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Antonio Dávila
Antonio Dávila
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10 Febrero 2015 05:00:31
Derecho a morir
“Del dolor y de la aflicción es de donde la raza humana ha aprendido los secretos de la ciencia, de la filosofía y de la religión”, Stephen Crane.

Cuando empiezan a correr los años y a una persona que cayó en estado vegetativo o de coma se le sigue asistiendo para vivir, sin una opción clínica real que le permita despertar, ¿Se le está negando su derecho a morir?

Aparece en una nota periodística la fotografía de una mujer tendida en la cama de un hospital público en el estado de Veracruz, inconsciente, inmóvil, con su rostro desfigurado por el entumecimiento, con total ausencia de personalidad, y a un lado su madre ya anciana al cuidado de ella. “Lleva 19 años en coma y por un error”, se lee el encabezado.

Como primera reflexión puede venir el reconocimiento a esa madre, cuyo afecto ha sido puesto a prueba por casi dos décadas, impulsándola a atender y a acompañar a su lastimada hija y a soportar la impotencia de sentirla perdida pero a la vez presente, sobreviviendo por reflejo en el silencio de la habitación 349 del Hospital Adolfo Ruíz Cortines.

Sin embargo, más allá de la distinción a esa expresión del vínculo materno, se pueden plantear interrogantes en lo filosófico, lo clínico y lo legal: En qué momento la perseverancia y el anhelo de un familiar muta al empecinamiento, dónde se encuentra la línea que distingue el cuidado médico del ensañamiento terapéutico, la toma de decisiones reside en el núcleo familiar o debiera imponerse por norma, cómo comprender si la vida dejó de ser vida.

A pesar de que en México la Ley General de Salud contempla la interrupción del tratamiento que alargue innecesariamente la vida del enfermo terminal, la mujer en el hospital de Veracruz, Araceli, no padece una enfermedad terminal, simplemente se encuentra varada en una frontera entre la vida y la muerte, entre el milagro y la abrumadora realidad que va a cumplir 7 mil días en cama.

Pregúntese a sí mismo, qué acciones tomaría si debiera intervenir como autoridad en esta situación, qué le pasaría por la mente si un ser querido perdiera así la consciencia, y por último, cuál sería su voluntad, si la persona con los ojos cerrados, enmudecida y ausente, fuera usted.





CH

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