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Lady P.
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Columna Revista Visión Saltillo

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16 Julio 2012 03:00:46
El gigante
En la habitación me recibió un mastodonte de casi dos metros de estatura, la espalda del tamaño de un ropero y, sobre los hombros, ese músculo que hace parecer que no le sacaron el gancho a la camiseta. Mirada fría y profunda, coco rapado, los brazos –gruesos como ramas de ahuehuete– los tenía tapizados de tatuajes y una sonrisa, tierna y afable, que desentonaba con su apariencia de gigante mitológico.

Le di un beso entre la mejilla y el labio y pasé al cuarto. El gigante vestía pants, una camiseta blanca y despedía un intenso aroma a perfume dulce. Me encantó. Nada puede disponerme mejor para trabajar que estar con un hombre limpio.

En el tocador, frente al espejo, estaba mi paga. Le pregunté si era para mí y lo guardé en mi bolsa. Discretamente vi de nuevo el tamaño de aquel hombre y, tragando saliva, le dije que iría al baño a ponerme cómoda (¿cómoda? iba a agarrar valor, si ese coloso tenía todo de la misma proporción, no me iba a ponchar, me iba a romper).

De cara no era guapo, tenía un rostro más bien tosco (que hacía juego con el conjunto), sin embargo, su aspecto varonil hacía que su nariz gruesa, las cuchillas en sus ojos o su quijada cuadrada, que parecía capaz de mascar tuercas y escupirlas laminadas, resultaran cualidades profundamente eróticas. En pocas palabras, era un feo de esos que dan ganas de que te metan una revolcada de aquellas. Y para allá iba.

En el baño acomodé mi lencería, puse un poco de perfume entre mis pechos, revisé mi aliento, acomodé mi peinado, respiré profundo y salí, cargada de valor a lidiar con el semental que el oficio me había puesto enfrente.

Ataqué con un beso descarado, me paré de puntitas, me colgué a su cuello, abrí los labios y lo invité a que su lengua jugara con la mía. Su cuello parecía de acero, sus hombros, su pecho, su abdomen. Me estaba tirando a una muralla.

Besaba bien, a pesar de lo tosco de su aspecto, sus labios se paseaban con suavidad sobre los míos, sin prisas, como encontrándole gusto. Además sabía a menta, era como un sueño, un hombre que sabe besar, huele rico y tiene buen aliento ya son méritos suficientes, si además contamos que me estaba ponchando a un gigante de acero, nomás faltaba ver lo que los pants guardaban.
¡Y qué les cuento!, si el tipo estaba súper dotado, tenía un miembro gigante, delicioso, que miedo me llegó a dar, pero la verdad es que yo estaba excitadísima.

Fue increíble, lo hicimos durante casi toda la hora y en muchísimas posiciones, acabé tan molida, que de plano apagué el teléfono y cerré el changarro por ese día. Eso sí, me fui tan bien atendida, que al menos en esta partida mi Goliat estuvo bastante mejor que mi David.
09 Julio 2012 03:00:01
El pacífico
A uno de mis clientes le gustan los lujos, le cobro un dineral y nunca me pone pretextos, por dinero no para. Tiene una casa elegante, un carro último modelo y un muy buen puesto. Ah, y una esposa también, flaca, de cabellos largo y muy bonita, no sé por qué la engaña conmigo.

Tiene un departamento de renta, que nadie sabe que lo tiene, pero ahí nos vemos, creo que sólo a otra chica de la oficina y a mí nos lleva a esa guarida donde siempre desfoga sus necesidades, que no entiendo por qué no me paga un hotel, pero bueno, es su dinero y que lo gaste en lo que quiera.

Cuando llego a su casa siempre se pone de traje y me pide que me ponga un vestido elegante. Él me deja los vestidos, me ayuda a vestirme, es una de las cosas que le excitan. Luego me sirve una cena muy elaborada que él mismo prepara; se le da bien la cocina y siempre compra productos de primera.

Los dos cenamos, tomamos un buen vino y después solemos ver una película juntos. Me pide que le traiga yo las películas, compro las que quiero ver y luego él me las paga y se las queda. Le encanta que nos tumbemos en un sofá y veamos la peli abrazados.

Después de la película nos vamos a dormir, hablamos un poco en la cama y me pide que me desnude. Se está un rato acariciándome el cuerpo, con ojos de fascinación y después pide que le abrace hasta dormirse.

Siempre se toma una pastilla para dormir bastante potente las noches que yo voy, porque dice que si no, no se duerme, es bastante insomne, y en realidad, lo que más le gusta de todo lo que hacemos es dormirse en mis brazos, abrazado.

Yo no pego ojo en toda la noche, hay algo que me produce cierta angustia en todo esto: la simulación de una intimidad de pareja, me cuesta mucho menos tener sexo con un desconocido a dormir con él como si lleváramos toda una vida juntos.

En realidad me deprime tanto este pobre hombre... pero supongo que le doy su dosis mensual de felicidad, aunque nunca se ha acostado conmigo, sólo me observa y me penetra con la mirada.
02 Julio 2012 03:00:39
El policía federal
Pues mi cartera de clientes cada vez se extiende más, y mi alcance de dama de compañía ha llegado muy lejos, porque como dejo muy contentos a mis clientes, me recomiendan cada vez que pueden.

La semana pasada recibí la llamada de un hombre con el que había quedado de verme, recomendado por otro que es muy frecuente y entonces le dije que nos encontráramos en el hotel de siempre, el que está ubicado en la salida de Saltillo- Ramos Arizpe.

Llegué y toqué en la habitación 115 que me había dicho le habían rentado y abrió, tenía una mala cara, que hasta pensé que iba a ser capaz de golpearme, me puse nerviosa, pero pensé que con mis encantos lo podría calmar.

Pero me dijo que su cara no era así por gusto, resulta que desde niño siempre fue muy conflictivo, y en una de esas, a la hora de repartir fregadazos en la secundaria, un desconsiderado lo agarró a lo rudo y le dispuso un porrazo entre ojo y ojo con la paleta de un pupitre.

Fue tan profundo el trancazo, que le quedó entre las cejas una cicatriz que hace parecer que trae siempre el seño fruncido. Y pues bueno, tras ese rostro de pocos amigos, me encontré a un ser humano noble y maravilloso.

Cálido, acogedor, divertido. Es policía federal, de esos que andan todo el día en friega, con chalecos antibalas y el alma en un hilo. Me contó muchas anécdotas de su chamba, de esas que van entre el narcocorrido y una película de Mario Almada. En verdad que, además del mío, hay trabajos en los que se necesita tener mucha fuerza y voluntad.

Ya cuando nos pusimos cachondos resultó que el comandante era todo un semental. Bajo la ropa había un cuerpo de hombre, curtido con las cicatrices de una vida intensa y el rigor de una rutina ruda, trabajado sin gimnasios ni esteroides, pero de esos que están duritos por donde los toques.

Complaciente, armónico, generoso, al primer beso me sentía en los brazos del chavo más guapo de la ciudad. La verdad, al verlo bien parecido, pues yo me puse ganosa, y él, viéndome a mí, pues se puso caliente y nos dimos un acostón de esos que te dejan más sonriente que una bolsa de “sabritas”.

Salí contenta, bien pagada, mejor atendida y con muchas ganas de que me vuelva a llamar mi querido poli; pocas cosas se agradecen tanto como un hombre que sabe tratar a una mujer, porque como les he dicho, en este trabajo te encuentras cada rufián…
25 Junio 2012 03:00:04
En la playa
Siendo una dama de compañía de nivel estoy relacionada con muchos altos ejecutivos y funcionarios públicos que no escatiman su dinero para dar abasto a su placer. Uno de ellos, hace unos días, me invitó a la playa; aprovechando que tenía un taller de actualización quiso pasarse un buen rato.

Me dijo que después de su compromiso laboral iríamos a disfrutar de la magnífica clandestinidad de una playa virgen, de esas con hoteles y lugares exclusivos para gente bien que le encanta darle vuelo a la hilacha.

Nos vimos temprano, en el aeropuerto. Es un buen cliente y a veces tiene ocurrencias como ésta. Yo tenía el día libre y él ofreció muy buena paga ¿Por qué no iba a cumplirle el gusto? Finalmente sólo era un fin de semana y con él siempre la paso bien.

Llegamos temprano, con suficiente luz del sol como para disfrutar un rato del mar y otro rato de la alberca. El calor era intenso, pero soportable, además la enramada y las bebidas hacían del clima un espléndido obsequio de la naturaleza.

Ya entrada la tarde llegó la comida, una deliciosa charola atiborrada de mariscos. Después hicimos una caminata para digerir la comilona y, por último, ver el sol ponerse en el horizonte y al cielo oscurecerse. Mi cliente es muy gentil y valora estos detalles.

De repente me tiró en la arena y agarrado a mi cintura empezó a tirar mi cuerpo hacia el suyo, llevando el ritmo con el vaivén del agua, primero despacio, como el mar de la mañana, acariciando apenas la arena seca, poco a poco, como la fuerza de las olas, nuestro deseo iría incrementando la intensidad del movimiento, hasta convertirlo en los enérgicos embates de la marea alta, en olas nocturnas, que no se ven, pero que detonan como amor furioso, como sexo, como orgasmo.

En cada penetración mi clítoris chocaba con su cuerpo y mandaba temblores al resto del mío, provocándome gran cantidad de pequeños orgasmos que, como hormiguitas, me tenían gritando como a las olas, cada que se impactaban con la tierra.

Finalmente nos quedamos tirados sobre la arena para descansar, luego ir al hotel a preparar las maletas y volar de regreso a la realidad.
18 Junio 2012 03:00:30
En el tráfico
Unas horas antes de escribir esta columna se me vino a la memoria una de mis experiencias más eróticas. Hace varios años, con un cliente que tenía, que era un empresario de primer nivel, me contrató para llevarme dos días al Distrito Federal, porque iba a un asunto de negocios y yo con gusto acepté, me gano el triple que quedándome aquí en Saltillo.

Tomamos el avión y uno de sus compañeros del partido político al que pertenece le dio las llaves de un auto para que se trasladara. Fuimos a cenar y, como es costumbre, nos encontramos con un embotellamiento.

Y así fue, en un momento íbamos circulando bien y de pronto ya estábamos atrapados en un hilera de esas que ni para adelante ni para atrás, estás condenado a ponerte de mal humor o memorizar las placas del de enfrente.

Ya en el tráfico, pues mi cliente me pidió un beso, cómo él iba manejando no podía distraerse demasiado, así que, cuando traté de tocarle sus partes para hacerle más placentero el viaje él lo evitó, en cambio, metió su mano bajo mi falda.

La ventaja de los coches automáticos, a mitad de un tráfico interminable, es que con una mano basta y sobra para conducirlo. Así que puso su mano derecha entre mis piernas. Gemí fuerte cuando metió sus dedos con brusquedad y empezó a moverlos rápidamente.

Se sentía rico pero, no sé por qué algunos hombres piensan que autocomplacer a una mujer implica una especie de exploración ginecológica en busca del ovario perdido en vez de ponerse románticos.

Excitada todavía, puse mis manos sobre la suya y la saqué de donde andaba, la acomodé en el lugar correcto y moviéndola desde la muñeca le enseñé el ritmo y la presión ideales, después solté y me abandoné a las sensaciones.

Él, mansito, entendió rápido las instrucciones y supo interpretar los gestos y gemidos que me provocaba con sus dedos bien aplicados.

Cerré los ojos y dejé que las burbujas en mi sangre treparan de mi sexo, al vientre y de allí se distribuyeran por mis zonas más sensibles, hasta que reventaron en un grito, en un caudal de oxígeno que desbordó mi espina dorsal y fue a crisparme hasta la última de mis terminales nerviosas.

Cuando abrí los ojos, el tráfico ya no estaba allí. Llegamos rápido al lujoso hotel donde íbamos a dormir y ahí le devolví las atenciones, es un cliente exigente y lo hicimos hasta quedarnos dormidos.
28 Mayo 2012 03:00:41
El chilango
Este fin de semana fui a atender a un cliente. No fue en un motel de los de “pisa y corre”, porque vino de México, Distrito Federal, por asuntos de trabajo, así que aprovechó la habitación en la que se hospedó para recibirme.

Es delgado, más bajito que yo, de casi 60 años, cabello entrecano y el rostro arrugado (rugosidades prematuras, porque no es que se vea viejo, sino acanalado). Eso sí, tiene una sonrisa muy expresiva, que hace que sus arruguitas chocarreras le dibujen un mapa de surcos en la cara que le dan un aspecto cordial. Es chilango.

Trabaja para una empresa importante, tiene sus propios negocios y sabe gozar la vida. Me llamó, según él, porque tenía curiosidad conmigo, dizque ver si era cierto lo que le decían algunos de los clientes que me habían recomendado. Me cayó bien, es buen conversador y con gracia para contar chistes, me tenía de una carcajada a otra.

A media plática se acercó, me jaló suavemente de los jeans y llevó sus labios a los míos. Eran besos apasionados, expertos, de alguien que ha besado muchas bocas y sabe encontrar y aprovechar las diferencias.

Sus manos resbalaron hasta mi trasero y me jaló de nuevo hacia él, para que sintiera crecer su erección bajo el pantalón. Estuvimos un rato, entre faje y besos, hasta que nos fuimos a la cama y tuvimos sexo como es debido.

Este cliente es uno de mis favoritos, mantengo una buena relación de trabajo, porque él me contrata como prostituta y yo con gusto le hago el servicio que requiera, como bien dicen: al cliente lo que pida.

Terminando, volvimos a la plática y nos despedimos, con la promesa, casi siempre mentirosa, de volver a vernos.
30 Abril 2012 03:00:36
El ciego
Como les he contado en numerosas ocasiones, tengo clientes de todo tipo que me engrandecen como mujer y también como puta. En esta profesión uno siempre se tiene que dar a desear, te pones guapa y ya, pero hay otras veces en las que tienes que usar más el tacto que la vista.

Tengo un cliente que está ciego. Sí, así como lo leen, y por supuesto también tiene su corazoncito y es un tipo fogoso, alto y de buen ver.

De vez en cuando me llama. Está casado y no siempre ha sido ciego. Fue un accidente automovilístico, me contó en una ocasión que la bolsa de aire le saltó en la cara y le clavó los cristales de los lentes de sol que llevaba puestos.

No debería escribirles estos detalles, pero en fin, que sirva de aviso porque, según me cuenta mi cliente, le pasa a más de uno, así que cuídense de la bolsa de aire.

Él gasta mucho dinero en mí a pesar de que no me ve. Lo conocí por otro amigo que me lo mandó y que me dijo: “ándale, hazle el favor al ciego”, y él me dijo que no quería que le hiciera ninguna caridad, que él tenia dinero suficiente para pagarme por tener sexo.

Cuando me contrata me dice que tengo una voz bonita, un cuerpo suave al tacto y un olor agradable. Luego me empieza a tocar y a pedirme que le bese el cuerpo, pero luego me pide que me suba sobre él y que le deje tocar mis pechos.

A mí me gusta verlo mientras lo hace, porque me dice que se imagina que son hermosos. Es aventurero y le gusta practicar muchas posiciones, siempre disfruta el sexo a pesar de que no puede verme, pero dice que siente y mucho.

La última vez me llevó a un hotel de cinco estrellas, me pidió que lo hiciéramos en el jacuzzi, en la alberca y en la cama. Siempre me hace de todo, es muy hábil con las manos y con la lengua, se nota que no ve, a veces resulta mejor en la cama que los que sí pueden ver.
23 Abril 2012 03:00:48
Simulador
A uno de mis clientes le gustan los lujos, le cobro un dineral y nunca me pone pretextos, por dinero no para. Tiene una casa elegante, un carro último modelo y muy buen puesto. Ah, y una esposa también, flaca, de cabellos largo y muy bonita, no sé por qué la engaña conmigo.

Tiene un departamento de renta, que nadie sabe que lo tiene, pero ahí nos vemos, creo que sólo a otra chica de la oficina y a mí nos lleva a esa guarida donde siempre desfoga sus necesidades, que no entiendo por qué no me paga un hotel, pero bueno, es su dinero y que lo gaste en lo que quiera.

Cuando llego a su casa siempre se pone de traje y me pide que me ponga un vestido elegante. Él me deja los vestidos, me ayuda a vestirme, es una de las cosas que le excitan. Luego me sirve una cena muy elaborada que él mismo prepara, se le da bien la cocina y siempre compra productos de primera.

Los dos cenamos, tomamos un buen vino y después solemos ver una película juntos. Me pide que le traiga yo las películas, compro las que quiero ver y luego él me las paga y se las queda. Le encanta que nos tumbemos en un sofá y veamos la peli abrazados.

Después de la película nos vamos a dormir, hablamos un poco en la cama y me pide que me desnude. Se está un rato acariciándome el cuerpo, con ojos de fascinación y después pide que le abrace hasta dormirse.

Siempre se toma una pastilla para dormir bastante potente las noches que yo voy, porque dice que si no, no se duerme, es bastante insomne, y en realidad, lo que más le gusta de todo lo que hacemos es dormirse en mis brazos, abrazado.

Yo no pego ojo en toda la noche, hay algo que me produce cierta angustia en todo esto: la simulación de una intimidad de pareja, me cuesta mucho menos tener sexo con un desconocido a dormir con él como si lleváramos toda una vida juntos.

En realidad me deprime tanto este pobre hombre... pero supongo que le doy su dosis mensual de felicidad, aunque nunca se ha acostado conmigo, sólo me observa y me penetra con la mirada.
16 Abril 2012 03:00:56
El sacrílego
Resulta que uno de mis clientes me pidió que le hiciera un favor. Me llamó y me dijo que por mucho dinero acudiera con un hombre que estaba involucrado con la Iglesia.

Atenta como siempre, y a sabiendas de que paga muy bien, accedí a prestar mis servicios a esa persona, que era seminarista.

Toqué el timbre y me abrió él, un muchacho de unos 25 años, alto, delgado, buen mozo, que me saludó tan pronto me vio.

Me dijo que estaba en su año de pastoral de esa Iglesia a la que acudí, pero me llevó a un local pegado al templo, en el que se estaban realizando trabajos de construcción.

Le pedí un vaso de agua y me trajo un refresco; sin querer se me resbaló el vaso y me mojó los pantalones que tenía puestos; como el local quedaba en la iglesia, al notar que me había mojado, atentamente se me acercó para ayudarme y me dijo que en la sacristía había un baño y podía sacarme la ropa mientras él la secaba.

Efectivamente así lo hice, tan sólo que al entregarle mis pantalones se me cayó la toalla que me cubría y dejó ver diminuta tanga; él al ver esa escena se puso un poco nervioso, pero igualmente se agachó a recogerla, y al levantarla y tratar de ponérmela sus manos rozaron mis nalgas y me besó.

Yo inmediatamente correspondí a su beso agarrándolo de la nuca, para lo que aprovechó para empezar a desabrochar mi blusa, mientras me acercaba al escritorio más próximo.

Con agilidad me quitó la blusa, también quitó mi brasier, dejando salir mis grandes senos, los cuales empezó a besar de una manera voraz.

Como pudo se desvistió y empezó la acción, mientras yo pensaba en el dinero y el placer que sin consultarme me había dado mi cliente, así que obedecí a todo lo que el seminarista me pedía.

De eso hace dos meses, y desde ese día sin parar tenemos nuestros encuentros en la sacristía, claro, patrocinados por uno de mis clientes.
09 Abril 2012 03:00:22
Sueños eróticos
Supongo que en el interior de la mayoría de mujeres existe en secreto un morboso pensamiento, que es el saber lo que sienten las prostitutas de la calle al estar con varios hombres diferentes y que te paguen por tener sexo.

Yo siempre he tenido una vida sexual muy activa y satisfecha, pero siempre me picaba ese bichito de saber lo que se siente que desconocidos te paguen por darles placer, es decir, lo que siente una prostituta de la calle.

Esos pensamientos siempre venían a mi mente cada vez que pasaba por alguna zona donde había prostitución, entonces veía a esas mujeres en las calles ofreciendo sus servicios a los hombres que circulaban por la zona. Imaginar que eso les sucedía todos los días me excitaba de una forma extraña pero deliciosa.

Un día que regresaba a la casa de mis tíos en un taxi, al pasar por la zona, fingí sentirme indignada, y le comenté al taxista que eso no debía de estar pasando en las calles. Él me dijo que era normal, que las prostitutas se ganaban la vida así, entonces entre charla y charla, él me dio los pormenores de cuánto cobraban, cómo buscan a sus clientes y demás cosas.

Cuando llegamos a mi casa me sentía tan excitada, que me metí rápido a mi habitación y me estimulé pensando en que yo era una prostituta de la calle complaciendo a mis clientes. Tuve un placer tan intenso, que me prometí a mí misma que sería una fantasía que tenía que experimentar pronto para sentirme tranquila. Decidí que sería el próximo fin de semana sí o sí. 

Los días previos al fin de semana me encontraba muy ansiosa, inclusive tenía dificultades para dormir pensando en lo que iba a hacer. Al fin llegó el día sábado, y como a eso de las 10 de la noche me empecé a arreglar, de manera que me viera como una de esas “mujeres” de la calle.

Mientras lo hacía me empecé a excitar de una forma muy extraña. Como era una noche calurosa me vestí muy ligera de ropa y me puse mucho maquillaje. Entonces tomé un taxi que me dejó a unas cuadras y me dirigí caminando hacia la calle donde estaban todas las prostitutas.

Entonces, al llegar, enseguida me rodearon tres de ellas y me dijeron que ahí no me podía quedar porque era su zona, entonces les dije que “sólo sería por esta noche”, que no fueran malas y me dejaran trabajar “sólo por hoy”.

Después de discutir un rato, dijeron que estaba bien si les pasaba una parte de lo que yo ganase. Yo acepté y les dije que sí. Las chicas me veían de forma extraña, tal vez les sorprendía que alguien como yo estuviera prostituyéndose en la calle. 

Estaba muy excitada de sentirme una más de esas callejeras esperando que algún hombre se acercara a pedirme mis servicios. Al fin llegó mi primer cliente, era un tipo viejo y feo. Me dijo que cuánto le cobraba por tener sexo oral, entonces le dije que “tanto”, él dijo “estás muy elevada de precio, pero me gustas mucho y te lo voy a pagar”.

Entonces con muchos nervios y con gran excitación me subí a su auto, y le pregunté a dónde iríamos. Él se rió y dijo que no, que se lo hiciera en el auto. Buscó un lugar oscuro y se estacionó, entonces se bajó la cremallera, me tomó por la cabeza y me la bajó. Estuvimos así por unos minutos. Terminado todo me fue a dejar al lugar donde me había encontrado.

Al llegar al lugar tuve que repartir mi dinero con las otras para que me siguieran dando chance de trabajar. No pasó mucho tiempo y se detuvo un auto cerca de mi posición, era una pareja, marido y mujer. Él me dijo cuánto les cobraba por atenderlos a ambos y les dije el precio.

Sin decir nada me abrieron la puerta, salió la mujer y me dijo que entrara al auto en la parte delantera en medio de ellos. Seguro era una pareja de swingers que les gustaba lo prohibido, fue excitante para mí, y una vez que terminamos nos dimos un gran beso, entre ella y yo. Me fueron a dejar a donde me habían encontrado y de nuevo repartí parte de mis ganancias con las demás.

Eran las 5:00 horas del domingo y pensé que ya había sido suficiente trabajo. Así que tome un taxi de regreso y le dije que me dejara en un parque que está cerca de mi casa. Durante el camino se me ocurrió una forma muy deliciosa de terminar la jornada. Al llegar a mi destino le dije al taxista: “Disculpe, no tengo efectivo, pero si usted quiere le puedo pagar de otra forma”. Su silencio me lo dijo todo.

Cuando bajé del taxi me puse a pensar en lo que había hecho y recordé lo que había visto decir a una prostituta en un noticiero de la televisión: “Decidirte a hacerlo la primera vez es lo más difícil, después lo sientes como algo normal”.

Bueno, sólo espero que nadie se llegue a sentir ofendida con lo que acabo de contar. Yo no represento y no tengo por qué representar a las mujeres de este mundo. 

Karin

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