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Raúl Jhoel
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07 Mayo 2019 03:22:00
Palabras como cuevas
por: Fernando Bañuelos

Entre las pastas de Mudanza (Almadía, 2017) de Verónica Gerber Bicecci hay siete palabras, y detrás de cada una se abre un ensayo, o una cueva. Esas piezas narrativas/especulativas narran la historia de un escritor que deja de escribir y se avoca, de alguna forma, al arte. El inicio de cada ensayo es distinto, pero uno llega a esperar ese quiebre, el momento en que la escritura se vuelve sospechosa e insuficiente y es reemplazada por algo más.

Esto es inexacto, por supuesto. El último ensayo, Ambigrama, se presenta como una clave de lectura que unifica los que lo preceden, pero, por supuesto, termina por desestabilizar cualquier noción de “unidad” o “sentido”.

Equívoco explora la historia de Sophie Calle, artista francesa, quien pidió al novelista Paul Auster que la convirtiera en personaje. La propuesta de Calle, arriesgada y eléctrica, tiene un resultado decepcionante. Auster se rehúsa a seguir el juego hasta las últimas consecuencias y escribe un performance más bien cursi. Los elementos comunes al resto de los ensayos están presentes aquí (el quidarte-escritura, la negativa, la insuficiencia de la “Literatura”), pero disgregados, repartidos por el ensayo sin el orden esperado.

Y el primer ensayo sugiere una versión invertida de las historias presentadas después: la de una artista conceptual que se convierte en escritora. Esa artista es, por supuesto, la autora, y el libro que leemos el producto de ese devenir.

Esa relación invertida me hace pensar en Mudanza una casa de espejos. Las historias de Vito Acconci o Ulises Carrión son reflejo de la historia de Verónica Gerber y, como en un espejo, las coordenadas están al revés. Las distorsiones y borraduras podrían ser efecto de la ambliopía (u “ojo flojo”) que afecta la visión de la autora, según la pieza que lleva ese título.

Lo que recorre a esta estructura (lo que aparece distorsionado, tachoneado y fugaz en los distintos espejos) es una invitación a enrarecer la experiencia del lenguaje, la escritura y la “Literatura” (de nuevo, entre comillas y con L mayúscula), en ese orden, privilegiando lo material de las palabras. Las propuestas de Gerber y sus espejos me parecen, en cuanto más las pienso, más radicales.

No uso esta palabra a la ligera. En la raíz de la lingüística moderna está la idea de Saussure de que la lengua es sobre todo algo mental, una serie de “impresiones acústicas,” fenómenos síquicos. Las vibraciones en nuestros tímpanos, las curvas improbables de las letras, la disposición textual en novelas, notas o tuits, todo eso viene después. En Mudanzatodo eso se vuelve nebuloso, y la forma específica de las letras o la rotación específica de la lengua para formar una sílaba reemplazan esos fenómenos psíquicos como centro de la experiencia del lenguaje.

Con todo y su radicalismo, Mudanza es un libro profundamente legible, directo, hasta educativo. Es un ejemplo modélico de lo que el ensayo puede ser: un paseo agradable en buena compañía, incluso si el paraje es extraño, como son las palabras, como son las cuevas.
17 Abril 2019 03:33:00
¡Presidente, pare de mentir y de violar la Constitución…!
No, aquí no pretendemos violentar la moral del Presidente mexicano. Lo cierto es que cuando exigimos que Obrador “pare de mentir” y “respete la Constitución” es porque el Presidente juró respetar la Carta Magna y sus leyes.

Y es que cuando Obrador habla en las mañaneras y en el país, el que habla es el Presidente de los mexicanos. Por eso, en tanto mandatario al que los mandantes llevaron al cargo de presidente, Obrador se debe conducir con verdad, honestidad y apego a la Constitución y sus leyes, como la educativa.

Sin embargo, los hechos demuestran todo lo contrario. Todos los días el Presidente miente; todos los días difama, insulta y calumnia, no sólo a periodistas y medios sino a empresarios, políticos y servidores públicos.

Lo grave es que el poder absoluto que ha concentrado el Presidente lo aleja día con día de la realidad y lo muestra no como jefe de las instituciones democráticas, sino como el tirano de una vulgar dictadura bananera; virreyzuelo que cree en el gesto autoritario de “¡hágase!”, sin importar la ley.

Más, López Obrador convirtió en caricatura su promesa de “no mentir y no robar”. ¿Por qué? Porque todos los días miente –según distintas empresas que miden sus discursos mañaneros y la veracidad de ellos–, y por lo menos 40% de sus dichos son falsos o verdades a medias.

Y no se digan los 50 puntos que Obrador anunció contra la corrupción y que son otra caricatura de un gobierno autócrata, en el que 8 de cada 10 contratos se entregan sin licitación y en el que abundan los cuates las cuotas.

Y de seguir con los números que hoy muestra su récord de mentiras, el Presidente mexicano pronto será campeón mundial de la mentira, arriba del presidente Trump y del expresidente Bush –de Estados Unidos–, dos grandes mentirosos de la historia reciente.

Y si dudan del elevado nivel de mentiras de Obrador, vale recordar que mintió cuando se enfrentó al periodista Jorge Ramos –sobre el número de muertes violentas en su gobierno–; mintió cuando habló de las estaciones de gasolina en donde supuestamente era más barato el combustible; mintió sobre el número de empleos creados en su gobierno y sobre la amenaza a periodistas.

Pero ayer, luego de las mentiras mañaneras, el presidente Obrador cometió una de las mayores violaciones constitucionales y, al mismo tiempo, formuló una de las mayores mentiras, mentira que lo confirma como dictador. Resulta que por la vía “de un memorándum” Obrador desapareció los poderes Legislativo y Judicial y promovió una de las mayores violaciones constitucionales que haya impulsado presidente alguno.

¿La mayor violación constitucional?

En efecto, el Presidente “firmó un memorándum” en el que instruye a distintas dependencias federales –SEP, Segob y SHCP–, a violentar la Constitución y sus leyes –leyes educativas–, aprobadas por el Congreso.

¿Recuerdan la toma de protesta de AMLO ante el Congreso?

Sí, prometió respetar y hacer respetar la Constitución y sus leyes. Hoy falta a ese mandato constitucional y, por tanto, el Congreso debe exigir su destitución por “traición a la patria”, en tanto los secretarios de Estado que lleven a cabo lo propuesto por el Presidente en el memorándum, deben ser llevados a juicio político. Es decir, el Presidente pasa por alto al Congreso y a la Corte –y por ello viola la Constitución–, para matar la reforma educativa de Peña Nieto; toda una maniobra para la cual contó con la complicidad de la mafiosa CNTE.

En realidad asistimos a un grosero montaje dictatorial en el que la CNTE fue inflexible en el Congreso, lo cual le dio a Obrador el pretexto de pasar por alto a los poderes Legislativo y Judicial y se convirtió en virtual rey, que hace y deshace, sin contrapeso alguno. Y, también por eso, el Congreso debe iniciar la destitución de presidente Obrador, por incitar a su gobierno a violar la Constitución, toda un “sabadazo de Semana Santa”.

Por eso las preguntas. ¿Dónde están los partidos opositores? ¿Dónde la crítica de intelectuales y opinantes; dónde los académicos y estudiosos de la democracia?

Está claro que arrancó la destrucción de la democracia mexicana y que son muchos los que por omisión, ceguera y comisión serán responsables.

Al tiempo.

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