×
Pascal Beltrán del Río
Pascal Beltrán del Río
ver +

" Comentar Imprimir
25 Abril 2015 04:05:35
Ser ciudadano
A menos de mes y medio de las elecciones, federales y locales, la incomodidad y la indiferencia ciudadanas con la política son fáciles de percibir.

Algunos, incluso, comienzan a renegar de la democracia. He leído textos en los que gente ilustrada dice que hay que revisarla porque no nos ha dado los frutos deseados.

La mayoría de las personas con las que hablo sobre los próximos comicios no quiere saber nada de ellos. Unos, porque están demasiado ocupados; otros, porque les parece que los políticos son todos una basura y da lo mismo si uno vota o no.

Luego están los milenaristas: aquellos que esperan que aparezca un mesías que nos lleve a la tierra prometida y piensan que, mientras tanto, no vale la pena preocuparse por cosas mundanas, como enterarse de quiénes son los candidatos en el lugar donde viven y comparar lo que cada uno propone.

Todas esas actitudes son resultado de lo mismo: de un alejamiento de los ciudadanos de las tareas que todos debemos cumplir en una democracia. Sí, ser ciudadano es un trabajo. Pensemos en la democracia como un autobús en marcha. De lo que se trata es de decirle al conductor a dónde queremos que nos lleve. Si usted no habla, si no se genera consenso entre los pasajeros que viajan en ese mismo autobús sobre la ruta a tomar, el chofer lo llevará a usted y a los demás a donde quiera.

Y eso es lo que nos ha pasado en los últimos años. Los políticos nos han conducido por donde ellos han querido. Si no nos gusta el camino, nos quedan dos opciones: rumiar en nuestros asientos o levantarnos y decirle al chofer que cambie de destino.

Nunca he entendido la indiferencia hacia la política porque ésta tiene la capacidad de influir en todo, incluso en el aire que respiramos.

Por eso siempre he creído que Joseph de Maistre tuvo razón cuando acuñó la frase de que los pueblos tienen los gobiernos que merecen. No porque estén condenados a tener malos gobiernos, sino porque éstos son tan buenos como la participación de la ciudadanía en los asuntos que incumben a todos.

Hemos inventado muchos pretextos para explicar por qué tenemos políticos tan limitados y rapaces.

Uno de ellos es que la mayoría de los mexicanos son tan ignorantes que los partidos los manipulan a su antojo. Es cierto que existe un gran rezago educativo en el país, pero la solución a ese problema también está en la democracia.

El argumento de la mayoría ignorante suele esgrimirlo una minoría ilustrada que se siente más preparada para la democracia que los demás.

Es la gente que pide que México no juegue con Brasil el 7 de junio porque la mayoría de los mexicanos son tan tontos que bastará que vean el cotejo para que salgan a votar por el partido cuyos colores son los mismos que los del “Tri”.

Además, como muchos de ellos no saben de futbol, no se han enterado que este año la selección sólo tiene dos playeras: una negra y una blanca.

Yo rechazo esa idea de que la mayoría de la gente es tonta –no se necesita un doctorado para saber lo que necesita una comunidad y votar por ello–, pero estoy seguro que es muy apática. Y esa apatía ha generado la brecha que existe actualmente entre gobernantes y gobernados.

La belleza de la democracia es que todos tenemos el derecho de decirle al conductor por cuál ruta queremos que nos lleve.

La mayoría ha decidido permanecer callada en su asiento. Algunos levantan la vista y se dan cuenta que el camión ha tomado la ruta equivocada.

“No era por ahí”, dicen, pero ¿en qué momento indicaron el destino que deseaban?

La belleza de la democracia es que permite a los ciudadanos corregir errores como ese.
28 Marzo 2015 04:08:41
‘Que coman iPhones’
Primero fue Thomas Piketty, el economista francés, quien advirtió desde su best-seller “El Capital en el Siglo XXI” que la desigualdad social está alcanzando niveles peligrosos.

Ahora es el exitoso empresario estadunidense Nick Hanauer quien ha tomado el podio mundial para abogar por la adopción de medidas que frenen la concentración del ingreso. De lo contrario, advierte, el capitalismo estará en riesgo.

La razón por la que Hanauer se ha hecho escuchar es porque forma parte del club de los más ricos en Estados Unidos. No tiene empacho en admitir que su fortuna lo coloca en el 0.1% de la población, al que el 99.99% restante comienza a señalar como la causa de sus males.

“Todo mundo es bueno en algo, yo soy bueno para hacer dinero”, ha dicho sin ruborizarse. El empresario es célebre, además, porque fue uno de los primeros inversionistas de la compañía Amazon, junto con su amigo Jeff Bezos.

Nacido en Nueva York en el seno de una familia judía de clase media, Hanauer emigró a Seattle, donde estudió filosofía y puso una empresa de almohadas.

Tuvo el tino de advertir que el internet cambiaría la forma de hacer negocios y predijo que las ventas en línea se dispararían. Se ligó con Bezos, hizo dinero con el lanzamiento de Amazon y luego desarrolló su propia firma de tecnología y marketing digital llamada aQuantive. En 2007 la vendió a Microsoft por 6 mil 400 millones de dólares.

Hace un par de años, Hanauer decidió que había ganado suficiente con sus negocios y comenzó a preocuparse por la forma en que ha ido creciendo la brecha entre pobres y ricos.

Cuenta que su esposa y él llegaron a la conclusión de que su estilo de vida había dejado de hacerlos felices y que no necesitaban rodearse de más pertenencias. En entrevistas ha dicho que posee un solo traje. “Si me invitan de nuevo la próxima semana”, afirmó durante una conversación reciente con la BBC, “tendré que venir vestido igual porque este traje es el único que tengo”.

Su discurso le ha ganado no pocos enemigos en el mundo empresarial –la revista “Forbes” lo ha tildado de ignorante y a sus propuestas, de desquiciadas–, pero, al mismo tiempo, ha conseguido aliados en la política y los sindicatos.

Uno de ellos es el alcalde de Seattle, el demócrata Ed Murray, quien nombró a Hanauer parte de un panel para estudiar el aumento del salario mínimo en la ciudad a 15 dólares la hora.

De hecho, tal aumento a nivel nacional es la piedra angular de la propuesta del multimillonario para reducir la desigualdad.

No coincide con la propuesta de Piketty de gravar más a los súper ricos. Su plan es aumentar la capacidad de consumo de los menos favorecidos. Los consumidores, ha dicho, son los verdaderos creadores de empleos, no los empresarios como él.

Cree que un aumento por ley del salario mínimo –al doble de su nivel actual– lograría más que dos décadas de negociaciones por parte de sindicatos y generaría un consumo adicional por año por 450 mil millones de dólares. Elevar el salario mínimo para reducir la desigualdad también beneficiaría a los ricos, sostiene Hanauer.

El verano pasado, el empresario recibió la invitación del sitio informativo Politico para exponer sus ideas sobre la brecha entre niveles de ingreso. “El problema no es que haya desigualdad”, escribió. “Algo de desigualdad es intrínseco a cualquier economía capitalista funcional. El problema es que está en niveles históricamente altos y que esto está empeorando cada día.

“Nuestro país se está convirtiendo cada vez más rápido en una sociedad feudal más que en una sociedad capitalista. A menos de que nuestras políticas cambien dramáticamente, la clase media desaparecerá, y esto será como la Francia del siglo XVIII... antes de la Revolución”.

El empresario pone en duda las afirmaciones de quienes dicen que el acceso de cientos de millones de personas de todo el mundo a satisfactores como los teléfonos inteligentes es un desmentido a quienes hablan de una crisis del capitalismo.

“Cuando escucho eso, me acuerdo de las palabras de María Antonieta. Es como pedir que a los hambrientos les den de comer iPhones”.

En entrevista para el programa “Hard Talk” de la BBC, Hanauer insistió en que el capitalismo, del que él mismo se declara un admirador ferviente, necesita un ajuste porque, como funciona actualmente, está generando niveles peligrosos de desigualdad. Y eso, dijo, lleva “tarde o temprano” a levantamientos populares.

Para el empresario será imposible determinar el momento en que la desigualdad “pase de ser una injusticia para la masas, a constituir un factor de desestabilización social”, pues “las revoluciones igual que las bancarrotas, suceden, primero, gradualmente y, luego, de golpe”.

Recordando cómo se inició la Primavera Árabe, Hanauer escribió en Político: “Un día, alguien se prende fuego; luego, hay miles de personas en las calles, y, antes de que uno se dé cuenta, el país está incendiándose. Y entonces no hay tiempo suficiente para nosotros para ir al aeropuerto y subirnos a nuestros Gulfstream V y volar a Nueva Zelanda”.

Agregó: “Tengo un mensaje para los súper ricos como yo, para todos los que vivimos en nuestras burbujas enrejadas: Despierten. Esto no va a durar”.

Por supuesto que hay mucho de melodrama en las palabras de este empresario. Y sin duda es posible argumentar en contra de las soluciones que él propone para reducir la desigualdad.

Lo incuestionable es el ensanchamiento de la brecha entre quienes tienen y quienes no. Los números no mienten.

Ya son muchos los que lo advierten, y desde distintas perspectivas. Parece insensato no prestar atención.



07 Marzo 2015 05:08:54
Naranja, naranja
Si el PRI es la Coca-Cola, el PAN es la Pepsi, el PRD es el Sidral Mundet, el Partido Verde es el Nestea y Morena es la Sangría Señorial, en el pasillo de los refrescos electorales, Movimiento Ciudadano quiere ser el Orange Crush o, de perdida, la Chaparrita sabor mandarina.

Algunos tienden a pensar que Movimiento Ciudadano tiene principios y posturas de izquierda, pero ¿qué se puede decir de una organización que nomina como candidatos lo mismo a Marcelo Ebrard que a Manuel Espino, lo mismo a Fernando Elizondo que a Hipólito Mora, y lo mismo a Heberto Castillo que a Rafael Ochoa?

Movimiento Ciudadano, partido de jingles como “naranja, naranja”, es tan ecléctico como las imágenes de su último spots de campaña, donde aparecen, tanto un acordeón de vallenato como una jarana de son jarocho, y una marimba chiapaneca.

Los publicistas dirían que Movimiento Ciudadano aspira a generar una experiencia, más que hacer un pronunciamiento.

La indefinición programática le ha funcionado muy bien a este partido, pues le ha dado votos. Y en México los votos, ya lo sabe usted, se traducen en financiamiento público.

¿A cuánto imagina usted que ascienden las prerrogativas que Movimiento Ciudadano (antes conocido como Convergencia para la Democracia y luego como Convergencia) ha obtenido desde 1999, primer año en que las recibió?

Si las convertimos a dólares y ajustamos las cantidades a la inflación, Movimiento Ciudadano le ha costado al contribuyente casi 308 millones de dólares, es decir, alrededor de 4 mil 700 millones de pesos.

Y eso sólo son recursos federales. Habría que agregarle las prerrogativas estatales. No se sorprenda usted que la cantidad suba al doble.

Por supuesto, otros partidos han salido más caros, pero la cifra anterior demuestra lo redituable que puede ser un partido político –¿usted qué haría con 293 millones de pesos al año?– sin tener que hacer otra cosa más que flotar en el ambiente electoral y asegurar cada tres años el número suficiente de votos para mantener el registro y, por ende, garantizar que siga fluyendo el dinero.

Y es que de eso, justamente, se trata. El dueño del partido, el exgobernador interino de Veracruz, Dante Delgado Rannauro, de formación priista, ha encontrado la manera de no perder el registro a lo largo de 16 años.

La fórmula, que ha ido perfeccionando con el tiempo, es sencilla: firmar alianzas y fichar a candidatos que le aseguren una buena votación, sin importar orígenes ni posiciones políticas.

Después de que ha ido en alianza por muchos años con el PRD y el PT no ha impedido a Movimiento Ciudadano explorar posibles coaliciones con el PAN, como en Querétaro.

En suma, la idea es funcionar como un producto que el elector se anime a comprar sin necesidad de comprometerse con posiciones ideológicas concretas.

Escuche la letra de la canción de su último spot de campaña, realizado para las elecciones de este año:

“Movimiento naranja, el futuro está en tus manos / Movimiento naranja, Movimiento Ciudadano / Somos ciudadanos libres, convencidos que todo es posible / Somos libres como el viento, como el águila que está en movimiento / Todos los que miramos de frente, somos ciudadanos valientes / Todos unidos por nuestra gente, somos una fuerza diferente / Todos atentos, llegó el momento, llegó la hora del Movimiento / Movimiento naranja, el futuro está en tus manos / Movimiento naranja, Movimiento Ciudadano”.

Como dicen hoy los chavos: ¿eso qué?

¿Acaso hay alguna propuesta en esa letra? ¿A usted le ayuda ese spot para enterarse qué opina el partido sobre diferentes temas de interés público y su intención de incidir en ellos o realizar cambios?

Claro que no, pero eso no importa. Porque el Movimiento Ciudadano –igual que otros partidos, hay que decirlo– no apela a las ideas, sino a que el elector vaya cantando su estribillo camino de la urna y, al ver la boleta, busque el color naranja. Igual que otro partido, Nueva Alianza, quiere que recuerde el turquesa, “a huevo”.

Si se tratara de una asociación civil que no recibe recursos del erario, no tendría sentido escribir esta columna, pero estamos hablando de un partido que la Constitución define como entidad de interés público, y que ha costado mucho dinero a los contribuyentes.

Desde un punto de vista pragmático y hasta cínico, se puede decir que Dante Delgado –seguramente con ayuda de publicistas, que usted también paga– ha encontrado la manera de potenciar su marca y mantenerla en el mercado electoral.

Imposible negar, por ejemplo, que el fichaje de Enrique Alfaro Ramírez, en Jalisco, fue un acierto en cuanto a la cosecha de votos.

Pero cuando uno ve que entre las principales reivindicaciones del partido en los municipios que gobierna está regalar útiles escolares en mochilas color naranja, es difícil pensar que Movimiento Ciudadano está para algo más que el utilitarismo político.

Faltan 93 días para saber si los votantes le darán la oportunidad de mantener el registro y que así pueda seguir recibiendo casi los 300 millones de pesos al año que usted le paga.

10 Enero 2015 05:00:20
‘Charlie Hebdo’  y el islamismo
Cuando, en septiembre pasado, el vocero de la organización terrorista Estado Islámico llamó a los musulmanes que viven en Occidente a matar a los “infieles” como fuera y donde quiera que los encontraran, hizo un apunte que seguramente prendió los focos de alerta en París.
“Especialmente —dijo—a los despreciables y sucios franceses”.

Las fuerzas de seguridad de Francia hicieron lo que pudieron para desactivar varias amenazas terroristas en semanas recientes, pero el ataque contra la revista satírica “Charlie Hebdo” ha puesto de manifiesto que es mucho menos difícil pelear contra un grupo yihadista que contra la rabia de un sector marginado, dispuesto a usar la violencia para ajustar sus cuentas con la sociedad.

Ese sector son los migrantes —incluso de segunda y tercera generación— que no se han integrado a la población francesa y se sienten aún extranjeros en el sentido más amplio de la palabra.

¿Cómo llegamos a esto?, se preguntan hoy, atónitos, los franceses.

Tiene que ver, en parte, con el racismo que han padecido esos inmigrantes magrebíes —todo indica que los atacantes son descendientes de argelinos—, pero también con que Francia no ha hecho mayor esfuerzo por integrarlos, lo cual significa también poner la asimilación como condición para el asilo.

Se dice, a menudo, que Francia es el país de Occidente que mayor porcentaje de musulmanes tiene en su población, pero ese no es un dato oficial, pues la muy laica ley francesa prohíbe que se pregunte a un ciudadano cuál es su fe religiosa.

“Yo no soy partidario de reducir lo ocurrido a un simple asunto de prensa”, dijo el filósofo y ensayista francés André Glucksmann. “Se trata de los peligros de una religión que toma las armas y no se manifiesta solamente en Francia sino a nivel mundial. Pienso que hay que ser estrictamente intolerante: no con el islam sino con el islamismo”.

La lombriz ya está en la fruta y eso no se ha querido ver. Por temor a ser tachados de racistas e islamófobos, muchos franceses se cuidan incluso de usar la palabra terrorista.

Fue muy evidente cómo, en las horas siguientes de los hechos sangrientos del miércoles, ningún comentarista se animó a señalar a los atacantes como yihadistas a pesar de que estaban grabados en video gritando “Allahu akbar” (Dios es grande) y “nous avons vengé le prophète” (vengamos al profeta).


Fue la organización ultraderechista Frente Nacional la que, en un comunicado, comenzó a hablar de “terrorismo islamista” cuando el término brincó a los medios de comunicación.

Y eso es terrible, porque el ataque que ha consternado a Francia y al mundo es claramente de corte terrorista. Y se inscribe en el enfrentamiento de los islamistas e islamófobos de Francia, del que la mayoría de los ciudadanos de ese país prefiere no ser parte ni enterarse.

Afortunadamente, un gran número de franceses ha tomado las calles para abrazar las causas republicanas, entre ellas la libertad de expresión que hacía posible la sátira de “Charlie Hebdo”.

Pero parte de la efectividad del movimiento que se está armando en las calles de París y otras ciudades tiene que ver con la capacidad de los franceses de dejar de mentirse a sí mismos sobre el peligro que representa el integrismo, para esos mismos valores republicanos. En Francia y el mundo entero.

Por supuesto que no todos los musulmanes son yihadistas, pero de que éstos existen, existen.

Y la mejor manera de que las reacciones contra el ataque no sirvan para aumentar la corriente islamófoba del Frente Nacional es que los mismos musulmanes franceses —entre 3% y 6% de la población, según distintos cálculos—también salgan a manifestarse contra la violencia que se practica en nombre de su fe.

Eso no será fácil, por supuesto, porque la barrera que existe en Francia —y se reproduce en otros países de Europa— entre musulmanes y no musulmanes ha desprovisto a los primeros de mecanismos de defensa contra los radicalismos.

Hace unas semanas, con motivo del atentado contra el café Lindt en Sydney, los australianos dieron muestra de cómo se construye el entendimiento entre los sectores que rechazan la violencia.

“I’ll ride with you” (yo sí viajo contigo) fue una campaña en redes sociales para atajar la tentación de aislar a la comunidad musulmana luego del sitio al café Lindt, protagonizado por un inmigrante iraní, que dejó tres personas muertas, incluyendo el atacante.

El instinto en una gran urbe, luego de ataques como los de Sydney y París, es dudar de cualquier sospechoso en el transporte público, pero los australianos abrazaron a su comunidad musulmana y la hicieron sentir parte de la sociedad.

Los franceses necesitan dejar de atrincherarse en la corrección política y admitir el problema que tienen en casa. Necesitan aislar a los yihadistas y abrazar a los musulmanes que rechazan la violencia, que a su vez, deberían dejarse abrazar.
Estos últimos son la clave para que el llamado del vocero del Estado Islámico no tenga éxito en Occidente.


11 Septiembre 2014 04:06:13
La dictadura del hashtag
Un hombre pierde la cabeza y lleva la disputa con su novia hasta los golpes. Ella también lo agrede físicamente, pero la complexión de él —1.73 metros de altura, 93 kilos de peso— hacen que la pelea sea dispareja.

En la aparente soledad del elevador de un casino, ella intenta pegarle, pero él la noquea de un puñetazo. Él arrastra el cuerpo inconsciente de ella fuera del ascensor. Un minuto después, ella comienza a volver en sí. Todo queda grabado en video.

Alertada por los administradores del lugar, la policía interviene y se lleva detenidos a los dos rijosos. Dictamina que se trata de un caso de violencia doméstica en la que hubo agresión recíproca. Como ninguna de las partes presenta una acusación, la pareja es liberada.

El hombre es Raymond Mourice Rice, mejor conocido como Ray Rice. Jugador de futbol americano profesional, de 27 años de edad. Corredor de los Cuervos de Baltimore, equipo de la NFL al que llegó en la segunda ronda del draft de 2008.

Fuera del interés de la justicia, el caso quedó en manos de la NFL. Hasta ese momento, sólo se conocía públicamente una parte de los videos que registraron los hechos del sábado 15 de febrero. Con base en ésta, y el hallazgo del gran jurado, la liga suspendió a Rice dos partidos —con lo que perdió 470 mil dólares de su salario—y lo multó con 58 mil dólares. La sanción, que incluyó asistir a terapia, obedeció a que el jugador violó el código de conducta de la NFL.

Eso ocurrió el 24 de julio pasado. En una nota que publicó con motivo de ese anuncio, el medio digital TMZ Sports puso al calce: “En lo que toca a la relación con Palmer, Ray y Janay eventualmente se casaron y afirman estar viviendo felices para siempre”.

Sin embargo, TMZ Sports no cesó de escarbar en los hechos de Atlantic City y obtuvo finalmente los videos completos de la pelea de la pareja. Subidos éstos a internet, se generó tal escándalo en las redes sociales que la NFL volvió sobre sus pasos… y suspendió indefinidamente a Rice. El jugador perdió además su patrocinio por parte de Nike e incluso fue borrado del juego de video Madden 2015.

Ayer, Janay Palmer publicó el siguiente texto en redes sociales: “Desperté hoy sintiendo que tuve una horrible pesadilla, sintiendo que estoy penando por la muerte de mi mejor amigo. Tener que aceptar que esto es realidad es una pesadilla por sí misma. Nadie sabe el dolor que los medios y opiniones no solicitadas han causado a mi familia. Obligarnos a revivir un momento que lamentamos diario es una cosa horrible. Quitarle algo al hombre que amo por lo que él se ha matado trabajando, y hacerlo sólo por el rating, es espantoso. ¡Ésta es nuestra vida! Eso es algo que ninguno de ustedes comprende. Si sus intenciones eran lastimarnos, avergonzarnos, hacernos sentir solos, quitarnos la felicidad, lo han logrado de muchas maneras…”

La moraleja para mí es obvia: las redes sociales han llegado ya demasiado lejos en vulnerar la privacidad. Quejarse de ello sirve de poco porque se trata de un fenómeno que se ha salido de control.

No es cuestión, por supuesto, de defender la violencia física, mucho menos la agresión del fuerte contra el débil, pero el tipo de sentencias expeditas que se dictan en las redes sociales están dejando a las personas célebres en la indefensión.

Quizá de eso se trata. De hacer pagar un precio a quienes alcanzan la fama. Obligarlos a vivir una vida sin mácula, sin derecho a perder la cabeza, cosas de las que no suele preocuparse demasiado alguien que no sea famoso.
15 Febrero 2014 05:08:06
Niños armados
Por ejemplo, sabemos que la Constitución prohíbe a los ciudadanos hacerse justicia por propia mano, y que existen armas reservadas para el uso del Ejército y otros cuerpos de seguridad. Pero ¿quién puede reprochar que, ante la omisión de las autoridades, un grupo de ciudadanos se defienda de las agresiones del crimen organizado, formando grupos de autodefensa y adquiriendo ese tipo de armamento, el mismo que emplean los delincuentes?

Como esa, hay otras situaciones difíciles de juzgar palmariamente, sin contemplar matices.

No es el caso de todas, por supuesto. Por ejemplo, yo sigo sin entender que los gobiernos federal y estatal no defiendan a una autoridad legalmente constituida, como la de Tepalcatepec —que ha sido virtualmente depuesta—, sobre todo si no existen evidencias de que el alcalde, en este caso, haya cometido delitos (y si los cometió, ¿por qué no le fincan un juicio de procedencia ante el Congreso local?).

Más grave aún, me parece, es que haya niños combatiendo al lado de las autodefensas, grupo que ha sido reconocido por el gobierno federal.

El incansable periodista Miguel García Tinoco, cronista sin igual de estos días violentos en Michoacán, publicó ayer en “Excélsior” una entrevista estremecedora con Kika, un joven de 14 años de edad, originario de la comunidad de Antúnez, quien “aprendió a odiar a Los Templarios y ahora forma parte de los grupos de autodefensa”.

A este joven flacucho fue necesario habilitarle un rifle AR-15 de culata recortada, relata García Tinoco, para que su cuerpo de un metro 45 centímetros pudiera aguantarlo. Es con esa arma que Kika se asoma por una camioneta de lujo blindada, “listo para disparar”.

Ese joven es uno de tantos que se dejan ver en los grupos de autodefensa y cuyas historias han sido recogidas por los medios. Y más allá de que a mí me preocupe ver a niños portando armas automáticas y hablando de matar, México ha firmado instrumentos internacionales que prohíben la participación en conflictos armados de personas menores de 15 años de edad.

Entre ellas están las siguientes:

—Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño, ratificada por México en septiembre de 1990. Establece en su artículo 38: “Los Estados Partes adoptarán todas las medidas posibles para asegurar que las personas que aún no hayan cumplido los 15 años de edad no participen directamente en las hostilidades”.

—Protocolo facultativo de la Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño relativo a la participación de niños en los conflictos armados, ratificado por México en marzo de 2002. Establece en su artículo primero: “Los Estados Partes adoptarán todas las medidas posibles para que ningún miembro de sus fuerzas armadas menor de 18 años participe directamente en hostilidades”.

—Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, ratificado por México en octubre de 2005. Establece en su artículo octavo que es un crimen de guerra “reclutar o alistar a niños menores de 15 años en las fuerzas armadas nacionales o utilizarlos para participar activamente en las hostilidades”.

Hasta ahora, la relación del Gobierno federal con las autodefensas se ha centrado en el registro y reconocimiento de éstas y su conversión en Cuerpos de Defensas Rurales. No ha quedado claro cuándo recibirán estos cuerpos los uniformes que los hagan claramente distinguibles. Tampoco, qué pasará con aquellos miembros de las autodefensas que no se anoten en la lista y registren su armamento. ¿Serán desarmados? ¿Cuándo y cómo?

Me imagino que los jovencitos que, como Kika, participan en las autodefensas no recibirán el reconocimiento como Defensas Rurales. Pero ¿qué hará el gobierno federal para asegurar que los menores de 18 años no sigan participando directamente en hostilidades, como prevé el protocolo referido.

México podría ser encontrado en violación de los instrumentos internacionales ratificados en la materia.

Sería vergonzoso para el país quedar al lado de naciones de África y otras partes del mundo donde los niños han sido parte de conflictos armados.

Este tema, a diferencia de otros, no admite matices. Debe ser condenado y punto.

Ojalá que en respuesta a los señalamientos que ha hecho, entre otros, la Comisión de Derechos de la Niñez de la Cámara de Diputados, no se diga que los menores participan voluntariamente en los grupos de autodefensa o que los jóvenes en Tierra Caliente se vuelven adultos antes que en el resto del país.

Si nos pareció atroz que el niño apodado El Ponchis haya sido reclutado por el crimen organizado, no sería congruente admitir casos como el de Kika. Aunque peleen del lado de los “buenos”.
09 Noviembre 2013 05:08:29
Reforma energética: ¿habrá congruencia?
La congruencia no es una marca de la política mexicana. Es más bien la excepción en personas y organizaciones que se dedican a esta actividad.

Ver cómo se han comportado en días recientes los legisladores del PAN y el PRD es prueba de ello. En el caso del PRI, pronto sabremos qué tan irrompible es su clásica flexibilidad ideológica.

Los partidos políticos mexicanos frecuentemente nos dan muestras de que no entienden en qué consiste la democracia. Descalifican las negociaciones entre dos o más fuerzas… siempre que ellos no forman parte de la conversación.

En el parlamento, la democracia consiste justamente en sumar posiciones diferentes en torno de una causa que los negociantes puedan compartir.

Llamar “mayoriteo” al hecho de que se hayan podido formar consensos es un reflejo de que la transición democrática se quedó –cuando menos mentalmente– en la época del PRI autoritario.

Por eso ver a los senadores panistas salirse del salón de sesiones, descalificando lo que sus propios compañeros de partido habían avalado en la Cámara de Diputados, no es otra cosa que un pataleo.

Escuchar al líder de los senadores perredistas decir que se levantan de la mesa de la reforma político-electoral por una versión difundida por dos medios estadounidenses no es más que un berrinche.

Los partidos han desnudado lo que realmente opinan de la democracia mexicana, más allá de sus discursos: es un club en el que caben tres, nadie más; y los tres creen tener el mismo derecho a los reflectores, al tiempo que no dudan en repartir la culpa de los yerros y abusos de su actuación.

En ese sentido, los tres principales partidos políticos están cortados por la misma tijera. Lo que antes pertenecía a uno de ellos, ahora pertenece a tres, mientras que los ciudadanos que no militan en esos partidos se quedan fuera del club, sin una representación real en el Congreso.

En una democracia real, cada partido negocia con quien cree más cercano a sus principios. Practicar la negociación cuando conviene, y descalificarla cuando no se forma parte de ella, es infantilismo.

¿Acaso el PRD se quejó de la negociación con el PRI y el gobierno en el tema fiscal? Sacaron dinero extra para el Distrito Federal y Guerrero, entidades que gobiernan. Incluso negociaron una valona para la Cooperativa Pascual, lo cual rompe completamente el sentido de la igualdad ante la ley.

Hoy que el PRD pudiera estar más lejos de las posiciones del PRI en materia energética de lo que está el PAN –ya lo veremos, porque tengo mis dudas–, los perredistas gritan traición y abandonan la mesa de la reforma política. Incongruencia absoluta.

El Pacto por México ha sido un buen instrumento para formar consensos, pero se mete a sí mismo en una camisa de fuerza cuando algunos de sus participantes afirman que todas las reformas que se propuso sacar hace más de un año deben llevar la firma de los tres partidos que lo integran.

¿Hay consenso posible, entre tres partidos, en el tema energético? Yo no lo creo. A menos de que se quiera producir una reforma anodina y se permita que prevalezcan los grandes mitos nacionales en torno de los hidrocarburos. Se trata entonces de que el PRI, que históricamente ha estado en el centro de las posiciones representadas por las izquierdas y derechas partidarias, se incline más hacia el PAN o hacia el PRD.

Y ahí es donde dudo que vayamos a ver una reforma energética que satisfaga a los panistas. Hasta ahora hemos visto a un PRI apropiándose del discurso de la izquierda. Incluso en el tema petrolero. ¿Alguien olvida que la reforma energética propuesta por el Ejecutivo fue presentada como “cardenista”?

Hace meses, antes de la toma de posesión, un experimentado político priista me aseguró que su partido y el nuevo gobierno llegarían en materia energética hasta donde llegara el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas. Creo que tiene razón.

Por ello creo que se construirá una propuesta que reforme en cierto sentido el artículo 27 constitucional –cosa ante lo que Cárdenas ha mostrado apertura– pero no el artículo 28, y menos en la parte donde se plantea que la industria petrolera deje de ser estratégica.

Y si están tenido el cuidado de tratar con guantes de seda a la CNTE, ¿estarán dispuestos a sacar a más gente a la calle con una propuesta más ambiciosa en materia energética, por más que la lógica económica e incluso economistas liberales como Paul Krugman lo recomienden? Pronto lo sabremos.

" Comentar Imprimir
columnistas