrosado con los ojitos chispeantes y apenas ocho dientes, me tendió los brazos y me dijo “abú”.

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27 Septiembre 2008 04:00:00
La otra amante
Entre la imaginación y la reconstrucción histórica emerge Malinalli. No sólo fue la amante de Hernán Cortés; en verdad lo amó. No sólo fue la traductora entre los aztecas y los españoles; creó su propio código para comprender la Conquista.

“Malinche”, de la escritora mexicana Laura Esquivel, recrea el ambiente en el que se desarrolló la historia de la mujer que aprendió a vivir despojada y esclavizada desde su infancia.

Describe olores y sentimientos; palabras y pensamientos; colores y situaciones que explican el por qué del simultáneo arraigo y repudio entre españoles y mexicas.

“Malinche” es un libro que penetra con igual profundidad en el alma atormentada de la protagonista y en el complejo corazón del país azteca.

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06 Septiembre 2008 03:00:00
La elegancia del alma
La elegancia es una forma sutil de la elegancia del alma, dice Ángeles Mastretta en “Maridos”, un poco la continuación de “Mujeres de Ojos Grandes”.

En una deliciosa recopilación de relatos, Mastretta pone sobre la mesa los temas cotidianos de la pareja y su infinita lucha por encontrar la felicidad en compañía.

El tiempo de los maridos cruza clases sociales y épocas distintas. Devela sin herir y ríe sin olvidar. Un aire de familia une a estas páginas con el hielo encantado del amor, aún si ha perdido el encanto; del amor que se va, pero reincide, traiciona pero alumbra, lamenta pero sonríe.

Los textos de “Maridos” se antojan para vivir la vida de otros como propia en las tardes de otoño.

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